THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA

THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA
La magnificencia del paisaje en The Monument Valley, la belleza del entorno, las reminiscencias de un pasado de tantos y tantos viajeros que cruzaron el Far West, protagonizando aventuras míticas entre las tribus indias y buscando un futuro mejor...Y al igual que esa ruta invita a seguir hasta más allá del horizonte, hasta el infinito, el Monument Valley, suscitando mil experiencias viajeras y recuerdos, se convierte en el icono de este blog que pretende rememorar las emociones y experiencias del conocimiento de nuevas tierras, nuevas culturas y nuevas gentes. Sin descartar que invada la nostalgia evocando vivencias personales de épocas ya pasadas pero nunca olvidadas.

martes, 17 de septiembre de 2019

VERANO 2019. Viaje a Dacia y Transilvania tras las huellas de Trajano (16.2) Conociendo mejor Bucarest

(16.2) Conociendo mejor Bucarest
Después de la primera visita a Bucarest, decidimos no agotar el conocimiento de casas, edificios y monumentos, y concretar más aquellos aspectos que más pudieran interesarnos, como la vida callejera, loa relación con los turistas, los establecimientos comerciales, los bares y restaurantes, etcétera, dejando para otra ocasión entrar en más detalles, influidos también por el gran calor ambiente que se nos imponía, muy seco, pero con un sol que llegaba a abrasar.
Por eso, comenzamos la jornada (la última completa de estancia en Rumanía), accediendo al Water Park situado junto al hotel, ya que por sere huéspedes teníamos derecho al acceso gratuito. 
Después de un buen desayuno, apenas caminando veinte metros, entramos en el complejo acuático, en el que nos bastó mostrar las tarjetas del hotel Rin. 
Este Water Park nada tiene que envidiar a los de España, porque cuenta con varias amplias piscinas, muchas zonas de sombra, hamacas y tumbonas, con un césped artificial cuidado, bares, restaurantes y una "troupe" de vigilantes/socorristas. 
Como fuimos a primera hora de la mañana, no había
demasiado público, aunque mamás con niños gritones y juguetones ya abundaban. 
Después del baño, cerca del mediodía, fuimos en el transfer del hotel hasta el aeropuerto y subimos al autobús 783, que nos llevó hasta la Piata Unirii, donde caminamos un rato, aunque el calorazo imperante nos aconsejó sentarnos en una terraza callejera para beber una limonada muy fría y relajante. 
Nos sorprendió la calidad de esa bebida, con un intenso sabor a limón, buenos trozos de ese cítrico, un jugo espeso y todo muy frío. Valió la pena. 
Nos adentramos en el gran complejo comercial "Stradivarius", en el que recorrimos todas sus plantas y comprobamos de esos grandes almacenes son bastante similares a los del resto de Europa. Si acaso, los precios son algo más bajos. 
Aún volvimos a sentarnos en otra terraza al otro lado de la plaza, en la que repetimos las limonadas, y nos adentramos en su interior, porque nos pareció ver como una exposición de cafés, y, efectivamente, hallamos un bonito rincón, muy cuidado, con aspecto tradicional, en el que una jovencita, que después
supimos se llamaba Iulia, nos sorprendió hablándonos en un español aceptable. Al preguntarle cómo había aprendido tan normal español, nos
comentó que esencialmente lo había adquirido viendo y escuchando las telenovelas mejicanas y sudamericanas que, en lenguaje original subtitulado, se prodigan en Rumanía. 

