THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA

THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA
La magnificencia del paisaje en The Monument Valley, la belleza del entorno, las reminiscencias de un pasado de tantos y tantos viajeros que cruzaron el Far West, protagonizando aventuras míticas entre las tribus indias y buscando un futuro mejor...Y al igual que esa ruta invita a seguir hasta más allá del horizonte, hasta el infinito, el Monument Valley, suscitando mil experiencias viajeras y recuerdos, se convierte en el icono de este blog que pretende rememorar las emociones y experiencias del conocimiento de nuevas tierras, nuevas culturas y nuevas gentes. Sin descartar que invada la nostalgia evocando vivencias personales de épocas ya pasadas pero nunca olvidadas.

sábado, 29 de mayo de 2010

9.- Cruzar polonia para llegar hasta el Elba.- Periplo por Europa 2.009

Publicado en la web de procedencia en 8 de septiembre de 2009
Después de la buena acogida de que fuimos objeto en Radom , tras descansar confortablemente en el hotel de Radom, y de un desayuno espléndido en su buffet libre (el mejor de todo nuestro viaje, e incluido en el precio de la habitación), nos encaminamos hacia Dresde, en el este de Alemania, para lo cual habíamos de cruzar Polonia.
Optamos por pasar por Czestochowa, porque la carretera hasta allí (y desde esta población hasta Katowice) era una autovía Light, es decir doble calzada en cada banda, aunque con bastantes cruces, salidas y entradas a nivel y semáforos en algunos puntos.
El trayecto de Radom a Czestochowa nos demoró unas dos horas, y nos invitó a visitar el renombrado santuario Jasna Gora, en el que se venera la imagen de la virgen negra de Czestochowa, bastante conocida y muy popularizada por el Papa Juan Pablo II, que por algo era polaco y había sido Cardenal Arzobispo de Krakow.
El acceso al santuario está bastante bien organizado, con unas grandes explanadas para el aparcamiento de autocares y automóviles, casi repletos, forzando a caminar un rato para llegar a la capillita bajo el santuario o basílica, en la que se halla en su altar el cuadro con la virgen negra, rodeada su faz por un recubrimiento de plata, al estilo de los cuadros con iconos de estilo bizantino o ruso.
Era domingo y había una enorme multitud que dificultaba el acercamiento, por lo que nos limitamos a llegar hasta el umbral de la capillita (a rebosar) y regresar al coche, porque nos esperaba una larga jornada.
Desde Czestochowa nos dirigimos a la recién construida autopista de Krakow a la frontera alemana, tan recientemente acabada que ni siquiera se pagaba peaje en casi todo su recorrido, aunque la ausencia de áreas de servicio –total—era suplida por indicaciones de zonas de servicio en las poblaciones aledañas.
Así, ya circulando por fin a muy buena velocidad, y sin abandonar la autopista, llegamos al punto fronterizo con Alemania, en el que comprobamos que la ausencia de fronteras por el Tratado de Schengen era real, aunque sí observamos una discreta vigilancia de quienes cruzaban el límite territorial por parte de la policía alemana.
De manera que, sobre las 6 de la tarde, estábamos ya en Dresde, con un cierto cansancio, porque habían sido casi 800 kilómetros los que habíamos recorrido.
En Dresde comprobamos a simple vista que la ciudad, aún conservando algunos monumentos antiguos, era muy nueva, pues, por ejemplo, nuestro hotel, de una conocida cadena francesa, era uno de los tres hoteles del mismo nombre, cada uno de ellos con 300 habitaciones, en una amplísima y moderna plaza.
Hago aquí un paréntesis para insertar información sobre Dresde obtenida de Wikipedia, y después de ella continuaré comentando.
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Dresde (en alemán Dresden) es la capital del estado federado de Sajonia, en Alemania.
Situada en el centro de Europa, constituye un nudo de transportes fundamental a la vez que un centro económico de gran importancia.
Esta aglomeración, junto con la de Chemnitz-Zwickau y la de Leipzig-Halle, constituyen la llamada “región metropolitana del triángulo sajón”.
La población total de Dresde supera los 500.000 habitantes ysu correspodiente Regierungsbezirk o región administrativa, el millón y medio.
Durante la Primera Guerra mundial, Dresde permaneció incólume.
Después de la Revolución de Noviembre de 1918 se convirtió en la capital del Estado libre de Sajonia.
La ciudad recibió un durísimo golpe al final de la Segunda Guerra Mundial. En febrero de 1945, apenas doce semanas antes de la capitulación de la Alemania nazi, Dresde fue objeto de una serie de bombardeos que desencadenaron una tormenta ígnea que redujo a escombros su centro histórico.
El número de muertos se estimó en un principio en varios cientos de miles, pero las investigaciones recientes más documentadas lo reducen a alrededor de 20.000 fallecidos. El ataque aéreo sobre Dresde sigue siendo uno de los episodios más polémicos de la Segunda Guerra Mundial.
Al repartirse Alemania las potencias aliadas, Dresde quedó dentro de la RDA. La mayoría de los restos de la ciudad antigua desaparecieron. Ruinas del Dresde barroco y de iglesias fueron dinamitadas.
Debido a las protestas de los vecinos, las partes no destruidas del barrio de Neustadt se salvaron de la demolición. Se crearon los barrios de viviendas populares prefabricadas de Prohlis y Gorbitz. En otras zonas de la ciudad se levantaron igualmente grandes bloques de edificios de hormigón.
Pocos edificios antiguos quedaron para la posteridad. Las autoridades socialistas reconstruyeron el palacio Zwinger, la Catedral católica (Hofkirche) y el teatro de la ópera (Semperoper).
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la Reunificación alemana, la ciudad pasó a ser parte de la RFA y la Unión Europea.
En esta época fueron derribados más edificios antiguos. También otros muchos fueron reconstruidos gracias a subvenciones. Muchas zonas de Dresde sirven como ejemplo de la exitosa restauración de edificios representativos y permanecen como emblemas del patrimonio nacional.
Al igual que el resto de la ex-RDA, Dresde ha tenido problemas para acoplarse con el sistema de la RFA. Sin embargo, la ciudad destaca por ser una de las que mejor ha sabido adaptarse a la Nueva Economía.
En agosto de 2002, la ciudad se vio afectada por las grandes inundaciones que produjo el Elba. El nivel del río superó al de las mayores inundaciones de 1784, 1799 y 1845.
En 2004 Dresde y los 20 km que median entre el castillo de Übigau y el Palacio de Pillnitz, es decir, el Valle del Elba en Dresde, fueron declarados Patrimonio Cultural Mundial de la Unesco, pero dejaron de serlo en 2009 a causa del impacto producido por las obras del puente del Waldschlößchen.
En el año 2005 se culminó la reconstrucción de la Frauenkirche, iglesia que se ha convertido en el símbolo de la reconstrucción de la ciudad.
Dresde es conocida como la ciudad del Barroco, llegando a utilizarse el término Barroco de Dresde en el campo de la arquitectura.
En general, los edificios barrocos y algunos neobarrocos que se conservan fueron construidos por los monarcas sajones. No se conservan muchos edificios civiles barrocos. Por otro lado, muchos son clasificados erróneamente en este estilo. Otras construcciones son de estilo renacentista y clásico sobre todo, pero con el nuevo estilo de construcción del Historicismo arquitectónico.
Son monumentos de interés:
Catedral y Palacio (derecha) en Theaterplatz. Frauenkirche: la Iglesia de Nuestra Señora es mundialmente conocida como un monumento en contra de la guerra y como símbolo de la reconciliación. El 14 de febrero de 1945 se derrumbó como consecuencia del Bombardeo de Dresde. Años después ha sido reconstruida gracias, principalmente, a donantes de todo el mundo.. A lo alto de su gran cúpula, la cual domina el perfil de la ciudad, se puede subir para tener una vista panorámica de toda la urbe. El edificio original de George Bähr fue uno de los mejores exponentes del Barroco. La iglesia se edificó entre 1723 y 1743. El tiempo de construcción, de 17 años, era muy corto para aquella época, ante todo si se tiene en cuenta que para la reconstrucción se han necesitado 10 años en la actualidad. Tanto el edificio nuevo como el anterior tienen una altura de unos 91 m.Hofkirche: la Iglesia de la Corte (catedral católica) ha vuelto a ser el segundo edificio religioso en altura tras la reconstrucción de la Frauenkirche.
La Hofkirche fue reconstruida tras la Primera Guerra Mundial y en 1980 fue consagrada catedral. Dresde es una de las pocas ciudades en las que una catedral católica no es el edificio religioso más alto.
Terraza de Brühl: es un conjunto arquitectónico que extiende a lo largo de la orilla del Elba junto al casco histórico. El acceso occidental a la terraza se realiza a través de unas escaleras que dan a la Schlossplatz. Desde comienzos del siglo XIX se le denomina también en ocasiones “el balcón de Europa”.
Dresdner Schloss: antigua residencia de los reyes de Sajonia. En la actualidad alberga varias exposiciones y colecciones; la más famosa, el Grünes Gewölbe.Augustusbrücke: el puente de Augusto es el más significativo de la ciudad y une el casco antiguo barroco con la Neustadt sobre el río Elba.
Iglesia ortodoxa rusa de Dresde
Galería de los antiguos maestros (Galerie Alte Meister): se encuentra en el edificio Semperbau de Zwinger desde 1855. La pieza más famosa de la colección es la Madonna Sixtina de Rafael, la cual en un principio fue parte de un retablo (1512/13). La galería cuenta con pinturas del Renacimiento y del Barroco, como Rembrandt, Rubens y Canaletto.Galería de los nuevos maestros (Galerie Neue Meister): está situada en el Albertinum.
Constituyó una agradable experiencia el paseo hacia la zona monumental, hasta llegar a la Plaza del Teatro, y fotografiar el bellísimo conjunto arquitectónico, con las iglesias y catedrales en la incipiente penumbra, hasta llegar a la terraza de Brühl, sobre el ya amplio río Elba, que permite vislumbrar una bella panorámica.
A los pies de la terraza se halla la típica Münzgasse, en la que todo son restaurantes, algunos de especialidades sajonas muy apreciables, como las bolas de patata cocida, o los diversos Schnitzel, regados de buenas salsas.
Y un ambiente turístico completo.
Ocasión para muchas fotografías y recuerdos, que acompañan el regreso hasta el hotel, en una moderna plaza, rodeada de centros comerciales de arquitectura avanzada.
Era necesario descansar porque el día siguiente había que cruzar Alemania.SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

