THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA

THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA
La magnificencia del paisaje en The Monument Valley, la belleza del entorno, las reminiscencias de un pasado de tantos y tantos viajeros que cruzaron el Far West, protagonizando aventuras míticas entre las tribus indias y buscando un futuro mejor...Y al igual que esa ruta invita a seguir hasta más allá del horizonte, hasta el infinito, el Monument Valley, suscitando mil experiencias viajeras y recuerdos, se convierte en el icono de este blog que pretende rememorar las emociones y experiencias del conocimiento de nuevas tierras, nuevas culturas y nuevas gentes. Sin descartar que invada la nostalgia evocando vivencias personales de épocas ya pasadas pero nunca olvidadas.

lunes, 12 de septiembre de 2016

PERIPLO POR EUROPA 2016.- XI .- Camino de Cinque Terre, en Liguria, con paradas en Siena y Pisa


La ruta desde Florencia hasta Cinque Terre, en Liguria, hacía casi obligatorio pasar por Pisa, y en atención a uno de nuestros viajeros que no la conocía, decidimos desviarnos por hasta Siena.
La carretera desde Florencia a Siena, aunque de dos bandas separadas y dos carriles por banda, dista mucho de poderse llamar autovía, por las rugosidades y bacheados que presenta, pese a lo cual siempre se agradece que al menos no haya vehículos circulando en sentido contrario. 
Los 55 kms, entre las capitales de Florencia y Siena se recorren en unos 45 minutos, aunque llegando al destino hay que acometer la tarea nada fácil de hallar aparcamiento, no en el centro de la ciudad, en el que el tráfico está muy restringido y casi prohibido, sino en las varias áreas habilitadas para el estacionamiento. Y hay que tener especial cuidado en no aparcar demasiado lejos, porque como Siena es una ciudad situada sobre un montículo, si se  deja el vehículo en lugar aparcado, después hay que recorrer un incómodo trayecto siempre cuesta arriba.
Aunque el calor no era tan intenso como en Florencia, se hacía pesado el caminar, mientras admirábamos la planta medieval de esta capital, casi en circulo en derredor de un centro que podía ser la catedral (Duomo) y la plaza del Campo, en un plano inferior.
Recorrimos varias calles hacia arriba, visitando varios palacios, con especial atención al Ghighi, de un prohombre y noble que se ocupó especialmente de conservar y estimular la cultura musical.
Finalmente se alcanza la Piazza del Campo, emblemática por demás, de especial belleza por su amplitud, por la torre y palacio que la presiden, y en la que, como es sabido, se celebra ca año la famosa carrera del "Palio", en la que jóvenes jinetes contienden alrededor de la plaza en busca del trofeo final del ese palio o gran bandera.
La plaza está siempre muy concurrida y en su derredor se han instalado todos los bares y restaurantes que pudiera imaginarse, dando una vez más la censurable imagen de la Italia mercantilista que aprovecha el turismo.
Después de contemplar la preciosa plaza y tomar unas pizzas y un panini --bocadillo-- (en el suelo, pues ni un solo banco o asiento existía, salvo los de los bares y restaurantes) a precios un poco menos abusivos que los de las ciudades que habíamos visitado antes, ya repuestas fuerzas, re-emprendimos el ascenso hacia el Duomo, la catedral con una bella torre, del mismo mármol que la de Florencia, deteniéndonos en contemplar con detalle las artísticas estatuas insertas en la fachada y el bello retablo que preside la entrada principal.
Nos fuimos marchando (ahora cuesta abajo) en dirección a nuestro coche, porque queríamos pasar por Pisa (para contribuir un poco a que la famosa torre no se inclinara más), y salimos en dirección a dicha ciudad, por una carretera atiborrada de camiones y
tránsito, hasta que alcanzamos la autopista Florencia-Pisa, que nos permitió resarcirnos un poco de pasadas marchas lentas.
Cuando entramos en Pisa, hallamos un aparcamiento (¡barato!) en las cercanías de la ciudad antigua y entramos tras las murallas, accediendo al conjunto arquitectónico más famoso, en el  que, desde el primer instante, nuestro yerno, Pau, quedó boquiabierto al contemplar la torre con toda su inclinación, y se lanzó a hacer las tradicionales fotos del monumento con nuestra hija y él mismo en posiciones que semejaban sujetarlo, además de fotografiar, como no podía ser menos, la catedral y el baptisterio, otros preciosos ejemplos arquitectónicos.
Aún debíamos llegar a Beverino, dejando la región de la Toscana, en la que nos hallábamos, para entrar en la de Liguria.
Por la autopista Roma-Génova no demoramos demasiado en llegar a la salida hacia Beverino, por la que nos adentramos, en medio de frondosísima vegetación, en una serie de montañas y bosques, curvas en la carretera por doquier, hasta dudando de si nuestra ruta era la correcta, pero el navegador de nuestros móviles nos acercó bastante bien hacia el destino, en una quebradísima carretera, que de repente perdió el asfalto, aunque nos permitió llegar (roces con piedras del camino incluidos) hasta la casa que nos iba a acoger por tres noches.
Estaba iniciándose el ocaso, pero los mil aromas del bosque, y la frescura que emanaba la frondosa vegetación nos sedujeron al instante, y en llegando a la casa nos estaban esperando Daniele y Leticia, el dueño y su pareja.
Daniele solamente hablaba italiano, aunque muy inteligible, y Leticia hablaba bastante bien el español, ya que nos dijo que ella era de origen argentino, pero vivía muchos años ya en La Spezia.
Nos enseñaron toda la casa, que era una preciosidad por dentro, especialmente en su rusticidad, con mucho gusto equipada, hasta con jacuzzi, y tres terrazas.
Quedamos muy satisfechos del amable recibimiento y  de lo que comprobamos, y hasta Daniele regaló a las mujeres unos tarritos de la miel que allí mismo se producía, pues en la planta de sótano, que por el desmonte se convertía en planta baja, existía explotación apícola con muchos panales de abejas.
Ya había anochecido y nuestro apetito se había incrementado con tantos estímulos visuales y olfativos, por lo que en una casa de Agriturismo cercana, previa recomendación de Leticia, cenamos
muy a gusto unos tortellini, penne y otras especialidades italianas, con un buen vino y unos postres de pannacotta que nos deleitaron
Al regresar a nuestra "casa escondida en el bosque", poco tardamos en buscar el descanso, ya que el día había sido duro.
Eso sí, antes de dormirnos, escuchamos como unos ruidos y arañazos sobre el techo de la casa, y reparamos entonces que se nos había dicho que en la zona bajo tejas moraban por las noches unos animalitos protegidos, de la clase ratonil, similares a los hamsters, que allí acudían por las noches para sus cortejos nupciales y cosas por el estilo.
¡Más natural imposible!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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