Charlamos un rato con ella, y hasta nos hicimos unas fotos juntos, y prometí escribirle, como así ya he hecho. 
Como el calor no nos abandonaba, nos adentramos en el barrio tradicional y antiguo, y allí en una tienda de "souvenirs" adquirí unos detallitos para llevar como obsequio y recuerdo a los familiares y amigos en España. 
A renglón seguido, volvimos a sentarnos en la terraza del restaurante en el que habíamos cenado el anterior día, y allí volvimos a recrearnos degustando un exquisito solomillo de buey. Bien servido y a precio razonable (equivalente a 10 Euros).
Un nuevo paseo por la Piata Unirii y un buen rato de relajación junto a su monumental fuente central nos
sirvieron de descanso para acudir a la parada del autobus 783, que en unos cuarenta minutos nos llevó al aeropuerto, en el que el microbús del hotel nos esperó y llevó hasta el alojamiento. 
La realidad es que el calor nos retrajo en la visita a Bucarest, y decidimos no cansarnos en exceso, especialmente porque tendremos posibilidades de regresar pronto. 
Con la satisfacción de estar concluyendo felizmente nuestro viaje, descansamos muy bien en la noche. 
El siguiente día teníamos programado nuestro vuelo hasta Valencia (compañía Blue Air), con salida a las 16'30, aunque debíamos efectuar el check-in dos horas antes. 
Por ello, tras el desayuno terminamos de cerrar nuestro equipaje, y alrededor de la una de la tarde nos fuimos al aeropuerto. 
Enn la terminal de salidas del aeropuerto había muchísima gente, y hubimos de esperar un buen rato para entregar el equipaje, y más aún hubimos de aguardar cuando la salida del vuelo se retrasó casi noventa minutos. 
Había tal aglomeración de gente que la sala de espera para el vuelo a Valencia no tenía ni un asiento libre, y hubimos de irnos a una cercana que también
se llenó. 
Por fin accedimos a la aeronave, y nos hallamos en la desagradable tesitura de que unos rumanos no demasiado educados y bastante rudos habían ocupado nuestros asiento y pretendían que nos mudásemos a otros, con la excusa de que ellos estaban con una niña pequeña que quería estar "entre sus papás". Hube de ponerme serio, y mostrando las tarjetas de embarque, exigí, entre los refunfuños en rumano del hombre, que cada cualse sentara en su lugar. Me extrañó esa falta de educación, que era prácticamente la primera que habíamos sufrido en Rumanía. 
El vuelo fue bastante tranquilo, y con una hora de retraso pisamos tierra valenciana.
Los recuerdos de nuestro viaje a Rumanía comenzaron a agolparse en nuestras mentes, y nos sentimos satisfechos, porque, además de haber seguido las huellas del hispánico Trajano, habíamos tenido la oportunidad de disfrutar con la deliciosa familia Ierulescu, con la que habíamos sellado una amistad auténtica. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

lunes, 16 de septiembre de 2019

VERANO 2019. Viaje a Dacia y Transilvania tras las huellas de Trajano (16) Primer contacto con Bucarest