10.- Cruzar Alemania para llegar a Mulhouse (del Elba al Rin).- PERIPLO POR EUROPA 2009

(Publicado en la web de procedencia con fecha 10 de septiembre de 2009)
El trayecto desde Dresde hasta el vértice sur de Alemania (teníamos fijada nuestra siguiente pernoctación en Mulhouse, Francia) discurre íntegramente por las buenas autopistas germanas, que, aunque con muchos tramos de velocidad limitada, permiten un viaje rápido y bastante seguro, si no fuera por la especial atención que hay que prestar al mucho tráfico, circulando a altas velocidades.
Los casi 800 kilómetros del recorrido, pasando no lejos de Chemnitz, Zwickau, Erfurt, Nürnberg, Sttutgart, Heidelberg, Kaiserlautern, Baden Baden y Freiburg, no demoraron más de unas seis horas y media, así que poco después de las cinco de la tarde ya estabamos instalados en nuestro hotelito de Mulhouse.
Habíamos elegido esta población de la Alsacia francesa porque se halla enclavada en las proximidades de las fronteras alemana y suiza, de manera que el día siguiente nos permitiría dirigirnos al país helvético, en nuestro camino decidido –ya con pocos ribetes de turismo— de vuelta a España.
De manera que, una vez cruzado el Rin después de sobrepasar Freiburg (uno de los límites de la Selva Negra, que nos quedamos con ganas de visitar), nos hallamos en Mulhouse, que nos ofreció la posibilidad de visitar su zona antigua y de degustar las especialidades culinarias alsacianas, no demasiado diferentes de las alemanas.
Sí hay que decir que Francia nos pareció, no en Mulhouse sino a lo largo de todo el viaje de ida y vuelta, un país caro y de no buen servicio. En efecto, amparandose en la aparente simpatía del “Bonjour, monsieur et dame…!", los hoteles son bastante vetustos, en ocasiones no limpios, los restaurantes mucho más caros que en Alemania, y la calidad no siempre está presente...
En Mulhouse recorrimos la zona antigua, cenamos una comida alsaciana a base de sauerkraut (la col fermentada), salchichas y varias carnes cocidas, aunque, eso sí, un buen vino rosado de Côtes du Rhône, que apreciamos especialmente después de bastantes días limitados a la cerveza.
La ciudad estaba medio vacía –el calor superaba los 35 grados y se notaba que todavía eran vacaciones de agosto— y aprovechamos para dar una vuelta por la plaza principal (a estas alturas de viaje ya no nos fijábamos en las denominaciones) en la que cenamos lo que antes indiqué de una forma bastante aceptable.
Porque el día siguiente había que seguir viaje hasta St. Etienne, en Francia también, pero atravesando Suiza
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Mulhouse (Milhüsa en el dialecto local y Mülhausen en alemán) es una ciudad alsaciana al este de Francia. Se encuentra en el departamento de Alto Rin, siendo su ciudad más grande y la segunda mayor de la región, tras Estrasburgo. Dos ríos, el Doller y el Ill, atraviesan la ciudad.
De su pasado singular: Mulhouse ha guardado un patrimonio importante: el centro histórico de la ciudad muy valorado, bellas casas privadas y el conjunto de museos técnicos más importante de Europa.
El centro histórico reúne edificaciones de la ciudad medieval en el Manchester francés del siglo XIX.Y especialmente Mulhouse es conocida por ser el punto de partida ideal para descubrir los encantos de la Alsacia francesa, así como los países vecinos, especialmente Basilea y el monte Jura, en Suiza, e incluso la Selva Negra y Freiburg, en Alemania, en definitiva la puerta de la zona de las tres fronteras.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

jueves, 20 de mayo de 2010

8.- De nuevo Polonia, Radom y salida hacia Dresde.- PERIPLO POR EUROPA 2009

(Publicado en la web de procedencia el lunes 7 de septiembre de 2009)Para iniciar nuestro viaje de regreso hacia España, teníamos en esta ocasión el compromiso de dejar Ucrania por la frontera con Polonia, pues habíamos de recoger en Radom (ciudad a unos 100 kms al sur de Varsovia) a una señora, pariente de un gran amigo español, casado con una bielorrusa, para que viniera en nuestro coche hasta Valencia.
Por tanto, programamos salir de Kiev en dirección a Ivano-Frankivsk, para terminar nuestra primera etapa en el coqueto hotelito de Yaroslav, nuestro gran amigo (y socio en los temas de integración europea).
En esta ocasión no tuvimos la fortuna de encontrarnos con él, pues se hallaba de viaje, por lo que nuestros contactos y despedida hubo que hacerlos vía teléfono móvil.
Tras reponer fuerzas en las estribaciones de los Cárpatos, nos dispusimos a recorrer los 200 kilómetros que nos separaban de la frontera de Ucrania con Polonia en Krakovets.
Escarmentados por lo acontecido en la aduana ucraniana cuando nos proponíamos entrardesde Polonia, en esta ocasión nuestros amigos y socios nos proveyeron de dos escritos oficiales dirigidos al jefe de la aduana, y a todos los jefes de las aduanas ucranianas, informándoles de mis personales vínculos con Ucrania, como Presidente del Centro de Integración España-Ucrania (CIESPU), asociado con el Centro de Integración Europea de Ivano-Frankivsk, y representante oficial en España y Portugal del oblast de Ivano-Frankivsk y de varios municipios de la región, entre ellos el de la propia capital.
Sufrimos los 200 kilómetros de infame carretera, y sufrimos las locas imprudencias de muchos conductores ucranianos, quienes pese al desastre dela carretera por la que se circulaba, adelantaban de cualquier forma y manera, especialmente en los cambios de rasante.
Cuando, pasada la circunvalación de Lviv, llegamos por fin a la frontera de Krakovets (habíamos desechado volver por Hrebrene, por lo acaecido en la aduana a la entrada), comprobamos con desencanto que más de quinientos automóviles esperaban para cruzar los puestos de policía y aduanas de Ucrania. Y ello era consecuencia –aclaro- de que los servicios fronterizos de Polonia son enormemente meticulosos en el control de entradas, ya que no en vano son “frontera Schengen”, de manera que después de ésta ya no hay más fronteras.
Bien, pues en Krakovets optamos por hacer uso de las “cartas” de “recomendación”, y nos dirigimos a un oficial de aduanas que se hallaba al final de la gran cola de automóviles.
Este oficial, ya maduro, nos sonrió, leyó la carta, y dijo: “Sigan conmigo hasta que les abra paso…” Y nos llevó por la línea, vacía, reservada para los del CD, hasta situarnos en la línea de cruce.
Allí nos atendió con amabilidad un policía y un agente de aduanas, quienes, en diez minutos formalizaron todos los trámites. Y ya pasamos a la frontera de Polonia, en la que, aunque con poca meticulosidad en comparación con los vehículos y viajeros ucranianos, se nos inspeccionó por encima el maletero y se anotaron las entradas en el pasaporte.
Total, que una demora presumible de cinco horas se convirtió en una espera de cuarenta y cinco minutos.
Más que satisfechos por el avance, en cuanto profundizamos un poco en Polonia, hallamos un hotelito ya conocido de anterior ocasión, en el que comimos bien y a lo típico (aún recuerdo el delicioso “golonka”, codillo de cerdo cocido) para continuar en marcha lenta (por lo de las carreteras polacas con velocidad limitada) hasta Radom.
Llegamos a esta ciudad a media tarde y en el hotel reservado, en el centro tuvimos la agradable sorpresa de encontrar unas habitaciones nuevas, pulcras, con wi-fi gratuito (y nos permitió usar nuestro ordenador portátil).
Después de reponer fuerzas, vino a buscarnos la familia de la señora que iba a viajar con nosotros, invitándonos a cenar en un precioso chalet que tiene en las afueras de la población, en una agradable velada con barbacoa y mucho vodka polaco.
El día, en fin, había salido mucho mejor de lo esperado.
Y además habíamos conocido una familia –se empeñaron en que volvamos con más tiempo—con la que valdrá la pena compartir amistad.
Volviendo al hotel (en taxi, porque el vodka desaconsejaba el coche) comentamos mi esposa y yo que en los viajes siempre se halla algo positivo en el plano humano.
En este caso, unos nuevos amigos.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA (Fotos: Ayuntamiento de Radom)

miércoles, 19 de mayo de 2010

7.- La Ucrania que encontré en 2009 (y II).- PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA

(Publicado en la web de la que provienen en 7 de septiembre de 2.009)