(16.1) Primer contacto con Bucarest
La entrada a Bucarest desde el aeropuerto "Henry Coanda", en Otopeni, demoró casi una hora, porque aunque la ruta era amplia (dos carriles en cada sentido), la acumulación de vehículos era tal que la progresión del tráfico era lentísima, y además el autobús se detenía en cada parada, en la que siempre subía gente, poniendo de manifiesto que no era un autobús "lanzadera" desde el aeropuerto sino un autobús urbano.
Decidimos apearnos en la Piata Universitate, donde, mientras consultábamos el plano de la ciudad, una atenta señora se nos ofreció para orientarnos y nos aconsejó que acudiéramos a la Oficina de Turismo que se hallaba en los bajos/sótano de la plaza, y allí obtuvimos información detallada de los transportes, especialmente del autobús turístico ("City bus tour"). Caminamos por la amplia avenida hasta la Piata
Unirii, en la que nos llamó la atención la enorme y espectacular fuente que funciona en el centro, con variaciones  de chorros y colores y muy interesante, que se nos dijo ofrecía un precioso espectáculo al anochecer. 
Nos sentamos un rato para contemplar el espectáculo, comprobando el trasiego de viandantes, muchos de ellos con aspecto de turistas, y nos adentramos en la llamada "zona antigua·, en la que, exceptuando tres o cuatro monumentos o edificios de interés, había unas cuantas calles repletas de terrazas de restaurantes, bastante concurridas, y en las que unas chicas sugerían tomar mesa mostrando la carta de comida. 
Dimos unas cuantas vueltas, pero decidimos ir en el autobús turístico, medio lleno, que se fue desplazando por las avenidas que constituyen el eje de la ciudad, sobrepasando las plazas circulares en cuyo centro aparecen o un arco de triunfo, o monumento a la aviación, o esculturas grandiosas, rodeado ello de edificios nobles y que denotan la belleza que en su día mostraron porque en la actualidad están medio o bastante deteriorados. 
El recorrido fue interesante, pèro no nos sedujo en exceso, porque la impresión causada fue de que Budapest era una gran capital, pero un poco/bastante descuidada, ya que inclusive en las aceras las baldosas o placas del pavimento o estaban sueltas, o rotas, o ausentes.
Las gentes, de todas clases, aunque muy poca mendicidad y casi ningún gitano (en contra de la "fama" de que los gitanos son "dueños" de Rumanía) y eso sí, muchos bares. 
Especialmente llamó nuestra atención un  establecimiento que ya habíamos visto en Brasov: Una "Cartofisserie", o sea, una "patatería" (literalmente traducido) que era como un barecito en el que se vendía fritos, especialmente patatas. Compramos un cucurucho de patatas, que estaban sabrosas y degustamos en la calle, en una especie de mostrador frente al local, regándolas con una cerveza. 
Lo que vimos con asiduidad fue agentes de policía, con diferentes uniformes, unos al parecer locales, otros de policía general y otros como si fueran antidisturbios, y que, eso sí, registraban a bastantes
individuos jóvenes con aspecto de ser árabes. 
Por finh en el barrio antiguo nos sentamos en la terraza exterior de un restaurante concurrido, en el que comimos una escalope al estilo de Baviera y unas cervezas alemanas. Bueno y no caro. 
Y, como ya anochecía, fuimos junto a la fuente de la Piata Unirii para deleitarnos con sus juegos de aguas y luces, y, al cabo de un rato, tomamos el autobús
983, que nos devolvió al aeropuerto, desde donde el transfer del hotel nos llevó hasta el Rin. 
Había sido una jornada interesante, pero no en exceso.
Decidimos regresar a Bucarest el siguiente para  conocer más. 
Por la noche, el cuerpo nos pidió descanso tras las caminatas del día.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
...
Bucarest (en rumano: București/bu.kuˈreʃtʲ/ es la capital y ciudad más poblada de Rumanía, así como su principal centro industrial, comercial y cultural. Está situada en el sureste del país, a orillas del río Dâmbovița. La ciudad cuenta con 2 400 000 habitantes, según datos del censo de 2016, lo que la convierte, además, en la décima ciudad más poblada de la Unión Europea. 
La ciudad fue mencionada por primera vez en documentos escritos a comienzos de 1459. Desde entonces ha pasado por muchos cambios, pero el más notable fue convertirse en la capital de Rumania en 1862, por lo que se consolidó como el centro nacional de la comunicación, cultural y económico. Su ecléctica arquitectura mezcla estilos neoclásico, de entreguerras (Bauhaus y Art Deco), comunista y moderno. En el periodo de entreguerras, la arquitectura de la ciudad y la sofisticación de sus elites le valieron a Bucarest el apodo de "Pequeña París" (Micul Paris). Pese a que muchos edificios y distritos del centro fueron dañados o destruidos por la guerra, terremotos y el programa de sistematización de Nicolae Ceaușescu, la mayoría permanecieron en pie. 
Económicamente, la ciudad es la más próspera de
Rumania y es uno de los principales centros industriales y de transporte de Europa del Este. Como ciudad más desarrollada del país, Bucarest tiene también una amplia gama de instalaciones educativas. La superficie total de Bucarest es de 226 km². Hasta 1989, las zonas circundantes eran principalmente rurales, pero tras la Revolución Rumana se comenzaron a construir nuevos vecindarios alrededor de la ciudad. De hecho, la ciudad en sí administrativamente se conoce como Municipio de Bucarest (Municipiul București) y tiene el mismo nivel administrativo que un distrito, siendo dividida la ciudad en seis sectores
Historia
La historia de Bucarest ha alternado períodos de desarrollo y decadencia de los primeros asentamientos de la Antigüedad y hasta su consolidación como capital en los últimos tiempos del siglo XIX en Rumania. 