“La independencia siempre fue mi deseo; la dependencia siempre fue mi destino” Paul Verlaine (1844-1895) Poeta francés.
No voy a prodigarme en exceso comentando la realidad ucraniana que pude comprobar durante mi estancia –corta, solamente 9 días—en el pasado mes de agosto.
Ya en mi anterior comentario en este blog adelanté varias de las claves de la actual situación.
(Catedral de Sta. Sofía en Kiev; S.XI)
En Ucrania, como en tantos países, hay que analizar por separado la capital (Kiev), las dos o tres principales ciudades (Karkhiv, Donetsk) y el resto, y separar las zonas rurales de las urbanas.
En Kiev sigue notándose, con cierta baja, la proliferación de la vida adinerada, especialmente en el centro, con coches de lujo, restaurantes caros bastante llenos, casinos con gente; pero en los barrios de la periferia, que pese a todo han mejorado “algo” en infraestructuras, la vida sigue siendo la misma, con sus mercadillos no demasiado limpios, con la venta de comida sin garantía alguna, etcétera, solamente paliada por la proliferación de grandes cadenas de hipermercados del oeste de Europa.
En las zonas rurales, se está cerca de la miseria, porque la agricultura y ganadería está bajo mínimos; y en las zonas urbanas de capitales o ciudades medianas o pequeñas, solamente la inyección económica del funcionariado (cada vez peor pagado) permite la supervivencia.
La inflación galopa de forma incontenible; el coste de los productos básicos se incrementa más del 50% y los salarios solamente suben un 10 %.
No es raro encontrar un banco sin dinero, no de forma permanente, pero sí escuchar la información de que se espere uno ó dos días, “hasta que se recoja” el que ingresan las empresas de sus cobros y salarios.
Con situaciones tan curiosas, como que las pensiones se pagan por el estado a través de un banco estatal. Si no se retira nada en el plazo de un año, el banco avisa al organismo pagador, le devuelve el dinero que tiene depositado, y hay que empezar un laborioso proceso, no solamente para recuperarlo, sino para que se continúe pagando la pensión. Y ello sin clara cobertura legal.
Habrá quien se extrañe de que una persona esté más de un año sin retirar dinero de su pensión. No es tan raro, porque hay bastantes inmigrantes que perciben pensión y viven en el extranjero, desde donde inclusive envían sus ahorros generados en el exilio. Y cuando regresan de vacaciones, por ejemplo, se encuentran con que su dinero está, por así decirlo, “bloqueado”.
(Monumento a los héroes de la guerra, Kiev)
En Ucrania se aplica el patrón dólar y así, todo lo que se importa en dólares, ha subido el incremento que esta moneda ha experimentado con respecto a la Grivna ucraniana (ha pasado del 1=5 al 1= 7’8); y otro tanto ocurre con el Euro, que ha pasado del 1=7 al 1=12.
Así, comprar un “brick” de zumo, cuesta 6 Grivnas, ¡casi un dólar!, y el azúcar también se ha ido a las nubes; el café, no digamos… Todo ha subido, menos los salarios.
Un español se siente rico en Ucrania, porque cambia los Euros casi a 12 grivnas, pero un ucraniano apenas si puede adquirir bienes con el salario o pensión que recibe.
En el aspecto político, la gentes está completamente desengañadas de aquélla prometida (yo nunca creí que hubiera existido, ni que fuera a producirse) “revolución naranja”, porque la confusión política ha crecido, y mientras los parlamentarios y los gobernantes se embolsan envidiables sueldos y se benefician de prebendas (con un indudable tufo a derroche y corrupción), el futuro político es absolutamente incierto y confuso.
Sigue existiendo la división entre las “dos” Ucranias (la rusófila y la más nacionalista), y la zona este es mayoritariamente pro-rusa, y el resto más o menos de esencias ucranianas.
He preguntado a muchos amigos y conocidos, charlando ampliamente con muchos de ellos, sobre a quién votarán en las próximas elecciones presidenciales (15 enero 2010), si a Yúshchenko –actual presidente- o a Tymoshenko –actual primera ministra- o a Yanukovich –ex primer ministro y líder de la fracción pro-rusa- y la respuesta ha sido contundente: A ninguno… Y lo probable es que la abstención sea enorme.
Y es que Yúshchenko ha sido un presidente falto de energía, demasiado tecnócrata y rodeado de asesores pro capital judío; Tymoshenko es una fémina súper ambiciosa, enormemente manipuladora, intrigante, apoyada por asesores pro capital nada claro (más bien ucranianos y rusos con capital en paraísos fiscales); y Yanukóvich sigue siendo el terco, inflexible, engreído político, que sigue el dictado de los criterios de Moscú.
Me parece que habrá de pasar más de una generación para que el mapa político se aclare.
Sin embargo, sí he creído percibir un mayor sentimiento anti-ruso que, propaganda al margen, es natural en un pueblo que desea ante todo ser independiente de su antigua potencia dominadora y asumir los modos de vida occidental.
Solamente la juventud, siempre rebelde, siempre innovadora, parece mostrar una mayor modernidad.
(Catedral de San Miguel, Kiev)
El resto del pueblo sigue, como casi siempre, bastante resignado, algo triste, siempre trabajando y buscando esas picardías que le permiten ganar unas monedas más, vía economía sumergida.
No me ha gustado la Ucrania que he hallado. Pero es la que hay.
¡Qué tenga suerte Ucrania!
¡Falta le hace!

“La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas” Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
NOTA al 19/05/2010.- En las las elecciones presidenciales de enero de 2.010, el anterior presidente, Yúschenko, solamente consiguió alcanzar el tercer puesto, superado por Yulia Tymoshenko y por Víktor Yanukóvich, proclamado finalmente como presidente, pro ruso, bajo cuyo mandato Ucrania parece está tomando una posición pro-rusa, pero sin prescindir de Occidente.

6.- La Ucrania que encontré en 2009 (I) .- PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA

(Publicado en la web de origen el jueves 3 de septiembre de 2009 )
Ucrania (en ucraniano: Україна: Ukraína, [ukrɑˈinɑ]) es un país ubicado en la Europa oriental. Limita con Rusia hacia el este, con Bielorrusia al norte, con Polonia, Eslovaquia y Hungría hacia el oeste, con Rumania y Moldavia al suroeste y con el mar Negro y el mar de Azov al sur. La ciudad de Kiev (Kyiv) es la capital y la ciudad más grande del país. El nombre del país proviene del término krajina, que en eslavo puede tener dos significados: "territorio fronterizo" o "país". En ucraniano moderno країна (kraína) significa "país".
La historia moderna de Ucrania comenzó con los eslavos orientales, ya que desde el siglo IX, Ucrania fue el centro del área habitada por este grupo. Este Estado, conocido como Rus de Kiev, se convirtió en la na
ción más grande y poderosa de Europa, pero se desintegró en el siglo XII. En el siglo XVII, Ucrania fue el hogar de la primera democracia moderna durante la rebelión de Jmelnytsky. Después de la Gran Guerra del Norte, Ucrania fue dividida entre varios de los poderes regionales y en el siglo XIX, la mayor parte de Ucrania se integró al Imperio ruso, con el resto bajo el control de Austria-Hungría. Tras un período caótico de guerras incesantes y varios intentos de independencia, en 1922 Ucrania surgió como una de las repúblicas fundadoras de la Unión Soviética. El territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania fue ampliado hacia el oeste poco antes y después de la Segunda Guerra Mundial y nuevamente en 1954 con la transferencia de Crimea. En 1945, la RSS de Ucrania se convirtió en uno de los miembros fundadores de la ONU. Ucrania alcanzó su independencia tras la disolución de la Unión Soviética en 1991.
Esto comenzó un periodo de transición hacia una economía de mercado, durante el cual Ucrania fue afectada por una recesión que duró ocho años. Sin embargo, en el siglo XXI la economía ha experimentado un aumento estable con un crecimiento promedio del PIB del 7% anual.
(Mapa de oblasts de Ucrania)
(El Parlamento, Verkhovna Rada)
Ucrania es un Estado unitario compuesto por veinticuatro óblasts (provincias), una república autónoma (Crimea) y dos ciudades con estatuto especial: Kiev, su capital, y Sebastopol, que alberga la flota rusa del mar Negro bajo un contrato de arrendamiento. Ucrania es una república que se rige por un sistema semi-presidencial con la separación del poder entre el ejecutivo, legislativo y judicial. Desde el colapso de la Unión Soviética, Ucrania sigue manteniendo el segundo ejército más grande en Europa, después de Rusia. El país tiene 46,2 millones de habitantes, 77,8% de los cuales son ucranianos étnicos, con minorías considerables de rusos, bielorrusos y rumanos. El ucraniano es el único idioma oficial, aunque el ruso también es ampliamente hablado. La religión dominante en el país es el cristianismo ortodoxo, que ha influenciado en gran medida la arquitectura, la literatura y la música del país.
(De Wikipedia)
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Para quien sea seguidor de este blog, no constituirá sorpresa saber que cada año, de una u otra manera (los dos últimos años en propio coche y a través de Europa), voy a Ucrania.
A estas alturas, ya no pretendo descubrir Ucrania, que es un país al que, por encima de todos sus defectos y deficiencias, amo profundamente y siento en mi corazón, pero sí me permito profundizar en lo que compruebo que no evoluciona.
Así pues, he de decir que Ucrania no está peor que cuando la conocí en el año 2.000, pero no ha evolucionado, ni mucho menos, lo que se esperaba.
Se trata, ni más ni menos, de que hay una sociedad sin base esencial, en la que los ricos siguen siendo ricos, los pobres siguen siendo pobres, y la clase media “sobrevive” como puede.
Todo tiene una raíz política: En Ucrania hay –se reconozca o no— dos Ucranias: la ruso parlante y ruso-social, localizada desde Kiev hasta el este; y la Ucrania más genuina, de Kiev hasta el oeste.
Los movimientos independentistas genuinos se localizan en la Ucrania “no rusa”, pero el dinero y la mafia que lo controla, se halla en la Ucrania “pro-rusa”.
Sin embargo, los ciudadanos ucranianos, de cualquier clase y condición, siguen trabajando sin descanso, fieles al principio de laboriosidad que les caracteriza, y gracias a ello el país continúa, mal que bien, capeando el temporal de sus propias incertidumbres y de sus provisionalidades.
Tuve y tengo el honor de contar, tanto en Ivano-Frankivsk como en Kiev, con amigos(as) auténticos, que me explican con paciencia y detalle lo que pasa en su país, y me trasladan sus anhelos e inquietudes.
Por eso, puedo decir, que Ucrania se halla en la encrucijada de decidir si quiere seguir vinculada a Rusia, o ser ella misma.
Creo que los ucranianos piensan en lo segundo, cualquiera que sea el coste que les represente.
Y sí, Ucrania, ha de ser ella misma, pero después de superar el clasismo, la manipulación mafiosa, la corrupción que sigue siendo galopante… Y para ello hace falta valor… y dinero…
Opino que Ucrania no puede desvincularse de Rusia porque sí, ni puede ser independiente (odiando a Rusia) por “también”. Los extremismos no sirven…
Ucrania ha de ser ella misma: con su pasado vinculado a Rusia (preservando el idioma ruso, que practica el 30% de su población), pero con su propia identidad, enraizada las esencias ucranianas –incluida la lengua ucraniana, cada vez más implantada— que implica mucho más que reminiscencias a olvidar.
Puedo, con orgullo, proponer el ejemplo que tengo en mi familia, con mi esposa y mi “hija” esencialmente ruso-parlantes, pero que hablan, escriben y piensan en ucraniano, y que se sienten orgullosas de ser eso, ucranianas, nunca rusas…
Cuento como anécdota que mi “nieto” ucraniano – le debo a mi esposa el honor de sentirme como el “abuelo” de “su” nieto de trece años— me decía que “Rusia es nuestra enemiga…porque después de controlarnos muchos años, ahora nos quita el gas”, visión sin duda primaria, pero que muestra el sentimiento nacionalista que se implanta en Ucrania.
Bueno, al margen de estas disquisiciones, y de que la vida en Ucrania se ha encarecido muchísimo, por aquello del “patrón dólar”, decir que Ucrania sigue viva; que en Ucrania se sigue “palpando” el humanismo propio del país; en el que hay “identidad propia”.
¿Qué decir de los deliciosos encuentros con las “profesoras magistrales” que son las catedráticas Ludmila Stetchenko ( o su esposo Dmitriy Nikolaevich); o Elena Bratus, o Galyna Skibo, o Tatiana Kuftyreva y su hermana Iryna?
Cada vez que se habla con ellos se encuentra la frescura de la amistad y de su enorme ciencia, con su orgullo se sentirse ucranianos, no exento de su preocupación por la incertidumbre de su país…
¡Con estas gentes nunca puede derrumbarse Ucrania!...

Bueno, Ucrania sigue como antes, con los ricos siendo muy ricos, con los pobres siendo más pobres, sin clase media, con un consumismo incontrolado y con unas esperanzas que todos querríamos se plasmaran en realidades…

¿Anécdotas? Muchas, como siempre…
Viajábamos a unos 50 kilómetros de Ivano-Frankivsk, en dirección a Ternópil, cuando, cerca de Monarstirsvka, antes del puente sobre el río Dniéster, cuando hallamos una señal extraña (compuesta de un ”stop” y de una flecha hacia la izquierda viabilizando el paso), ante la que casi detuve el automóvil, y pasé a no más de 10 kms/hora. Surgió inmediatamente –prepotente— un policía de tráfico, diciendo que “no había respetado la señal de stop y que ello determinaba una sanción muy grave, de más de 250 grivnas (unos 15 Euros), y que debíamos ir al banco más próximo, y que la elaboración del protocolo iba a demorar “mucho tiempo”, y que…….
Al responder que no tenía razón, pero que queríamos el “protocolo” y que pagaríamos, pero que yo nada firmaría, porque era ciudadano extranjero, y no entendía nada de su lenguaje (excusa muy manida.: "Ya ne pañimayiou”), el policía empezó a renegar y acabó diciendo que los extranjeros no éramos simpáticos, y que, bueno… por esta vez…. nos “perdonaba”… (Comprobó que iba a tener más problemas que ventajas, y que desde luego no recibiría ni un billete de “soborno”)
Seguiré contando más adelante.
(Fotografía de SPB cuando la policía ucraniana "pretendía" la multa)

Y, por último, indicar a Cristina Serediak, la deliciosa amiga, doctora de etnia ucraniana residente en la Argentina, erudita en los Pysanka (o huevos decorados típicos de Ucrania), que este relato se está confeccionando desde España, al regreso del viaje, y que no pasamos por Kolomya, por el museo de los Pysanka –ya visitado y conocido— porque en este viaje teníamos otras prioridades.
Aunque seguirán más relatos sobre Ucrania, ya anticipo: Ucrania, pese a todo, vale la pena, porque “Mbi tebyá lyoblyou” (Nosotros te amamos)
¡Qué placer escribir sobre este hermoso país!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 18 de mayo de 2010

De Varsovia a Ivano-Frankivsk (Ucrania), frontera incluida.- PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA

(Publicado en la web de procedencia el día 3 de septiembre de 2009 ) Ivano-Frankivsk (en ucraniano Івано-Франківськ, en polaco Stanisławów) es el centro administrativo del Óblast de Ivano-Frankivsk. Es un importante centro de cultura y de economía de Ucrania.
Ivano-Frankivsk la fundó en 1662 (con el nombre Stanislavov) una familia de la nobleza de Polonia - Potocki y la ciudad recibió el Derecho de Magdeburgo. También fundó como fortaleza contra irrupción de los tártaros un punto de apoyo de los magnates Potocki en Galicia (Europa Central).
La fortaleza ha resistido muchas veces la presión de las tropas de Turquía y Rusia. Stanislavov ha comenzado de la Placa de Mercado y de Ayuntamiento, cuales existen hasta hoy (aunque en apariencia cambiada). En siguiente fomento de Ivano-Frankivsk hay reflejo de ideas de Renacimiento, cuales han plasmado en construcción del centro de la ciudad, en sus calles y iglesias. Por originalidad de arquitectura a veces Ivano-Frankivsk llaman «Lviv Pequeño». En los siglos XVІІІ - XІX era un centro de artesanos y de comercio de Polonia, desde 1804 del Imperio Austrohúngaro y desde 1867 - del Galicia (Europa Central). A fomento de la industria y cultura de la ciudad han hecho un gran aportación, además de los polacos, ucranianos, hebreos y armenios, porque sus comunidades nacionales en Ivano-Frankivsk eran bastante numerosas. Pero la revolución del año 1848 ha cambiado la vida de los habitantes. En la ciudad era formado Soviet Ruso (junto al Soviet Polaco), han formado grupo de la Guardia Nacional, y ha visto la luz primer periódico. En la segunda parte del siglo XIX ha traído progreso en la industria y creación de las empresas industriales. Todavía existen y funcionan la fábrica de reparación de locomotoras y la fábrica de alcohol.
Durante de Primera Guerra Mundial, 1915 - 1916 la ciudad ha sufrido mucho. Han destruido parte de históricas construcciones y han reconstruido en formas nuevas. Después de la caída del Imperio Austrohúngaro en el año 1918 - han fundado Occidente-Ucraniana Republica Nacional y Stanislavov durante del enero-mayo era su capital. Desde septiembre 1939 hasta junio 1941 - Stanislavov era parte de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
En el año 1962 la ciudad celebró 300 años. Le han dado otro nombre y desde ese tiempo se la llama Ivano-Frankivsk (en honor de Ivan Franko - escritor ucraniano y persona pública, quien muchas veces estuvo en la ciudad, ha escrito allí y ha leído sus obras literarias).
(De Wikipedia)
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Al salir de Varsovia y disponer en el navegador el destino pretendido, que no era otro que Ivano-Frankivsk, la capital de Precarpatia, en Ucrania (que viene siendo una de mis habituales paradas en los últimos años, por mor de las buenas amistades y relaciones profesionales que en su momento comentaré), pues, como decía, al disponer el navegador, ya me encontré el primer indicio de que nos dirigíamos a “otro mundo”, pues el GPS no admitía más que un solo destino en Ucrania: Kiev, la capital.
Aún así, después de estudiar el mapa de Polonia con cierto detenimiento, decidí dirigirme hacia la frontera Polonia-Ucrania, a través de Lublin, hasta llegar a Ucrania por Hrebenne, que era una frontera desconocida, pero más próxima que la cruzada el pasado año: Krakovets.
Y ahí comenzó el ejercicio de paciencia, porque la carretera, casi siempre bien asfaltada, tenía un tránsito abundante, con las ya conocidas limitaciones de Polonia, con radares en cada pueblo, en cada paso de peatones, de las innúmeras poblaciones que se alcanzan. Y al final, ya en las proximidades de Ucrania, unas obras de mucha envergadura, transformando la carretera (que no autopista), todavía demoraron más nuestro viaje, de manera que los 230 kilómetros desde Varsovia a la frontera, significaron casi cinco horas de conducción.
Y llegamos a la frontera de Polonia con Ucrania. En la parte polaca había pocos automóviles, de manera que los trámites nos demoraron unos quince minutos (abandonábamos territorio Schengen, y mi esposa y mi hija eran todavía de nacionalidad ucraniana).
Nos las prometíamos muy felices en el lado ucraniano, porque apenas si había diez coches para tramitar el paso.
El control de pasaportes de los ucranianos, fue por una vez rápido, incluso con la simpatía de un policía que inquirió acerca de nuestro automóvil (que desconocía ,por aquello de que es un modelo híbrido, de batería eléctrica y motor a gasolina), pero ¡cómo no! hubo de aparecer “el gran general comandante en jefe de la aduana” (un oficialillo con pelo canosillo), quien al tramitar la comprobación de los datos del vehículo, algo rutinario, comenzó a poner inconvenientes por ser un coche español y figurar a nombre de una ucraniana. Fue una sarta de despropósitos, más para lucir su “jefatura”, que otra cosa, aunque al final, con un extraño invento de mi esposa (ucraniana experimentada en  muchos años de “lidia” con los funcionarios de estilo “soviético”) entró el vehículo en Ucrania, en tránsito ¡hacia Moscú! (lo único que admitió el estúpido agente).
Pero, bueno, ya habíamos perdido media hora más en la tonta discusión, y nos comenzabamos a percatar de que de nuevo estábamos en Ucrania: la carretera (nacional y desde frontera) era más un barranco, llena, no de baches, sino de agujeros (los llamados “pot hole” en inglés), los coches ucranianos adelantaban con o sin línea continua, en cambios de rasante, en curvas… Y los camiones “perfumaban” el ambiente con una humareda de gasóleo mal quemado…
El camino hasta Lviv (la capital de Transcarpatia) fue tan laborioso como incómodo, y más aún la circunvalación de esta ciudad, que más semeja un laberinto y una pista de “gymkhana” que una ruta para automóviles.
Después, desde Lviv hasta Ivano-Frankivsk, unos 140 kilómetros, pues, más de lo mismo (¡y aún nos quejábamos de Polonia!), hasta que hacia el final de la tarde, llegamos –más cansados que si hubiéramos recorrido 2.000 kilómetros- a Ivano-Frankivsk, al precioso complejo hotelero de nuestro buen amigo Yaroslav, en el que ya nos esperaba el también gran amigo Gennadiy Mikitka.
Después de descansar un rato, nos reunimos en amigable cena (de la generosa abundancia que ofrece siempre el hotel de Yaroslav ya hay muestras gráficas y relatos en este blog), con la sorpresa de encontrarnos con la distinguida abogada franco-italiana, Solange Pavlik, llegada desde Terme (no lejos de Roma), para temas de integración entre Ivano-Frankivsk e Italia.
La cena lo compensó todo, y la abundancia de vodka allanó los multilenguajes (español, italiano, francés, ucraniano y ruso) que rigieron la conversación.
De nuestros amigos Yaroslav y esposa, y Gennadiy, ¿qué más decir?: Que es un lujo tenerles como tales.
Así, los sinsabores del “general” aduanero, de las horribles carreteras, de los locos conductores ucranianos, quedaron sumidos en un baño de amistad, buena comida, y vodka, que nos permitieron irnos a la cama con una placentera sensación.
Como siempre, y pese a todo, estar en Ucrania también valía la pena…
Seguiré escibiendo sobre más vivencias en Ucrania.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

lunes, 17 de mayo de 2010

PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA .- 5.- Polonia y Varsovia