Mencionado por primera vez como la Ciudadela de Bucarest, en 1459, se convirtió en residencia del príncipe de Valaquia Vlad Tepes. Los otomanos nombraron administradores de la ciudad a los griegos al comienzo del siglo XVIII. Una revuelta liderada por Tudor Vladimirescu en 1821 puso fin a la dominación de los griegos de Constantinopla en la ciudad. 
La antigua Corte del Príncipe (Curtea Veche) fue construida por Mircea Ciobanul, y bajo los gobernantes posteriores, Bucarest fue establecida como residencia de verano de la corte, compitiendo con Târgovişte como capital del estado después de un aumento de la importancia del sur de Muntenia provocada por las demandas del poder soberano. Bucarest se convirtió en sede permanente de la corte de Valaquia en 1698 (empezando con el reinado de Constantin Brâncoveanu). 
Parcialmente destruida por desastres naturales y reconstruida varias veces durante los siguientes 200 años, y golpeado por la plaga de Caragea, una peste bubónica, en 1813-1814, la ciudad fue arrebatada del
control otomano y ocupado en varios intervalos por parte de la monarquía de los Habsburgo (1716, 1737, 1789) y el Imperio ruso (tres veces entre 1768 y 1806). Estuvo bajo administración rusa entre 1828 y la guerra de Crimea, con un interludio durante la Revolución de Valaquia de 1848 en Bucarest, y una guarnición austriaca tomó posesión después de la salida de Rusia (que se quedó en la ciudad hasta marzo de 1857). Además, el 23 de marzo de 1847, un incendio consumió cerca de 2.000 edificios, destruyendo un tercio de la ciudad.
En 1862, después de que Valaquia y Moldavia se uniesen para formar el Principado de Rumanía, Bucarest se convirtió en capital de la nueva nación, en 1881, y centro político del reino recién proclamado de Rumania bajo Carol I. Durante la segunda mitad del siglo XIX la población de la ciudad aumentó de manera espectacular, y comenzó un nuevo periodo de desarrollo urbano. Durante este período, el alumbrado de gas, paseo en tranvía y la electrificación limitada fueron introducidas. El Dâmboviţa se canalizó también en 1883, poniendo así fin a las inundaciones ya endémicas. La arquitectura extravagante y la alta cultura cosmopolita de este período ganó para Bucarest el apodo de "Pequeña París" (Micul Paris), con Calea Victoriei como sus Campos Elíseos
Entre el 6 de diciembre de 1916 y noviembre de 1918, la ciudad fue ocupada por las fuerzas alemanas a raíz de la batalla de Bucarest y la capital legítima se trasladó temporalmente a Iaşi. Después de la Primera Guerra Mundial, Bucarest se convirtió en la capital de la Gran Rumania. Los años de entreguerras vieron un continuo desarrollo y la ciudad ganó un promedio de 30 000 residentes nuevos cada año. Además, algunos de los monumentos principales de la ciudad fueron construidos en este período, incluyendo el Arcul de Triumf y el Palatul Telefoanelor.  
En enero de 1941, la ciudad fue el escenario de la rebelión de los legionarios y el pogrom de Bucarest. Como capital de un país del Eje y un importante punto de tránsito para las tropas del Eje en el camino hacia el frente del este, Bucarest sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial debido a los bombardeos aliados, y, el 23 de agosto de 1944, fue el lugar del golpe de Estado real que llevó a Rumania al campo aliado, el sufrimiento de un corto período
de bombardeos Luftwaffe, así como un intento fallido por las tropas alemanas de tomar la ciudad por la fuerza. 
Después del establecimiento del comunismo en Rumanía, la ciudad siguió creciendo. Las autoridades construyeron nuevos distritos, la mayoría de ellos dominados por grandes bloques de viviendas. Durante el liderazgo de Nicolae Ceauşescu (1965-1989), gran parte del casco histórico de la ciudad fue demolido y reemplazado por el desarrollo socialista realista, como el Centrul Civic (Centro Cívico), incluyendo el Palacio del Parlamento; un barrio histórico completo fue arrasado para dar paso a las construcciones megalómanas de Ceauşescu. 
La revolución rumana de 1989 se inició con masivas protestas anti-Ceauşescu en Timişoara en diciembre de 1989 y continuó en Bucarest, llevando a la caída del régimen comunista. Insatisfecho con el liderazgo post-revolucionario del Frente de Salvación Nacional, las protestas de las ligas estudiantiles y grupos de la oposición organizada a gran escala continuaron en
1990 (el Golaniad), que fueron detenidos violentamente por los mineros de Valea Jiului (el Mineriad). Varios Mineriads siguieron, cuyos resultados incluyeron un cambio de gobierno. 