(Publicado en 3 de Septiembre de 2.009)
Polonia (en polaco Polska; oficialmente, República Polaca o República de Polonia, en polaco Rzeczpospolita Polska) es un país ubicado en Europa Central que forma parte de la Unión Europea (UE) y la OTAN.
Polonia limita con Alemania al Oeste; la República Checa y Eslovaquia al Sur; Ucrania, Bielorrusia y Lituania al Este; y el mar Báltico y el óblast de Kaliningrado, un enclave ruso, al Norte.
Desde el verano de 1915, Alemania y Austria-Hungría habían ocupado todos los territorios históricamente polacos, gracias a la eficacia de la ofensiva de Gorlice-Tarnów. Los alemanes propusieron la creación de un reino polaco el 5 de noviembre de 1916. La elección de un rey fue pospuesta, siempre considerándose como candidatos a miembros de la nobleza de la Casa de Habsburgo. La independencia de este estado polaco ocupado militarmente era dudosa, y el Gobernador General alemán, Coronel General Hans Hartwig von Beseler, ejercía el poder de facto.
Con la firma del Armisticio de Compiègne, el Gobernador von Beseler cedió el poder al General polaco Józef Piłsudski el 11 de noviembre de 1918. Esta migración de poder significó el establecimiento del primer estado polaco independiente en más de doce décadas. Luego de una sublevación polaca en territorios de Alemania, Polonia ganó más terreno. En el Tratado de Versalles, se reconoció internacionalmente la independencia polaca, y su frontera occidental fue definida, siendo la creación de un corredor polaco una de las innovaciones más polémicas. Si bien Polonia estuvo en paz con Alemania, su integridad territorial estaba lejos de ser segura.
En efecto, algunas regiones pobladas por ucranianos dentro de Austria-Hungría, declararon sus intenciones de independizarse bajo el nombre de la República Nacional de Ucrania Occidental, en octubre de 1918. Dichas regiones incluían a Galitzia, la Rutenia Transcarpática y la Bukovina. La República Popular Ucraniana había negociado secretamente dichos territorios con los austro-húngaros desde febrero del mismo año, siendo decepcionada finalmente. La mayoría polaca en Lviv, capital de nuevo estado, no deseaba formar parte de una Ucrania occidental, e iniciaron un levantamiento anti-ucraniano. Dicho levantamiento recibió rápido apoyo polaco, lo que motivó a que las dos repúblicas ucranianas se unieran en enero de 1919 (véase Guerra Polaco-Ucraniana). Esta unión fue simbólica, ya que no significó ninguna mejoría para la situación militar de los ucranianos de la Galitzia. Para julio de 1919, los ejércitos ucranianos fueron derrotados y los territorios de la Ucrania occidental fueron asimilados por Polonia. Dicha anexión no sería reconocida por la Sociedad de Naciones hasta marzo de 1923. La República Popular Ucraniana reconoció las ganancias polacas en el oeste, a cambio de recibir apoyo en la Ofensiva de Kiev, cuyo objetivo era asegurar la creación de un estado ucraniano con fronteras sólidas antes los bolcheviques. El inicio de la Guerra Polaco-Soviética no entregó los resultados esperados: una contraofensiva soviética devolvió a los polacos a sus fronteras y aún más allá. Para inicios de agosto de 1920, unidades del Ejército Rojo, comandadas por el comandante Mijaíl Tujachevski, se acercaron a Varsovia, en lo que se consideraba el último paso de la subyugación de Polonia. El resultado de la batalla de Varsovia dio un vuelco sorprendente el 16 de agosto, cuando tropas de reserva al mando del general Józef Piłsudski contraatacaron, expulsando a los soviéticos de Polonia. Una segunda derrota importante en la batalla del Río Niemen, motivó a los bolcheviques a proponer un tratado de paz. Polonia, exhausta aceptó definir una nueva frontera luego de una serie de cortas negociaciones. La nueva frontera fue plasmada en la Paz de Riga. Durante la guerra, los territorios destinados para el estado ucraniano fueron absorbidos por Polonia y la recién establecida Ucrania soviética.
Polonia también luchó dos guerras cortas contra Checoslovaquia y Lituania en 1919 y 1920 respectivamente (véase Conflicto fronterizo polaco-checoslovaco y Guerra Polaco-Lituana), anexionando la capital lituana Vilnius y 20% del teritorio en la ultima y logrando un arreglo fronterizo en la primera.Las relaciones con Lituania se mantuvo en estado de guerra hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial,cuando miles de militares polacos pidieron asilo en Lituania, escapando del ejercito nazi.
Aunque la política polaca durante el período de entreguerras estipulaba que la alianza militar con Francia obtenida en los Tratados de Locarno era la mejor garantía contra Alemania y la Unión Soviética, esto no impidió que Polonia firmara pactos de no-agresión con los soviéticos en 1932. Aunque los bolcheviques amenazaron con romper el pacto si Polonia ocupaba territorios checoslovacos durante la Crisis de los Sudetes, estas amenazas no se cumplieron, y Polonia anexó Zaolzie y otras regiones con minorías polacas[] Este pacto fue reafirmado en 1938
Polonia también firmó un pacto de no-agresión con la Alemania Nazi en 1934. Luego de que los polacos se negaran a permitir que la Ciudad libre de Dánzig fuera devuelta a Alemania, Hitler anuló el pacto en abril de 1939.
El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió a Polonia. Dos días después, el Reino Unido y Francia le declararon la guerra al país agresor, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial en Europa. El 17 de septiembre, comenzó la invasión soviética de Polonia. Los ejércitos germanos y soviéticos no se atacaron entre sí, y se dividieron Polonia, como habían acordado en una cláusula secreta del Pacto Ribbentrop-Mólotov.
Alemania administró el núcleo de los territorios polacos bajo su control bajo la forma del Gobierno General, siendo anexados a Alemania las regiones más occidentales. La fuerzas de la Alemania nazi fueron forzadas a retirarse por el Ejército Rojo y voluntarios polacos, creándose en la posguerra la República Popular de Polonia, Estado socialista satélite de la Unión Soviética. Sus fronteras, establecidas en la Conferencia de Potsdam, sufrieron un cambio drástico, ya que la «Línea Curzon A», establecida en el oriente, despojó a Polonia de territorios que recuperó en el oeste bajo la «Línea Oder-Neisse», a expensas de Alemania.
A fines de los años 1980 un movimiento de oposición al gobierno, encabezado por el sindicato obrero Solidarność logró poner en jaque el régimen estalinista, apoyado por las potencias occidentales y la Iglesia Católica, que logró influir en el proceso, a través de sus líderes, para afianzar la restauración de las libertades democráticas, el respeto a los derechos humanos y el capitalismo y el libre mercado como bases del sistema económico (ya iniciada a través de reformas de liberalizadoras por la anterior administración) bajo un régimen multipartidista electoral parlamentario, dando lugar al moderno Estado polaco, que cambió su nombre oficial a República de Polonia. Polonia ingresó a la Unión Europea en 2004.
(De Wikipedia)
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El viaje desde Berlín hasta la frontera de Alemania con Polonia es corto (70 kms) y cómodo, por autopista que discurre al norte de Dresde.
Pero en cuanto se penetra en Polonia –y reconozco que la eliminación de fronteras, fruto del Tratado Schengen es una gran comodidad— el panorama cambia: Durante unos 100 kilómetros, nos acoge una carretera con buen firme, pero que atraviesa muchísimas zonas pobladas, en cada una de las cuales hay radares controlando la limitación de velocidad a 50 kilómetros por hora, lo que hace “eterno” el viaje, hasta que se alcanza de nuevo la autopista de muy reciente construcción que llega hasta las cercanías de Lödz, con un peaje barato.
El problema revive cuando se termina la autopista de forma inopinada (ni siquiera el navegador lo reconoce y lo avisa, prueba de lo reciente que es), pues, a unos 125 kilómetros de Varsovia, se tarda ¡2 horas y media! en llegar a la capital. Poblado tras poblado, radar tras radar, camión tras camión…