Después de 2000 la ciudad fue modernizada y está experimentando una renovación urbana. Las autoridades municipales desarrollaron complejos residenciales y comerciales, sobre todo en los distritos del norte, mientras que el centro histórico de Bucarest está en proceso de restauración. 
Geografía
Bucarest está situado a orillas del río Dâmboviţa, que desemboca en el río Argeş, un afluente del Danubio. Varios lagos —los más importantes son el Herăstrău, Floreasca, Tei y Colentina— se extienden por el norte de la ciudad, a orillas del río Colentina, un afluente del Dâmboviţa. Además, en el centro de la capital hay un pequeño lago artificial, el Cismigiu, rodeado por los jardines Cișmigiu, que tienen una rica historia, siendo frecuentado por poetas y escritores. Inaugurado en 1847 y con base en los planes del arquitecto alemán Carl F. W. Meyer, los jardines son la principal instalación recreativa en el centro de la ciudad. 
Además de Cișmigiu, Bucarest contiene otros parques y jardines, incluyendo el Herăstrău y el Jardín Botánico. Herăstrău se encuentra en el norte de la ciudad, alrededor del lago Herăstrău, y es la sede del Museo Satului, mientras que el Jardín Botánico es el más grande de su tipo en Rumania, contiene más de
10.000 especies de plantas, muchas de ellas exóticas y fue una vez parque de placer para la familia real. Bucarest está situado en la esquina sureste de la llanura rumana, en una zona una vez cubierta por el bosque Vlăsiei, el cual, después de haber sido limpiado, dio paso a una llanura fértil. Como en muchas ciudades, Bucarest tradicionalmente se considera que tiene siete colinas, de forma similar a las siete colinas de Roma. Las siete colinas de Bucarest son el Mihai Vodă, Dealul Mitropoliei, Radu Vodă, Cotroceni, Spirei, Văcărești y Sf. Gheorghe Nou. 
La ciudad cuenta con una superficie de 226 kilómetros cuadrados. La altitud varía de 55,8 metros en el puente Dâmboviţa en Căţelu al sureste de Bucarest, y es de 91,5 metros en la iglesia Militari. La ciudad tiene una forma aproximadamente redonda, con el centro situado en el cruce de los ejes principales norte-sur/este-oeste en la Piața Universității (plaza de la Universidad). El kilómetro cero de Rumanía se sitúa al sur de la Piața Universității frente a la nueva Iglesia de San Jorge
(Sfantul Gheorghe Nou) en la plaza St. George (Piata Sfantul Gheorghe). El radio de Bucarest, desde la Piața Universității hacia los límites de la ciudad en todas las direcciones, varía de 10 a 12 km. 
Las regiones que rodean Bucarest fueron, en su mayoría, rurales, pero a partir de 1989 comenzaron a construirse suburbios alrededor de la capital, en los alrededores del condado de Ilfov. La consolidación urbana tuvo lugar a finales de la década de 2010, cuando se puso en funcionamiento el área metropolitana de Bucarest, la incorporación de las comunas y ciudades de Ilfov y otros condados circundantes. 
La población de la ciudad, según el censo de 2002, es 1 926 334 habitantes, el 8.9 % de la población total de Rumania. Además, hay cerca de 50 000 personas que viajan a la ciudad a diario, principalmente del condado circundante de Ilfov
La población de Bucarest experimentó dos fases de crecimiento rápido, la primera al final del siglo XIX, cuando la ciudad creció en importancia y tamaño, y la segunda durante el período comunista, cuando se emprendió una campaña masiva de "urbanización" y mucha gente emigró de áreas rurales a la capital. En este tiempo, debido a la prohibición por Ceauşescu del aborto y la contracepción, el aumento natural fue también significativo. La población sigue creciendo cada día, porque, a pesar de que la población de Rumania cae, el sitio ofrece mejores condiciones de vida. 
Aproximadamente el 97% de la población de Bucarest son rumanos étnicos, siendo los gitanos el segundo grupo étnico más grande, con un 1,4 % de la población. Otros grupos étnicos significativos son
los húngaros (0,3 %), los judíos (0,1 %), los turcos (el 0,1 %), los alemanes (0,1 %) y los chinos (0,1 %). También se encuentran griegos y armenios, los cuales desempeñaron un importante papel en la vida de la ciudad a finales del siglo XIX e inicios del XX. Uno de los barrios predominantemente griegos es Vitan —donde vivió una población judía también; los últimos estaban más presentes en Văcăreşti y las áreas alrededor de Unirii ajustan—. 
En términos de religión, el 96,1 % de la población son cristianos ortodoxos rumanos, el 1,2 % son católicos, el 0,5 % son musulmanes y el 0,4 % son greco-católicos. 
(De Wikipedia y otras fuentes)