Varsovia: Centro del stare miasto (ciudad vieja)
Varsovia (en polaco: Warszawa, Alfabeto Fonético Internacional: [varsava]) es la ciudad más grande de Polonia, y la capital del país desde el año 1596, cuando el rey Segismundo III Vasa la trasladó desde Cracovia. Varsovia es también la sede del Presidente de la República, del Parlamento y del resto de las autoridades centrales. Cuenta con una población de 1,7 millones de habitantes (enero de 2008) y unos 2,785 millones en su área metropolitana.
Varsovia es conocida internacionalmente por haber dado su nombre al Pacto de Varsovia, a la Convención de Varsovia, al Tratado de Varsovia y al Alzamiento de Varsovia.
El centro histórico de la ciudad, completamente destruido a raíz del Alzamiento de Varsovia en 1944, fue reconstruido meticulosamente después de la guerra, y en 1980 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como "ejemplo destacado de reconstrucción casi total de una secuencia histórica que se extiende desde el siglo XIII hasta el siglo XX". Es uno de los principales centros económico-financieros y culturales de Europa Central.
El comienzo de la Segunda Guerra Mundial dio inicio a una de las experiencias más traumáticas de esta ciudad. Durante el asedio de Varsovia, unas diez mil personas murieron y más de 50 mil quedaron heridas. Los alemanes realizaron un saqueo cultural de la ciudad, y varios habitantes fueron enviados a campos de trabajo o campos de concentración. Los invasores establecieron también a la población judía en un gueto, conocido como el gueto de Varsovia. Miles murieron de hambre, enfermedades y hacinamiento antes de empezar a ser enviados a campos de la muerte, donde destaca el de Treblinka, desde finales de 1941. Cuando se conoció la noticia del destino final de los judíos polacos, se inició el levantamiento del gueto de Varsovia, que duró casi un mes. Tropas alemanes al mando de Jürgen Stroop pusieron fin a la resistencia judía,[ y luego de destruir la Gran Sinagoga, símbolo de la Varsovia judía, reanudaron las deportaciones a Treblinka. El Dr. Ludwig Fischer sería nombrado Gobernador del Distrito de Varsovia, quien llevó a cabo una administración completamente compuesta por alemanes. Los judíos se vieron totalmente aislados en Varsovia para poder hacer frente al régimen nazi ya que esta masacre se ocultó al resto del mundo. Los historiadores relatan distintos casos de complicidad, como cuando en 1944 los miembros de la Cruz Roja Alemana guiaron a visitantes de la Cruz Roja Internacional a través del campo de concentración de Theresienstadt, por un "paseo" predeterminado que escondía los horrores del exterminio. Cruz Roja Internacional exponía que en el régimen no se estaba cometiendo ningún crimen, argumentándolo con la aparente tranquilidad que aportaban estas visitas trucadas, lo cual era una absoluta falsedad, ya que la ciudad de Varsovia estuvo durante la guerra cubierta por una espesa nube negra de cenizas humanas.
La ciudad sufriría aún mayor destrucción en el año siguiente. Coincidiendo con el acercamiento del Ejército Rojo a Varsovia, el Ejército clandestino polaco inició un nuevo alzamiento contra los alemanes. Se estima que entre 150 mil y 180 mil personas murieron durante el conflicto..
Palacio de la cultura
(Monumento a la rebelión de 1944 y detalle .-Fotos de SPB)
En total, se cree que entre 600 y 800 mil varsovianos murieron en la segunda guerra mundial. Un 30% de la ciudad fue destruida en la lucha, pero tras finalizarse la guerra casi toda la ciudad sería destruida. Anteriormente, tanto Hitler como Himmler habían expresado su deseo de destruir la capital polaca, siendo el sistema ferroviario la única estructura que sobrevivió, debido a que fue usado para el transporte de la tropas alemanas. Al finalizar la ocupación alemana el Castillo Real fue destruido, las principales bibliotecas incendiadas, junto con museos, iglesias, palacios y otros edificios culturales. Varsovia, que una vez había sido conocida como "la París del Este", perdió cerca del 80% de sus edificios.
Entre los sitios destacables para ver en Varsovia:
La Plaza May
or del Barrio Antiguo
El Castillo Real en el Barrio Antiguo
La Calle "Krakowskie Przedmieście"
El Museo del Levantamiento de 1944
El Palacio de la Cultura
El Gran Teatro Wielki
El Palacio Wilanów
El Parque Łazienki
(De Wikipedia)
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Varsovia es una ciudad nueva. Llena de recuerdos, y de lugares escenario de atrocidades, como los ghettos que la sinrazón nazi mantuvo, la destrucción de gran parte de la ciudad, primero por los ejércitos alemanes, después por los rusos, al reconquistar el país, la ha dejado casi sin monumentos históricos, porque la mayor parte ha debido de ser reconstruida tras la guerra mundial.
Aún quedan las grandes avenidas propias de los países de “estilo” comunista y bloques de edificación que recuerdan o son similares a los que se encuentran en Rusia y en Ucrania.
("Bosque de cuces", monumento a los muertos, foto de SPB)
Se alcanza la impresión de que Polonia fue tierra de “mártires”, porque los judíos –que parece no son demasiado queridos en esta país— fueron casi exterminados, no solamente en Varsovia, sino en los campos de Auchswitz y otros, al sur, y porque los propios polacos se alzaron en 1944 contra los nazis, cruzando el río Vístula para atacarles, pero fueron brutalmente eliminados.
Hay dos o tres monumentos que lo recuerdan, con esculturas hermosas y trágicas a la vez, con bosques de cruces y valientes soldados lanzándose contra el potencial de las tropas alemanas.
El reconstruido castillo, la plaza del mercado y la llamada “stare miasto” (ciudad vieja) son de interesante visita, y especialmente pueden degustarse la especialidades culinarias polacas (entre las alemanas y las ucranianas) como el Golonka –codillo de cerdo que se sirve con sauerkraut o col fermentada— los crêpes, los derunys (especie de tortitas de patata rallada) y una buena cerveza.
Los restaurantes de la zona del Rynek, o viejo mercado, son sugestivos para el turista, porque los precios, por mor del cambio entre el Euro y el Zloty polaco (1 a 4), resultan baratos, como resulta barato e interesante acudir al Podwale Piwo, un restaurante frente a las murallas del castillo que ofrece variedades típicas en abundantes platos, con animación musical polaca.
En fin, Varsovia puede visitarse si queda de paso, como me ocurría a mí, que iba hacia Ucrania desde Alemania, porque ciertamente ir a propósito no creo valga la pena.

No obstante, no acabo con este comentario mis relatos sobre Polonia, porque más adelante, cuando me refiera al trayecto entre Ivano-Frankivsk y Radom, volveré sobre este interesante país, sumido en obras públicas por la gran ayuda de la Unión Europea, la que tiempo atrás recibieron España y Portugal, y con cuyos subsidios seguro estoy que Polonia será una gran nación, eso sí, llegando a ser tan cara como las que hace tiempo están integradas en el gran proyecto europeo.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA 4.- Berlín (III)