martes, 10 de septiembre de 2019

VERANO 2019. Viaje a Dacia y Transilvania tras las huellas de Trajano (15) De Brasov a Otopeni-Bucarest

15) De Brasov a Otopeni-Bucarest 
 La despedida de Brasov no resultó demasiado grata, porque el desayuno fue en el pub del día anterior (donde no se nos quiso servir por tres minutos de demora) y en el que en esta ocasión nos dijeron que estaba lleno y que habíamos de esperar. Simpatía pura, pero al revés. No se olvide quien viaje: Pub de nombre "Albert". 
Pro como ví que había dos mesas libres, nos sentamos en una de ellas, ante la mirada antipática de quien hacía de encargada, pero que no osó decirnos nada, y suerte tuvo, porque se habría escuchado más de una frase nada agradable. 
Eso sí, una vez sentados, una camarera tan guapa como desagradable de expresión, nos dijo que habíamos de esperar un rato porque "estamos al completo" . Y nos pidió los tickets de desayuno facilitados por Casa Gottica, que entregamos sin reparo. 
Pero al cabo de diez minutos de espera, otra camarera, también guapa pero más antip`´atica aun, nos dijo que si no entregábamos los tickets no nos servirían. Y ahí ya exploté diciéndole que eran unas incompetentes, porque repetían y solamente advertían pero no servían. 
Como ella negara que hubiéramos entregado los tickets, me levanté de la mesa y le obligué a contar los tickets guardados y compararlos con los desayunos servidos. El resultado fue claro: Tenían dos de más: los nuestros. 
¡Y aun nos miraron con enojo!
Pero, bueno, la bondad intrínseca de mi esposa calmó  mi irritación y después de desayunar(el desayuno "a la inglesa" fue bueno y completo) recogimos el equipaje y nos dirigimos a la Avenida Eroilor para cargar nuestro coche. 
Habíamos sobrepasado en veinte minutos el tiempo del ticket de estacionamiento y ya teníamos en el parabrisas la "receta"  correspondiente, en rumano, que guardé por si acaso. 
Salimos de Brasov pasadas las once de la mañana, y por la carretera nacional 1 emprendimos la marcha hacia el sur, en medio de abundante tráfico, que se convirtió en embotellamiento cuando atravesamos el casco urbano de Azuga, más las dificultades orográficas y curvas de Busteni, hasta llegar a la renombrada Sinaia, donde se halla el castillo de Peles y en cuyas cercanías montañosas hay una estación de esquí y deportes de invierno
Después de Sinaia, la ruta hacia Otopeni y Bucarest quedó más despejada, especialmente cuando después de Ploiesti la calzada se convirtió en doble en casa sentido. 
Eran más o menos a las dos y media de la tarde cuando llegamos al Hotel Rin, en las cercanías del aeropuerto Otopeni, donde descargamos el coche, nos aposentamos en la habitación, descansamos un rato, y salimos en la furgoneta de transfer hacia el
aeropuerto, para tomar allí el autobús de la línea 78, que llevaba al centro de Bucarest. 
En el aeropuerto compramos los bonos del bus, relativamente baratos, pues importaron 14 lei para ida y vuelta de dos personas, algo así como tres euros y pico, y en un vehículo amplio y confortable, con potente aire acondicionado (hacía mucho calor ambiental) nos dirigimos hacia la capital de Rumanía. De eso narraré en la próxima entrada.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

El Aeropuerto Internacional Henri Coanda es el más importante del país; está a 18 km al norte del centro, en la localidad de Otopeni, por lo que se le conoce habitualmente por ese nombre. A pesar de que Rumanía sigue siendo un país barato dentro de la Unión Europea, los precios en las tiendas y restaurantes del aeropuerto son el doble que en el resto del país.
AUTOBÚS
Hay dos líneas de bus exprés para ir al aeropuerto, o así se hacen llamar, pero de exprés no tienen nada, sed detienen en todas las paradas.Los vehículos son modernos pero no están acondicionados para el equipaje.
Bus exprés 783:

  • Destino: desde el aeropuerto hasta Plaza Unirii, la zona más al sur del centro de la ciudad, pasando por algunas zonas habituales para los turistas, como las plazas Victoriei y Universitatii.
  • Horarios: todos los días. Cada 20 minutos aproximadamente durante el día y cada 40 por la noche, 24 horas. En la web oficial de transportes están los horarios disponibles para descargar en formato pdf
  • Duración: en teoría son 40 minutos hasta la Plaza Uniri, más en hora punta y menos por la noche.
    • Al llegar, a las 6:30 pm un jueves, y tardamos más de una hora en llegar a Unirii.
    • Y al volver, un lunes a las 11:45 am, tardó 55 minutos.
  • Precio: los billetes y tarjetas de transporte se compran en un kiosco y una máquina en Salidas y Llegadas del aeropuerto, los conductores no venden billetes:
    • Se puede comprar un ticket suelto normal, pero cuesta 8,6 Lei por trayecto. Hay que validarlo al subir al bus.
    • Mediante tarjetas electrónica cuestan 3,5 Lei por trayecto:
      • Activ Card, cuesta 3,7 Lei. Hay que comprar la tarjeta y después recargarla para usarla (en el kiosco se puede pedir comprarla y ellos recargan el número de trayectos que pidamos).
      • Multiplu, cuesta 1,6 Lei. Hay dos opciones, un pase de un día por 8 Lei, o comprarla con el número de trayectos que sepamos que vamos a realizar, mínimo 2 y máximo 10. Una vez gastados, no puede recargarse.