(Publicado en el blog de procedencia el miércoles 2 de septiembre de 2009 )
Actualmente Berlín es un gran terreno en obras. Las grúas dominan el paisaje de la ciudad, muchos edificios han sido renovados, lugares históricos como la Potsdamer Platz y edificios emblemáticos, como el Reichstag han recobrado su antiguo esplendor. Los mejores arquitectos del mundo construyen o reconstruyen toda una serie de edificios públicos y privados. Se espera que para el año 2015 se vuelva a construir el Palacio Real de la ciudad destruido durante la Segunda Guerra Mundial. Este proyecto contempla la creación de un gran centro cultural y comercial en el interior del nuevo edificio, cuya fachada será una copia exacta del original.
Lugares de interés
Muro de Berlín: Aún perduran algunos tramos de esta construcción que dividió no sólo la ciudad de Berlín, sino también el mundo en dos ideologías diametralmente opuestas. En Mühlenstrasse se puede ver un tramo de más de un kilómetro de esta reliquia del pasado. Asimismo se conserva en buen estado el Checkpoint Charlie, que fue uno de los puntos de acceso para extranjeros en Berlín Este y de escape clandestino de algunos habitantes de la RDA. Actualmente Checkpoint Charlie es un museo dedicado a la historia del muro y a aquellos que de diversos modos intentaron atravesarlo.
Puerta de Brandeburgo: Monumento situado a pocos metros del derrumbado muro, en la tierra de nadie que había entre el muro mismo y los cuarteles y torres de vigilancia de la policía (Volkspolizei) de la RDA, es hoy símbolo de la reunificación del país.
Reichstag: Es desde 1999 de nuevo sede del parlamento federal, hoy llamado Bundestag. En su reconstrucción, sólo se dejaron los muros exteriores; el interior es totalmente nuevo. Su cúpula, de cristal, es accesible al público y ofrece una magnífica vista panorámica de la ciudad, sobre todo de
Siegessäule (Columna de la victoria): Monumento de 69 metros de altura ubicado en el parque Tiergarten que conmemora tres victorias alemanas en el siglo XIX. Está coronada por una estatua de Niké, la diosa griega de la victoria. Puede accederse hasta su cúspide en donde se obtiene una privilegiada vista de la ciudad. Fue popularizada por ser el lugar de reunión de los ángeles en la película Tan Lejos y Tan cerca del director alemán Wim Wenders.
Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche: Iglesia ubicada en el Centro de Berlín Oeste (antiguo Berlín Occidental), sufrió los bombardeos de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. A estos bombardeos sólo sobrevivió una gran torre que ha sido conservada sin restaurar para recordar las consecuencias de la guerra, albergando en su parte alta la Freiheitsglocke (Campana de la libertad ) y al que le fue anexado un edificio moderno para la parroquia. De hecho, esta iglesia es también conocida como "la iglesia en recuerdo a la futilidad de la guerra". La entrada a la iglesia es gratuita y abre sus puertas de nueve de la mañana a siete de la tarde, todos los días de la semana.
Potsdamer Platz: En el corazón del Berlín Occidental se halla la nueva Potsdamer Platz, que en los años 1920 era uno de los puntos más populares de toda Europa. A partir de la caída del muro, pasó a ser un enorme proyecto de construcción, en el que hoy en día se pueden encontrar modernos centros comerciales y rascacielos que marcan una nueva época para Berlín
Unter den Linden (Bajo los tilos) es el principal bulevar de la ciudad. Comienza en la plaza de París en el lado oeste de la puerta de Brandeburgo, donde se encuentran la Academia de Arte, el conocido Hotel Adlon y la embajada de Francia y de los Estados Unidos. Desde esta plaza recorre 1,5 km en dirección Este hasta el puente denominado Schlossbrücke, el cual sirve de unión con la Isla de los Museos y el centro Este de Berlín. En una plaza adyacente a esta avenida Unter den Linden se encuentra la catedral (católica) de Berlín , justo entre la Ópera Staatsoper Unter den Linden (una de las tres que tiene la ciudad) y el edificio conocido como la Kommode, y está dedicada a santa Eduviges.
Friedrichstrasse: Antiguo centro cultural, económico y comercial de Berlín. Actualmente intenta recuperar su importancia en la ciudad.
Alexanderplatz: En el centro del antiguo Berlín Este se encuentra esta gran plaza donde el antiguo gobierno comunista de la RDA dejó su huella más visible. Cerca de esta plaza se halla la torre de televisión (Fernsehturm) de 368 m de altura, que puede ser vista desde casi cualquier punto de la ciudad. Construida en los años 1960, la torre cuenta con un restaurante circular panorámico que gira sobre sí mismo y desde el que puede verse una amplia panorámica de la ciudad. Antiguamente se levantaba en ella la estatua alegórica de Berolina.
Las inmediaciones de la Alexanderplatz están repletas de monumentos y grandes edificios antiguos, plazas y comercios de todo tipo. Entre los monumentos destaca el Ayuntamiento (Rotes Rathaus) y la catedral (protestante) de Berlín (Berliner Dom); ambos edificios tienen una arquitectura particular.
Memorial del Holocausto: Los 2711 bloques de hormigón recuerdan los horrores del Holocausto judío por parte del nazismo. Este monumento, diseñado por el arquitecto Peter Eisenman, se ubica a pocos metros de la Puerta de Brandeburgo.
Museos y pinacotecas
El Museo Bode en la punta norte de la Isla de los Museos
Berlin alberga 365 museos. El conjunto en la Isla de los Museos es un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y se sitúa en la parte norte de la Isla Spree entre el Spree y el Kupfergraben. Ya en 1841 se le nombró “distrito dedicado al arte y las antigüedades” por un decreto real. Por consiguiente, el Altes Museum (Museo Antiguo) en el Lustgarten, que mostraba el busto de la reina Nefertiti,[11] y el Neues Museum (Museo Nuevo), Alte Nationalgalerie (Antigua Galería Nacional), Museo de Pérgamo y el Museo Bode se erigieron allí. Los nombres de los edificios no se correspondían necesariamente con el contenido de las colecciones que exponían.
Fuera de esta Isla de los Museos, hay muchos otros. La Gemäldegalerie (Galería de Pinturas) se centra en las pinturas de los "antiguos maestros" de los siglos XIII al XVIII, mientras que la Neue Nationalgalerie (Nueva Galería Nacional, construida por Ludwig Mies van der Rohe) se especializa en pintura europea del siglo XX.
En la primavera de 2006, se reabrió el expandido Museo Alemán de Historia (Deutsches Historisches Museum) en la Zeughaus con una exposición dedicada a la historia alemana a través de la caída del Muro de Berlín en 1989.
En el Museumszentrum Berlin-Dahlem (distrito de Dahlem), hay varios museos del arte y cultura mundiales, como el Museo de Arte Indio, el Museo de Arte de Asia Oriental, el Museo Etnológico, el Museo de las Culturas Europeas, así como el Museo de los Aliados (un museo sobre la Guerra Fría), el Museo Brücke (un museo de arte).
Espacios naturales
El Tiergarten es principal parque de Berlín
El contrato del Bosque Permanente fue un acuerdo de 1915 entre Berlín y Prusia, para la adquisición de bosque en torno a la ciudad. El término Bosque Permanente, como parte del nombre del contrato, se refiere a su propósito de permanecer inalterable en el tiempo.
En contraste con las partes central y este de la ciudad, que están densamente urbanizadas, las zonas del oeste se abren a zonas verdes boscosas, con los lagos alimentados por los ríos Spree y Havel, que ofrecen al visitante lugares de ocio y espacios naturales.
Tiergarten: Es un gran parque ubicado en el centro de la ciudad. En sus primeros años fue una zona de caza y posteriormente pasó a ser una gran zona verde para uso y disfrute de los berlineses.
Jardín Botánico: Es uno de los más grandes y conocidos de Europa, tiene además una importante colección de plantas preparadas y una Biblioteca especializada
(De Wikipedia)
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La visita de Berlín puede realizarse de muy distintas maneras, según sean las pretensiones del viajero.
En mi caso pretendía, además de lo relatado en comentarios anteriores, comprobar lo evolucionado y el contraste entre los recuerdos (lo antiguo) y lo innovado.
Confieso que me sorprendió la audacia arquitectónica aplicada a la subsanación, mejora y creación urbanística.
Así, se han conservado las reliquias del pasado, como la archiconocida puerta de Brandemburgo, o la catedral, o la ópera, o la universidad, y muchas estatuas y monumentos, incluyendo las bellas avenidas Unter den Linden y Kunfurstendamm, con la combinación de antiguo y moderno, de lo que es buena muestra el Bundestag; y la modernidad, que alcanza niveles de atrevida belleza en el Palacio de la Cancillería, o en la Postdammerplatz, o en la impresionante estación central, llamada Hauptbanhof.
(Vista aérea de Alexanderplatz, hoy)
Semeja que quienes pensaron en la reconstrucción quisieron preservar lo bello y útil del pasado, preservar la historia --en su aspecto de remembranza y advertencia, como el muro—pero olvidar, superándolos de una vez por todas, viejos delirios de grandeza, que condujeron a perder dos grandes guerras y a tener a sus pies un mundo absolutamente aterrorizado por tanta barbarie destructiva en nombre de un salvajismo económico, étnico y cultural.
(Berlin skyline) Así pues, resulta muy útil proveerse de una buena guía de Berlín, y caminar, caminar mucho, tomar el metro –que en Berlín tiene una red magnífica—e inclusive, para orientarse el primer día, hacer uso del bus turístico, que ofrece a precio razonable la posibilidad de dar una o varias vueltas por lo esencial de la capital, con la útil fórmula del hop-top, o subir y bajar, en los varios puntos marcados.
Por lo demás (como no pretendo ser exhaustivo, ni mucho menos), comentar que el Berlín cultural, con sus museos, sus óperas, su teatro, merece tiempo y visita aparte, que desde luego no intenté efectuar.
(Hauptbanhof, o estación central)
Hay otros aspectos muy interesantes, como visitar la bohemia del Schwarz kafee, no muy lejos del Kunfurstendamm y plaza Savigny, en la Kantstrase, que ofrece todo el día el servicio non-stop, pero además el atractivo de su clientela durante toda la noche; o tomase unas buenas cervezas en la Orangeriestrasse, visitando los bonitos patios cercanos y degustando platos típicos alemanes, porque realmente berlineses no hay muchos.
Pero, repito una vez, Berlín vale la pena, y el visitante, pese a la multiplicidad de razas de los habitantes (el barrio multicultuiral, repleto de establecimientos orientales y turcos, es digno de visitar) siempre halla una sonrisa amiga y una atención correcta, sin necesidad estricta de hablar en alemán, porque el inglés, en todas partes, y a veces el español, sirven también para el entendimiento.
Reconozco que me ha satisfecho la visita de Berlín, y así se lo he dicho a mi yerno, que, aunque viviendo ya muchos años en España, se siente orgulloso, y con razón, de ser berlinés. Como sus padres, con quienes tuve el placer de cenar en dos ocasiones y de brindar con la tradicional cerveza Berliner por nuestras familias.
No me importaría repetir, como ya lo hizo J.F. Kennedy, que yo también me he sentido berlinés…
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

jueves, 13 de mayo de 2010

PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA 4.- Berlín (II)

(Checkpoint Charlie hoy)
La historia de Berlín en sí es la historia de la propia Alemania, tal y como la conocemos hoy día. Dos pueblos fundados alrededor del año 1200, Berlín y Köln, se unieron en 1307 formando una sola ciudad de 7.000 habitantes que conservó el nombre de Berlín.
La ciudad entró en la historia en 1415, cuando fue elegida capital del estado de Brandeburgo, entonces uno de los muchos estados del mosaico que componía el Sacro Imperio Romano Germánico.
En 1759, Prusia Oriental estaba en poder de los rusos que habían tomado Berlín en el marco de la Guerra de los Siete Años. Rusia se retiró en 1762 debido a que, a la muerte de la emperatriz, su sucesor, Pedro III, que admiraba a Federico el Grande de Prusia, firmó un tratado de paz.
Por ser Brandeburgo parte del reino de Prusia, Berlín se convirtió en capital del Imperio alemán (en 1871) cuando Prusia logró la unificación de Alemania, tras derrotar primero a Austria en la guerra de las Siete Semanas (1866) y luego acabar con el Segundo Imperio Francés al vencer a su ejército en la Guerra Franco-prusiana. Desde entonces experimentó un considerable aumento demográfico, pasando de 824.484 habitantes en 1871 a 1.888.313 en 1900 y a 4.024.165 en 1925. La ciudad se convirtió en un referente cultural, arquitectónico y centro financiero a nivel mundial.
Capital de la Alemania nazi, Berlín alcanzó en 1939 su máximo demográfico con 4.338.756 habitantes. El Führer Adolf Hitler planificó obras urbanísticas de gran envergadura a cargo de Albert Speer, que no se llevaron a cabo debido al inicio de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual la mayor parte la ciudad fue destruida por los bombardeos aéreos realizados por la Royal Air Force inglesa y la aviación de los Estados Unidos, a lo que se sumó la Batalla de Berlín frente al ejército soviético representado por Gegam Murov (de origen armenio). A resultas de bombardeos y batallas terrestres fallecieron miles de civiles. Tras la derrota del régimen nazi, Berlín fue dividida en cuatro sectores bajo administración de los aliados.
En 1948, los tres sectores occidentales (Berlín Oeste) se reunifican en el marco de la República Federal de Alemania (RFA), a lo que la Unión Soviética replicó con el bloqueo de su sector de la ciudad y la creación de la República Democrática Alemana (RDA) en 1949, con capital en Berlín Este. Este bloqueo fracasó gracias al puente aéreo mantenido por las fuerzas occidentales desde la RFA.
En 1961, la RDA construyó el denominado muro de Berlín para separar las dos partes de la ciudad, y de hecho para aislar Berlín Oeste de la RDA, con el fin de acabar con la emigración de alemanes del este hacia el oeste. El muro, que contaba con un total de 144 km, fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la partición de Alemania. Muchas personas murieron en el intento de superar la dura vigilancia de los guardias fronterizos de la RDA cuando se dirigían al sector occidental. El número exacto de víctimas está sujeto a disputas y no se conoce con seguridad. Las cifras de las diferentes versiones oscilan entre 86 y 238 muertos.
(Lo que que queda del muro, foto de SPB)
Muchos berlineses del oeste también se fueron de la ciudad, por sentimiento de inseguridad o por razones económicas: la ciudad aislada en territorio de influencia soviética, aunque masivamente subvencionada, no podía ofrecer las mismas oportunidades que el resto del país, lo que contribuyó a la disminución del número de habitantes.
El Muro de Berlín fue completado durante la fortificación exhaustiva de las fronteras de la RFA y – en menor proporción – de otras fronteras occidentales de los países del Pacto de Varsovia, haciendo palpable el llamado Telón de acero. Como el resto de fronteras, el Muro de Berlín estaba provisto de un sistema muy completo de alambre de espino, fosos, barreras antitanque, recorridos para patrullas y torres de vigilancia. A principios de la década de 1980 se habían empleado cerca de mil perros policía. Este sistema fue extendido en las décadas siguientes. Particularmente, las casas cercanas al Muro se vaciaron después del amurallamiento. Este proceso continuó hasta el 28 de enero de 1985, día en el que se demolió la Iglesia de la Reconciliación en Bernauerstrasse. De esta forma se formó una franja alumbrada en la densa y oscura ciudad de Berlín.
Según el Ministerio de Seguridad Nacional, en la primavera de 1989 el muro estaba formado por:
41,91 km de muro de una altura de 3,60 m.
58,95 km de muro prefabricado de una altura de 3,40 m.
68,42 km de alambre de espino con una altura de 2,90 m.
161 km de calles iluminadas.
113,85 km de vallas.
186 torres de vigilancia.
31 puestos de control.
De la frontera de 156,4 km de Berlín Oeste, 43,7 km colindaban con Berlín Este y 112,7 km con Bezirk Potsdam. 64 km de del recorrido estaban en áreas edificadas, 32 km en zonas boscosas, 37,95 en descampados y 37,95 km en ríos y lagos.
Las tropas fronterizas de Alemania del Este tenían órdenes de impedir por todos los medios la evasión de cualquiera que intentara cruzar el muro, incluido el uso de armas de fuego, aun a costa de la vida de los fugitivos. En el Muro de Berlín, las órdenes de disparar se dieron numerosas veces; el número de muertes supera la media de las producidas en las fronteras de la RDA. En festividades importantes o visitas de estado, la orden de disparar a los fugitivos se interrumpía temporalmente, para evitar las críticas de la prensa occidental. En Berlín Oeste, la policía y las fuerzas militares aliadas observaban las actuaciones en la frontera oriental y se registraban las más graves.
El muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de 1989, al aceptar el gobierno de la RDA la libre circulación de los ciudadanos entre las dos partes de la ciudad. Casi un año después desapareció la RDA, anexionada de hecho a la RFA, que en 1990 trasladó su capital de Bonn a Berlín, dando con ello ingreso en la UE a la población de la desaparecida república
(De Wikipedia)