Bucarest 1. tarjeta Transporte, bus 783 aeropuerto, Rumania. Bucharest airport Romania Activ smart card
Bucarest 2. Transporte, bus 783 aeropuerto, Rumania. Bucharest airport Romania kiosco kiosk
Kiosco de compra de billetes de autobús a Bucarest
Bus exprés 780:

  • Destino: va desde el aeropuerto a la Estación Principal de Tren o Estación Norte (Bucaresti Nord o Gara Nord), que está lejos del centro, siendo lo más aconsejable continuar en metro. 
  • Horarios: todos los días, cada 40 minutos aproximadamente, de 5:30 am a 11 pm. Los horarios en pdf también se pueden consultar en la web oficial: 
  • Duración: tarda unos 45 minutos.
  • Precio: el precio y sistema de pago es similar al del bus 783.
(De Internet y otras fuentes)

VERANO 2019. Viaje a Dacia y Transilvania tras las huellas de Trajano (14.2) Brasov, su cultura y vivencia; con turistas por todas partes

(14.2) Brasov, su cultura y vivencia; con turistas por todas partes
Después de haber descansado bien, nos dispusimos a desayunar en un pub próximo al alojamiento, de nombre “Albert” en el que se nos indicó se servían los desayunos.
No reparamos en la hora límite y cuando llegamos al pub, a unos veinte pasos del hotel, una mocita que estaba sentada en el jardín con un cigarrillo en la mano, nos dijo que el tiempo del desayuno ya había expirado y comprobamos que pasaban ¡tres minutos! de las diez de la mañana. Indicamos que solo

pasaban tres minutos, pero la chica en tono displicente nos dijo que primero iba a acabar su cigarrillo y después, si acaso, intentaría atendernos, lo cual no hizo porque dos minutos más tarde nos dijo que la cocina había cerrado y se negó servirnos ni siquiera un café.
Así que, enojados por la mala atención, en la strada Republicii, frente al Irish Pub, hallamos un buen desayuno con charcutería, salchichas y huevos.
Repuestas las fuerzas acudimos al centro de la ciudad, nada lejano, y en la Piata Sfatului (o del Consejo) comenzamos a buscar la calle Diaconul Coresi, porque debíamos entregar a un tal Mihail,

empresario de antigüedades, una novela dedicada ("Invierno de amapolas") por el autor, que nuestro buen amigo, el escritor español Tito del Muro, nos había pedido le llevásemos,
Pero, hete aquí, que la tienda antigüedades estaba cerrada y había un letrero que indicaba se telefoneara a un tal Luca, a un número. Eso hice, pero un contestador respondió que dejara mensaje en rumano o en inglés. Dejé el mensaje. Nunca no hubo, ni la ha habido después, respuesta.
Tras el fallido intento de entrega comenzamos a pasear por dicha plaza Sfatului, que, como en Sibiu, era más de restaurantes y de bares que de monumentos, pero aun pudimos fotografiar el antiguo ayuntamiento (hoy museo) en el centro de la

plaza, y visitar la iglesia de San Nicolás, y pasear hasta la llamada Biserica Neagra (Iglesia Negra), la Catedral Catolica.
Tuvimos curiosidad en llegar a la que se anunciaba como “la calle más estrecha de Europa”, yendo por la strada Nicolae Balcescu hasta la Michael Weiss. Ciertamente, la callecita, Strada Sforii, era muy
estrecha y obtuve unas fotos para la debida constancia.
Retornamos a la Piata Sfatului y allí tuvimos la desdicha de intentar tomar un café en un establecimiento llamado “Luther Brasserie & Lounge” donde después de media hora apareció un camarero a quien pedimos café, y nos trajo Coca-Cola, por lo que llamamos a otro, que entendió todavía menos; y cuarenta y cinco minutos después un hombre con facciones turcas se dignó hacernos caso, por lo que veinte minutos más tarde tomamos café, pero que estaba más que frio. Pedí la cuenta y como demoró más de quince minutos, dejé el importe que calculaba debía pagarse sobre la mesa.
Un desastre de servicio, del que se quejaron otros clientes junto a nosotros, pero que parece ser sin solución, por la nula cualificación de los trabajadores.
Decidimos en la larga espera del frío café acudir a la Catedral Católica, o Biserica Neagra, para visitarla, y a la salida comprobamos que se anunciaba por la
tarde un concierto de coro y órgano, y compramos las entradas.
A la hora del concierto, ya entrando en la catedral nos sorprendió la gran afluencia de público, hasta el punto de que se llenó completamente.
Mientras contemplábamos la belleza de su planta gótica y de los remates alegóricos de sus capiteles, escuchamos con deleite el magnífico órgano, que interpretó diferentes composiciones de Strauss, Vivaldi y otros autores, aderezado ello por los cantos de una soprano y alguna coreografía. 
El organistra era Steffen Schlandt, y la soprano, Cristina Radu. El concierto se titulaba "Aparición de la lunha", y en él se interpretaba composiciones de Richard Strauss, Gustav Mahler, Max Reger, Claude Debussy y Maurice Ravel
El concierto resultó interesante, aunque nada extraordinario, porque el órgano, magnífico, quedaba un poco neutralizado por las interpretaciones de la soprano y el coro, resultando más un concierto de coro y soprano que de órgano. Valió la pena, pese a todo, especialmente el "Bolero", de Ravel, al órgano.¡Ah! Se rogaba no aplaudir.
Tras el concierto vino la cena, y en las cercanías de la strada Republicii, en el restaurante La Ceaun, gozamos comiendo un muy sabroso codillo de cerdo (ripcher, en alemán), y una sopa de verduras rumana.
Un muy buen helado cerró la jornada y volvimos a

subir la angosta escalera hasta casa Gottica, donde el sueño nos fue invadiendo.
¿Resumen de Brasov? Demasiado repleta de turistas, con mal servicio, pero con belleza arquitectónica y recuerdos históricos.
Habrá que volver para conocer todos sus alrededores.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA 
...
Recorrido por Brasov: 
Monumentos destacados
Se puede comenzar el recorrido en la Plaza del Consejo (Plaza Sfatului ) que esta justo en el centro de Brasov, en la parte medieval de la ciudad. Está llena de edificios y aún se conservan restos de la antigua fortaleza. Lo más característico de la plaza son sus los tejados rojos de sus edificios.
En la misma plaza, se encuentra el Antiguo Ayuntamiento, que ahora es el Museo de Historia de Brasov. En esta misma plaza está la Iglesia Negra, que es el símbolo de Brasov. Se llama así por un incendio que se produjo en 1689, donde se ennegreció sus paredes.
En la misma plaza está la Torre del Trompetista. Además, puede verse la Casa del Mercader, que hoy en día es un restaurante. También hay que visitar la Catedral Ortodoxa, característica de Brasov.
El centro histórico de Brasov es peatonal por lo que no hay problemas de tráfico
Otros de los monumentos que hay que ver  son las Torres Blanca y Negra y el Bastión de los Herreros, donde se encuentran actualmente los más de cien mil documentos antiguos y raros, entre los que se encuentra la carta más antigua escrita en rumano en 1521 por un comerciante.
La conocida Puerta de Schei era la entrada al barrio de Schei, desde donde se entraba a la ciudad amurallada.
Dentro del barrio de Schei, es recomendable hacer un pequeño recorrido desde la Strada Prundului hasta la Plaza Unirii, y aprovechar para ver la iglesia de San Nicolás.
En la otra parte de la muralla está la Puerta de Santa Catalina, la única puerta que ha sobrevivido de la época medieval. Y cerca está el Bastión de Los Tejedores
Hay muchos más monumentos para visitar en Brasov, pero éstos son algunos de los más importantes.
Gastronomía
En Brasov son muy típicos la carne con verduras, como el guiso de carne de cerdo, de ternera o de

pollo con cebollas fritas,…
Un plato muy característico es la Papricas, un guiso de pollo con tomate, que está muy bueno, y que te es fácil de encontrar. Otro plato típico es el Haiduc,  otro guiso con col, nabos con carne y arroz, también está el queso empanado que está muy bueno y que se suele vender mucho a los turistas.
Y ya más de la gastronomía de Rumanía en general, se puede encontrar  platos como: el Sarmale,

rollitos de carne en hojas de col, acompañados de “mamaliga”, una especie de harina de maíz mezclada con agua.
Otro plato típico es el Mici, como un rollito relleno de carne picada, ajo y otras especies . 
(De Wikipedia y otras fuentes)