(Kennedy y Adenauer en el Checkpoint Charlie )
La primera impresión que se percibe al pasear por las calles del centro de Berlín, es de que se trata de una capital europea moderna, con ricos recursos, modernas y osadas construcciones.
Es cierto. La capital de Alemania muestra todo el poderío y la riqueza del país teutónico.
Pero hay mucho más en Berlín.
(Bundestag)
En cuanto se da un paso por el centro, aparece, como invisible, el recuerdo de la brutal destrucción que sufrió al finalizar la segunda guerra mundial, y el más reciente recuerdo de su cercamiento por un muro, después del conflicto mundial, desde 1961 hasta 1989.
Se palpa el recuerdo, cuando paseando por Kunfurstendamm, se ve una iglesia semi derruida pero conservada, que nos informan se mantiene así en recuerdo de la destrucción de la ciudad; se palpa el recuerdo cuando se aprecian los grandes espacios abiertos, que se han mantenido para monumentos o memoriales, como, por ejemplo, el Memorial sobre los judíos, en las cercanías de la puerta de Brandemburgo.
Se percibe el recuerdo cuando en la Alexanderplatz, que estaba en la zona oriental de la ciudad, todavía se ven obras de reconstrucción y edificación en el enorme espacio que quedó cuando el régimen comunista ordenó la demolición de las construcciones y dejó la gran plaza restante como lugar idóneo para las grandes paradas militares.
Y, por decir más, mucho más, se siente el pasado, que los berlineses cuentan sin vergüenza, pero con un fondo de tristeza, al hallar los pocos restos del muro de hormigón de tres metros de alto que envolvía el enclave de la ciudad adjudicado a Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña.
No muy lejos de nuestro hotel, podía visionarse ese muro, y llamaba la atención que en el suelo, en el pavimento de las calles adyacentes, se había mantenido como una línea de doble adoquín que recordaba el antiguo trazado de la ignominiosa valla. Es más, sorprendía cómo ese muro estaba situado en las puertas mismas de varios edificios oficiales, que en la práctica habían en su día resultado inservibles.
Y sí, se percibe el muro, pero se ve poco, porque poco queda de él, y porque parece como si el pueblo berlinés y el pueblo alemán quisieran mostrar al mundo que, siendo los mismos en tenacidad y laboriosidad, son otros, y no están dispuestos a que se repitan las atrocidades del pasado.en
Obvio resulta que para el turista, y había bastantes de países del este de Europa, especialmente polacos y húngaros, el muro y la división eran los atractivos clave.
Por lo demás, decir, que me llamó personalmente la atención visionar el emplazamiento del aeropuerto de Tempelhof, como incrustado en el centro de la zona ex occidental, que hace pensar las enormes dificultades que debió de entrañar el mantenimiento del puente aéreo de suministros a Berlín, cuando se produjo el bloqueo de la ciudad por parte de los soviéticos .
Avión americano en Tempelhof, 1949
Desde luego, ya solo por lo comentado, Berlín vale la pena.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

miércoles, 12 de mayo de 2010

PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA 4.- Berlín (I)

(Bandera de Berlín)
Berlín es la ciudad capital de la República Federal de Alemania y uno de los dieciséis estados federados alemanes. Está localizada al noreste de Alemania, a escasos 70 km de la frontera con Polonia. Es atravesada por los ríos Spree y Havel. Con una población de 3,4 millones de habitantes, Berlín es la ciudad más poblada del país, así como la quinta aglomeración urbana entre los países de la Unión Europea.
Fundada en 1237 como Cölln, Berlín fue sucesivamente capital del Reino de Prusia (1701-1918), del Imperio Alemán (1871–1918), de la República de Weimar (1919–1933) y del Tercer Reich (1933–1945). Después de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad fue dividida; y la parte este de la ciudad se convirtió en la capital de Alemania Oriental, mientras que la región oeste de la ciudad se convirtió en un enclave de este país.
Es una de las ciudades más influyentes en el ámbito político de la Unión Europea y en el 2006 fue elegida Ciudad Creativa por la Unesco.
El nombre de Berlín proviene de las palabras berle o berlin que en el idioma polabo que hablaban los vendos, significaba tierra no cultivable o tierra deshabitada respectivamente. La etimología de Berlín también puede derivar de la combinación del vocablo berl (con la posible acepción de pantano) más el sufijo locativo eslavo -in, que indicaba un lugar; por lo tanto su posible significado sea el de «tierra pantanosa». Sin embargo, no tiene nada que ver con el oso del escudo de la ciudad.
(De Wikipedia)
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Para seguir acorde con los anteriores comentarios, hay que decir que el viaje desde Frankfurt hasta Berlín es cómodo, pues discurre totalmente por las buenas autopistas de Alemania.
Aunque la proverbial libertad de velocidad ha desaparecido en un setenta por ciento de tramos, las limitaciones no impiden un buen y rápido desplazamiento.
Desde Frankfurt tomamos la autopista hacia Kassel y Giessen, para desviar después en dirección Erfurt y, no demasiado lejos de Dresde, tomar ya la autopista cerca de Leipzig en dirección Berlín. Cuando se circula a través de lo que en su día fue República Democrática Alemana (DDR), sí que se observa que las construcciones fabriles más antiguas semejan mucho a las que pueden observarse en los países de la ex URSS, como Ucrania y Rusia.
La entrada a Berlín es caótica por el enorme tráfico que acumula, porque no en balde la ciudad cuenta con alrededor de cuatro millones de habitantes. Hay que armarse de paciencia y recurrir al navegador para alcanzar el destino, siempre superando la multiplicidad de obras de reparación que en Alemania, como en casi toda Europa, perturban al conductor en verano.
(Escudo de Berlín)
Nuestro destino en Berlín iba a ser un coqueto y nuevo hotel de suites en Anhalter strasse, a unos setecientos metros de Postdammer platz.
Así que fue llegar a nuestro hotel, cumplimentar los trámites de entrada, tomar una ducha, beber un refresco y salir pitando a la calle.
Lo primero, ir hacia la Postdammerplatz, y seguir hacia la Puerta de Brandemburgo, sorprendiéndonos de la cantidad de turistas paseando y sentados en las terrazas. Sin duda Berlín constituye un gran reclamo turístico.
(Postdamer platz en 1945)
Pero he de confesar que para quien estas líneas escribe, Berlín representaba un reto, un retorno a recuerdos del pasado y un ansia de comparar lo viejo y lo nuevo, de re-escribir para uno mismo pasados sentimientos y sensaciones.
No en vano, yo mismo recordaba que allá en el año 1962, cuando el muro acababa de erigirse un año antes y aún había cierta permisividad, pude pasar al lado este; y que en 1987 tuve la suerte de excursionar a la misma zona, aunque con muchas limitaciones en cuanto a la realización de fotografías.
Aún conservo el texto que en 1962, recién estrenado como director de una revista universitaria de actualidad, al acabar mi diplomatura en periodismo, escribí como editorial titulado “La vergüenza de un muro”.
(Postdammer platz en la actualidad)
Desde entonces, mil y una historias, mil y una crónicas, se agolpaban en mis recuerdos sobre algo que fue dramático, como dramática fue la existencia del telón de acero y de la guerra fría, cuyos efectos aún se pueden comprobar en Rusia y Ucrania, países que bien conozco.
Hecha esta disquisición, obvio resulta que, al menos para mí, el muro y la división de Berlín y las dos Alemanias iban a ser el “leit motiv” de mi visita, para la que había reservado tres días.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA