THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA

THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA
La magnificencia del paisaje en The Monument Valley, la belleza del entorno, las reminiscencias de un pasado de tantos y tantos viajeros que cruzaron el Far West, protagonizando aventuras míticas entre las tribus indias y buscando un futuro mejor...Y al igual que esa ruta invita a seguir hasta más allá del horizonte, hasta el infinito, el Monument Valley, suscitando mil experiencias viajeras y recuerdos, se convierte en el icono de este blog que pretende rememorar las emociones y experiencias del conocimiento de nuevas tierras, nuevas culturas y nuevas gentes. Sin descartar que invada la nostalgia evocando vivencias personales de épocas ya pasadas pero nunca olvidadas.

martes, 28 de julio de 2015

ESTA ESPAÑA NUESTRA: TURISMO VACACIONAL 2015 CON EXPERIENCIAS FLUVIALES.- DUERO, SIL Y MIÑO. II.- LAS ARRIBES DEL DUERO

El parque natural de Arribes del Duero es un espacio natural protegido del oeste español y más concretamente del noroeste de la provincia de Salamanca y el sudoeste de la provincia de Zamora, en la comunidad autónoma de Castilla y León, junto a la frontera portuguesa.
Arribes, arribas y arribanzos son los vocablos leoneses utilizados para denominar la geomorfología que presentan los ríos Águeda, Duero, Esla, Huebra, Tormes y Uces en este territorio Ésta se caracteriza por una zona de depresión o de altitud más baja y otra de penillanura o de altitud más elevada, siendo los arribes las pendientes escarpadas que se sitúan a ambos lados de estos ríos.
En casi toda la zona protegida, los encajonamientos de los cursos fluviales de los ríos Duero y Águeda hacen de frontera natural entre España y Portugal. La Junta de Castilla y León incorporó este territorio a su red de parques naturales el 11 de abril de 2002. El Gobierno portugués hizo lo mismo con su parte algo antes, el 11 de mayo de 1998, bajo el nombre de parque natural del Duero Internacional.
Los grandes desniveles su orografía, el alto caudal del Duero y los numerosos ríos que en él desembocan, convierten a esta zona en uno de los puntos de mayor potencial hidroeléctrico de toda la península ibérica. Por ello, se fueron construyendo una red de presas y embalses conocida como Saltos del Duero. Su peculiaridad orográfica es además la razón de la existencia de un inusual microclima mediterráneo que contribuye a la diversidad vegetal y convierte al parque en un lugar idóneo para el refugio de la fauna salvaje, especialmente para las aves.
Su ubicación fronteriza, alejada de los grandes núcleos de población y con escasas infraestructuras, ha propiciado un continuo proceso de despoblación de sus pueblos aunque también ha permitido la conservación de un amplio patrimonio histórico, cultural y natural, entre el que destacan sus numerosas costumbres y tradiciones. En los últimos años, con la creación del parque natural, han llegado algunas iniciativas inversoras relacionadas con el turismo y el comercio minorista transfronterizo. Esta circunstancia ha evidenciado que sea
necesario preservar y potenciar su hábitat natural, su patrimonio y sus tradiciones socioculturales, principales propulsores de su economía.
Etimología
Arribes, arribas y arribanzos, son vocablos en lengua leonesa, con derivación etimológica del latín «ad ripa-ae», que significa a la orilla. Arribas, en su forma femenina «las arribas» era usado en las comarcas de Sayago, Aliste y La Ribera, así como en la zona colindante portuguesa, para referirse a las depresiones geográficas del Duero, el Esla, el Huebra, el Tormes y el Uces. Para los zamoranos existía además el término «arribanzo», algo más conciso, con el que se referían a los enormes roquedos o gigantescas rocas graníticas que forman los valles. Posteriormente, Arribes, en su forma femenina «las arribes» comenzó a usarse por los naturales de la comarca salmantina de La Ribera para referirse a la misma geomorfología.
En las últimas décadas, por influencia externa de la administración y de algunos medios de comunicación, se ha ido imponiendo la denominación «los arribes», en masculino.
Geografía
La orografía del parque se caracteriza por la existencia de arribes. Existen
arribes del Águeda, arribes del Duero, arribes del Esla, arribes del Huebra, arribes del Tormes y arribes del Uces. Son el conjunto de la zona donde se manifiesta la erosión milenaria de estos ríos. Presentan una zona de depresión o de altitud más baja y otra de penillanura o de altitud más elevada. En algunos puntos existen desniveles de hasta 400 m.
Las profundas incisiones de los ríos Duero y Águeda que sirven de frontera natural entre España y Portugal, dividen una zona de idénticas características entre ambos países. El Duero y sus afluentes son el elemento común y nexo de unión de todo un territorio que se extiende linealmente a lo largo de más de 120 km. El Duero es internacional desde la presa de Castro hasta Barca d'Alva. En este lugar se le une el río Águeda, que es internacional desde esta aldea hasta el lugar donde se le une el río Turones, cerca de La Bouza. La parte española, declarada Parque Natural de Arribes del Duero, se extiende sobre una superficie de 106.105 hectáreas mientras que la parte portuguesa, declarada Parque natural del Duero Internacional, se extiende sobre una superficie de 85.150 hectáreas. Los dos parques suman una superficie de 191.255 hectáreas, lo que convierte a esta zona en una de las áreas protegidas más grandes de Europa. En los últimos años se está estudiando su declaración como reserva de la biosfera.
Hidrografía
La red hidrográfica de las arribes viene marcada de manera vertebral por el río Duero, siendo sus afluentes más importantes el Águeda, el Esla, el Huebra, el Tormes y el Uces.
El fuerte desnivel provocado por el Duero y sus afluentes, unido a otros factores como la impermeabilidad del terreno, la escasa población y la alta rentabilidad económica de la energía hidroeléctrica, han provocado una inusual concentración de presas y embalses en este territorio. Entre ellas las españolas de Aldeadávila, Almendra, Castro, Ricobayo, Saucelle, Villalcampo y las portuguesas de Bemposta, Miranda y Picote.
Las arribes constituyen una geografía a salvo del viento y más expuesta al sol debido a su menor altitud. Por ello, en el parque existen dos climas.
En las zonas de valle se puede disfrutar de un microclima mediterráneo que suaviza las temperaturas, mientras que en las zonas de penillanura incluidas dentro de la demarcación, se puede observar ya el clima continental propio de la penillanura zamorano-salmantina, donde los inviernos son más fríos y acusados.
Demarcación, municipios y localidades
La demarcación del parque comprende (total o parcialmente) la superficie de 37 términos municipales:
Ecosistemas
La fauna y la flora de este espacio natural brilla por la gran riqueza y variedad de especies que las componen. La singularidad del clima junto con la peculiaridad de la orografía, favorecen la existencia de un ecosistema natural de singular belleza. Las especies animales y vegetales que habitan en el parque natural, constituyen una síntesis de entre las que se pueden encontrar en el clima mediterráneo de los valles y en el clima continental de la penillanura. En esta demarcación habitan unas 200 especies de aves, al menos 45 de mamíferos, 16 de peces, 11 de anfibios y 17 de reptiles.
La diversidad animal es uno de los motivos más importantes por los que la zona se declaró parque natural. Destaca el elevado número de aves, tanto nidificantes como hibernantes. Los arribes de los ríos, las grandes masas forestales y los numerosos cursos fluviales, constituyen en conjunto, el hábitat perfecto para numerosos animales, especialmente para las aves. En España existen 465 tipos, en Castilla y León 334 y en este parque al menos 200.
Aves
La cigüeña negra es el ave más emblemática. Los huecos y recodos del arribanzo son el lugar elegido para la nidificación de esta ave que en España está incluida dentro de las especies con posible peligro de extinción. Es por tanto este espacio natural, un punto clave para la conservación de esta especie.
Junto con la cigüeña negra, las grandes rapaces constituyen las otras nidificantes más significativas e importantes del parque. Entre ellas, la forma del buitre leonado es la más sencilla de reconocer, pues campea a sus anchas por toda el área. En 2005 tenía una población de 550 parejas. También destacan y son relativamente fáciles de reconocer las siluetas del alimoche (75 parejas en 2005), el búho real (25 parejas en 1992), el águila real (24 parejas en 2005), el águila perdicera (17 parejas en 2005), el milano real (9 parejas en 2005) y el halcón peregrino (6 parejas en 2005).[3 Menos insólitas, destacan las poblaciones de chova piquirroja (159 parejas en 2005) y cigüeña blanca (115 parejas en 1999).
Mamíferos
De las noventa especies de mamíferos existentes en la península Ibérica, al menos cuarenta y cinco se han observado en esta zona. Es destacada la presencia de murciélagos, de los que se calcula la presencia de catorce tipos. En su proliferación ha tenido especial trascendencia el abrigo proporcionado por los roquedales de los acantilados y el especial clima benigno de la zona.
Pasando a enumerar las especies terrestres, reseñar la presencia de ejemplares tan escasos como son el gato montés y el tejón.
Uno de los mamíferos cuya presencia despierta un especial interés, por su escasez y galopante regresión en el continente europeo, es la nutria. La construcción de numerosos embalses fue antaño la principal causa de su casi completa desaparición en el Duero, de la que escasamente se ha ido recuperando con el paso del tiempo.
El lobo sigue presente aunque en menor medida que antaño debido al temor que produce en los ganaderos, ya que de vez en cuando se producen ataques a ovejas y otros animales. Al sur del Duero está protegido por la Unión Europea y se prohíbe completamente su caza para favorecer la recuperación. Hace unos años estaba prácticamente extinto y sólo se avistaba alguna vez que cruzaba
desde el norte zamorano o portugués. Otros mamíferos, ya relativamente más abundantes, serían el zorro, jabalí, jineta, conejo, liebre, erizo, comadreja, garduña y lirón careto.
Peces
La actual diversidad de peces es consecuencia directa de la intervención humana pues la mayoría han sido introducidos, no pertenecen al ecosistema original. De las cincuenta y seis especies que habitan las aguas continentales españolas, en las arribes están presentes dieciséis. Entre los ejemplares que se encuentran en las aguas del parque natural hay especies autóctonas como el barbo común, boga, colmilleja, la pardilla y calandino, gallego, bermejuela, escallo y especies exóticas como el lucio, carpín, carpa, gobio, tenca, gambusia, percasol, black-bass.
Anfibios y reptiles
De las veintisiete especies contabilizadas en suelo español, al menos dieciocho están en Castilla y León y once en los arribes, de las que al menos dos son endémicas: tritón ibérico y sapo partero ibérico. Son abundantes el sapo común, sapo corredor, tritón jaspeado, rana de san Antonio y la salamandra común.
De los cuarenta y un tipos de anfibios presentes en suelo español y los treinta en suelo castellanoleonés, en las arribes se han contabilizado hasta diecisiete especies. Los más abundantes son el lagarto ocelado, la lagartija colilarga, el bastardo y la culebra escalera. Estos a su vez se han convertido en elementos clave de la alimentación de las rapaces diurnas, por la disminución progresiva de otros animales como conejo y perdiz.
Vegetación
La importante diversidad vegetal existente en el parque es consecuencia directa de la peculiaridad geográfica y climática de la zona, y es que el clima mediterráneo presente en los arribes permite por ejemplo cultivar variedades no habituales en la meseta. A finales del siglo XIX se llegó a ver incluso caña de azúcar. Esto es posible debido a que los inviernos son más cortos y por tanto el periodo libre de heladas es más amplio.
En las arribes y a pesar de esto, todavía se conservan numerosos bosques de gran valor ecológico debido a que la dificultad para cultivar en las pendientes escarpadas, frenó la realización de las faenas del campo en ellas. La mayoría de los bosques del parque están compuestos por robles. Coexisten con los de alcornoques, almeces, encinas y enebros. Las extensiones de matorral están formadas por chumberas, jaras, piornos, retamas y tomillos.
El bosque más importante del espacio natural protegido es el almezal de Mieza pues se establece en una superficie superior a las 250 ha y se considera el más extenso de Europa. También destaca el enebral de la Peña del Águila en Cozcurrita, donde se conserva una subespecie de enebro única en Europa.
La vid es el cultivo más extendido. Destacan las catorce bodegas que elaboran los vinos de la Denominación de Origen Arribes en Aldeadávila, Ahigal de los Aceiteros, Fermoselle, Fornillos de Fermoselle, La Fregeneda, Pereña de la Ribera y Villarino. Además de esto, se pueden ver algunas extensiones importantes de olivos en Aldeadávila, Ahigal de los Aceiteros, Fermoselle, La Fregeneda, San Felices, Mieza, Vilvestre y Villarino. Así mismo, quedan varios campos de almendros en Hinojosa de Duero, Mieza, Saucelle y los más importantes en Fermoselle, La Fregeneda y Vilvestre. Los naranjos también tienen presencia en esta misma zona, sobre todo en Vilvestre.
La cultura celta
La cultura celta irrumpe en estas tierras hacia el primer milenio antes de Cristo. Los numerosos castros, verracos, estelas, fíbulas, broches, anillos y cerámicas encontrados nos remiten al pueblo vetón, aunque su presencia al norte del
Tormes pudo ser compartida con otro pueblo celta, el vacceo.
La dominación romana
Las calzadas romanas son el legado más característico del imperio romano. Por el norte existían la que unía Zamora con Fermoselle y la que unía Pereruela con Miranda do Douro atravesando los arribes. Por el sur existían la que unía Salamanca con Ledesma y Ledesma con Zamora.
La dominación árabe
La presencia árabe fue notoria en los arribes. Existe un tramo de cercas árabes del siglo X junto a la Ermita de la Santa en Aldeadávila de la Ribera así como otros vestigios junto a la ermita de Nuestra Señora del Castillo en Pereña de la Ribera.
Reconquista e integración en el Reino de León
La época clave para la organización demográfica del área que ocupa el parque natural se da en la Alta Edad Media, cuando se emprende la conquista y repoblación de la zona por parte de los monarcas del Reino de León, reino que surge a partir del Reino de Asturias de Don Pelayo y del que luego se subdividirían y/o desgajarían el Condado de Castilla, el Reino de Galicia y el Reino de Portugal. La repoblación planteó una disposición muy distinta de la actual, basando su desarrollo en el modelo repoblador gallego, que consistía en disponer muchas aldeas de pequeño tamaño y muy próximas entre sí, esquema que a la larga hizo insostenibles a muchas de ellas.
Edad Moderna
A partir del siglo XV, con la reducción de los concejos que tenían derecho a voto en las Cortes de Castilla y León, se empieza a configurar el espacio provincial que separará esta zona en las provincias de Zamora y Salamanca. De este modo, las localidades que hasta entonces dependían de los concejos de Ledesma y Ciudad Rodrigo para el voto en Cortes, pasaron a hacerlo del de Salamanca. Las provincias que se crean para las Cortes de Castilla y León de 1425 hacen frontera en esta zona en base a los límites eclesiásticos que establecieron los monarcas leoneses en la Alta Edad Media al instaurar las diócesis de Zamora y Salamanca, con el río Tormes como frontera entre ambas.
Demografía
En 2010, la población total de los términos municipales incluidos (total o parcialmente) en la demarcación del parque, era de 16.514 habitantes (INE 2010), mientras que en el año 2000, era de 19.718 habitantes (INE 2000).
Lugares de interés   
Fermoselle y San Felices de los Gallegos están declaradas conjunto histórico-artístico. Fueron fortificadas debido a su situación estratégica y pronto se constituyeron como dos importantes baluartes defensivos de la frontera. Actualmente son dos ejemplos de conservación de la arquitectura tradicional.
De los cuatro castillos con los que cuenta el parque, el mejor conservado es el de San Felices de los Gallegos. Más deteriorados se presentan los de Fermoselle y Vilvestre puesto que sólo quedan algunos restos. Del castillo de Sobradillo persiste la torre del homenaje, en la que hoy se ha instalado la casa del parque de la zona salmantina. El Fuerte Nuevo de Torregamones es otro ejemplo de edificación militar defensiva.
Al margen del patrimonio con protección legal específica, existen otros bienes que también reflejan esos rasgos diferenciadores de la identidad cultural de la comarca natural de los arribes. Entre ellos, destacan las bodegas subterráneas de Fermoselle que, labradas sobre la propia roca subterránea, forman una ciudadela sumergida, con entradas angostas que desembocan en enormes galerías, sostenidas por arcos de medio punto.
La importancia que tienen las obras de ingeniería civil modernas como referencias históricas y turísticas de la zona es muy relevante pues no sólo la antigua infraestructura ferroviaria atrae numerosos turistas, también las
centrales hidroeléctricas. La presa de Aldeadávila, la presa de Almendra, la presa de Castro, la presa de Ricobayo, la presa de Saucelle y la presa de Villalcampo son especialmente visitadas por la espectacularidad de sus obras y las vistas que ofrecen.
«La Peña Gorda» es una gigantesca roca granítica de más de 40 metros de altura y 70 de diámetro, situada en la localidad salmantina de La Peña. Es singular por sus dimensiones pues desde ella se pueden obtener unas vistas muy amplias y hacen que sea perfecta para practicar la escalada.
Paisajísticamente destaca el valle donde confluyen los ríos Duero y Tormes, situado entre Fermoselle y Villarino, que se conoce popularmente como el paraje de Ambasaguas o Las Dos Aguas, así como los valles en los que desembocan dos de los afluentes del Duero en la parte salmantina. El de Barca d'Alva es muy visitado por ser el lugar donde se sitúa el muelle de Vega Terrón, a donde llegan desde Oporto los cruceros por el Duero portugués. En este punto confluyen los ríos Águeda y Duero y destaca también por ser el punto donde se sitúa el puente internacional ferroviario de la vía verde de las Arribes. El otro valle del parque que destaca por sus paisajes es el de la presa de Saucelle, en donde el Huebra se une al Duero.
(De Wikipedia y otras fuentes)
...
Después de un buen descanso en el hotel “Corazón de les Arribes” y de un buen desayuno continental, al medio despedirnos de Elvira, creo que la propietaria y responsable (iba a ser más tarde la guía en la excursión fluvial), charlamos algo sobre la actual situación de la hostelería y turismo en la zona de Aldeadávila, que no acaba de asentarse, en buena parte por la falta de profesionalidad de muchos de los que pretenden ser empresarios turísticos sin la menor capacitación para ello.
Todo lo contrario comprobamos en nuestra interlocutora, quien además de denotar una buena cultura y un muy buen lenguaje, había demostrado sus expertas cualidades, ya que el hotel se presentaba muy limpio y adecuado para su finalidad, con un servicio más que correcto y con un ambiente propicio al descanso, abundando en ello la cordialidad del personal.
Tras el desayuno nos dirigimos, por Corporario, a la playa del Rostro, a la que
se accede por una asfaltada carretera, con la bajada hasta el río por varias curvas casi de herradura.
La llegada a la playa y al río ofrece la belleza del Duero casi salvaje, como aprehendido en lo bajo de las arribes, brindando sus aguas calmas y abundantes entre recodos y creando una especial sensación de natural paz.
El barco anclado en el embarcadero anunciaba la posibilidad de la excursión que íbamos a realizar.
Y como el paraje estaba desierto (solamente estaba en el barco y alrededores Manolo, quien después sería el piloto de la singladura), nos regocijamos paseando por la playa y observando el verde de las arribes y los tornasoles en las aguas del río.
Ya habíamos reservado nuestros pasajes (a precios razonables) y por ello esperamos a que apareciera Elvira –la del hotel de nuestra pernocta— quien abrió la taquilla. Fue significativo que de las cien plazas con que contaba el barco, solamente quedaban sin reservar unas diecisiete, para las que ya esperaban nuevos turistas.
Una vez en nuestro transporte, analizamos que se trataba de un barco con cubierta transparente y ventanales que podían abrirse y dotado de un sistema de refrigeración tan natural como pequeñas rachas de lluvia artificial.
La guía, nuestra conocida Elvira, se asentó al frente de la nao y comenzó a explicar con detalle y culta dicción todo lo atinente a la zona, denominaciones, etcétera (ya recogido ello antes de este comentario), no sin haber de salvar la falta de educación de un pequeño grupo de personas maduras, vociferantes y nada simpáticas, que llegaban a irritar al pasaje.
De esta guisa, acallados en cierta forma los incordiantes, recibimos amplias explicaciones sobre vegetación, fauna, flora y curiosidades, mostrándosenos los nidos de cigüeñas, águilas, buitres y algunas otras especies, y señalándosenos
el microclima de algunas zonas en las que incluso llega a cultivarse (en la orilla portugués, más soleada) el limonero, la vid, el olivo y algunos vegetales.
Comprobando las preciosas y armónicas figuras pétreas, el periplo alcanzó las aguas próximas a la presa de Aldeadávila, que permite una profundidad de unos cuatrocientos metros, y emprendimos el regreso, observando la orilla o arribe opuesto.
Todo de una extraordinaria belleza, que por sí misma ya demanda una visita a la zona y el disfrute del paseo fluvial.
Hubimos de despedirnos de tanta maravilla, porque todavía nos restaba desplazarnos, en la siguiente etapa de nuestro viaje, hasta Manzaneda, en las tierras Trives, Galicia.
Pero eso requerirá otra crónica y otros detalles.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

lunes, 27 de julio de 2015

ESTA ESPAÑA NUESTRA: TURISMO VACACIONAL 2015 CON EXPERIENCIAS FLUVIALES.- DUERO, SIL Y MIÑO. I.- HASTA ALDEADÁVILA DE LA RIBERA

Aldeadávila de la Ribera es un municipio y localidad española de la provincia de Salamanca, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Se distingue como el núcleo de población más importante del noroeste de la comarca de Vitigudino y se considera la capital o centro de servicios de la subcomarca de La Ribera (Las Arribes). Además de la propia Aldeadávila, su término municipal está formado por los núcleos de población de Corporario y el Salto de Aldeadávila, ocupa una superficie total de 46,18 km² y según datos del padrón municipal 2014 elaborado por el INE, cuenta con 1288 habitantes.
Desde las visitas de Miguel de Unamuno se la conoce como «el corazón de Las Arribes». Presta su nombre a la presa de Aldeadávila, construida a 7 km. Es uno de los términos municipales con mayor oferta de lugares y actividades turísticas dentro del Parque natural de Arribes del Duero.
Las primeras referencias históricas existentes datan del siglo III y en ellas aparece Aldeadávila indicada bajo el nombre de «Aldea Dauila» o «Aldea de Ávila» así como Coporario bajo el nombre de «Darios».
Aldeadávila de la Ribera se encuentra situada en el noroeste salmantino. Hace frontera con Portugal y dista 100 km de Salamanca capital.
Su territorio se incluye en la demarcación del Parque natural de Arribes del Duero, un espacio natural protegido de gran atractivo turístico.7
El Salto de Aldeadávila es un pequeño poblado levantado en el valle del Duero, dominado por los «Altos de Lagoaça». Existe desde el siglo XII debido a los eremitas instalados en el Convento de La Verde, que tras su abandono fue remodelado y reaprovechado como hospedería en los años 50. A día de hoy cuenta con una población de alrededor de 20 personas. Siempre ha dependido administrativamente de Aldeadávila y entre sus rincones sin duda constituye el lugar más interesante la peña que según la leyenda protegió a la beata Santa Marina.
Historia
Edad Media
Según la Universidad de Granada, el término «Aldea-Dauila» podría tener un origen árabe indudable. Las calles de este pueblo, muy antiguas, mantienen nombres de resonancia medieval: «la Cilla», «Remoria», «Atalaya», «Peñas», «el Mimbrero», etc.
“Es un silencio vivo el que reina, vivo porque reposa sobre el sempiterno rumor del Duero, que en puro ser continuo acaba por borrarse de la conciencia de quien lo recoge. Allí, en aquel refugio, libertaríanse los espíritus del tiempo, engendrador de cuidados, yendo cada día a hundirse sin ruido con su malicia en la eternidad. ¡Siempre el mismo río, los mismos peñascos siempre, todo inmutable! Cuando lo que nos rodea no cambia, acabamos por no sentimos cambiar, por comprender que es el vivir un morir continuo, que «entre la vida y la muerte no hay espacio ninguno», como reza la inscripción del convento de La Verde... Hay en el camino un punto que se llama el montadero de los frailes; a una peña que forma a modo de un asiento le llaman la silla del guardián. Allí cuentan también que, viniendo Santa Marina perseguida de los moros y cansada del camino, al llegar a una peña, le dijo: «Ábrete, peña cerrada, que viene Marina cansada». En la peña hendida se colocó un altar a la santa, y sobre ella se alzó la capilla de Santa Marina, cercana al convento…”
(Parte del relato publicado en la revista bilbaína 'Ecos Literarios' (19 de marzo de 1898), Miguel de Unamuno)
La Reconquista de la zona, hasta entonces bajo dominio musulmán, la realiza el Reino de León, que surge a partir del Reino de Asturias de Don Pelayo y del que luego se subdividirían y/o desgajarían el Condado de Castilla, el Reino de Galicia y el Reino de Portugal. La repoblación de las tierras conquistadas llevada a cabo por los reyes leoneses planteó una disposición muy distinta de la actual, basando su desarrollo en el modelo repoblador gallego, que consistía en
disponer muchas aldeas de pequeño tamaño y muy próximas entre sí, esquema que a la larga hizo insostenibles económicamente a muchas de ellas
Finalizada la Reconquista, la zona no fue afectada por conflictos importantes. Permaneció pacíficamente integrada en la corona leonesa, lejos de los conflictos con Castilla por encontrarse en el extremo más occidental, junto a la frontera con Portugal con quien tampoco tuvo conflictos destacables debido a la frontera natural que supone el río Duero.
La repoblación fue realizada en su mayoría por colonos asturianos aunque también por gallegos y castellanos, que trajeron consigo su cultura e idiosincrasia
Con la muerte de Alfonso IX de León en 1230, su hijo Fernando III el Santo, quien ya era rey de Castilla, hereda el Reino de León, pero mantiene sus propias estructuras durante la Edad Moderna, conservando tanto sus instituciones como sus características de organización territorial.
Edad Moderna
La segunda mitad del siglo XV conoce una gran prosperidad en la zona y una redistribución importante de la población, siendo Ledesma, Aldeadávila, Villarino, Pereña, Masueco de la Ribera y Mieza los núcleos más poblados.
Aldeadávila alcanza el estatus de villa durante el siglo XVIII, época en la que pertenece a la Orden de Santiago, en la demarcación de «Partido y Vara de Castrotorafe» lo que hace que la población vuelva a alcanzar un nuevo período de prosperidad.
Edad Contemporánea
La Guerra de la Independencia, iniciada en 1808, trajo a la zona importantes destrozos pues fueron destruidos el Colegio de Masueco de la Ribera o la techumbre de la iglesia de Aldeadávila entre otros. Hubo importantes revueltas contra el ejército francés por la comarca de Vitigudino desde Aldeadávila hasta Vitigudino.
Con la división territorial de España de 1833 en la que se crean las actuales provincias, Aldeadávila queda encuadrada dentro de la Región Leonesa, formada por las provincias de León, Zamora y Salamanca, de carácter meramente clasificatorio, sin operatividad administrativa, que a grandes rasgos vendría a recoger la antigua demarcación del Reino de León (sin Galicia ni Asturias).
El escritor bilbaíno y rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno era un enamorado de Las Arribes. Su primera visita empezó por Masueco, la segunda por Fermoselle, entre los años 1894 y 1902. Habla con gran cariño de la zona y a Aldeadávila le dedica algunos párrafos: «De Masueco fuimos a Aldeadávila de la Ribera, la corte de esta región, la villa para los comarcanos. Y después de hacer noche en ella, emprendimos la marcha al retiro de La Verde... retiro en un tiempo de frailes menores... En la poterna, sobre la puerta y debajo de un escudo con los cinco estigmas franciscanos se lee: "Entre la vida y la muerte no hay espacio ninguno; en un instante se acaba lo que vive en el mundo. Año MDCCLXIX"».
En 1956 comienzan las obras del conocido como Salto de Aldeadávila. Iberduero construye un poblado para dar cobijo a las familias de los empleados en la construcción de la presa de Aldeadávila junto al antiguo Convento de Santa María de La Verde, que es restaurado y convertido en hospedería. El conjunto
de los trabajos realizados para levantar la presa duraron hasta 1963. El 17 de noviembre de 1962 la central se pone en marcha por primera vez y el 30 de diciembre de 1963 comienza a funcionar a máxima potencia. En su día fue la mayor de su tipo en Europa Occidental y su puesta en marcha supuso doblar la producción total de Iberduero. El acto de inauguración protocolario se realizó el 17 de octubre de 1964, en la explanada de acceso a Aldeadávila I se dieron cita Francisco Franco, jefe del Estado español, António de Oliveira Salazar, jefe del Gobierno portugués, Jorge Vigón Suero-Díaz, ministro de obras públicas, Pedro de Careaga y Baseabe, presidente de Iberduero, y los gobernadores civiles de las provincias de Salamanca y Zamora entre otros.
En 1965 se rueda en la presa de Aldeadávila el final de la película «Doctor Zhivago», en el que se muestran unas imágenes impresionantes desembalsando, y durante unos días del verano de 1972 se graban las escenas finales del mediometraje «La cabina», dirigido por Antonio Mercero, en las que aparecen la central hidroeléctrica así como las galerías, la carretera y la explanada de la «Gran Bóveda» por las que se accede a ella. En la trama, el lugar es un depósito de cabinas defectuosas a donde es llevado el personaje interpretado por José Luis López Vázquez.
Entre 1983 y 1986 tienen lugar las obras de la segunda central «Aldeadávila II», se vuelve oradar en la roca a través un túnel abierto por la galería por la que se accede a «Aldeadávila I»
Demografía
En los años 60 se dió en la comarca un importante aumento demográfico debido a la gran cantidad de personas que vinieron a trabajar en las obras de construcción de la presa de Aldeadávila y la presa de Saucelle. Iberduero construyó el poblado del Salto de Aldeadávila para albergar a ingenieros y obreros pero la inmensa mayoría de ellos se marcharon en cuanto acabaron las obras, motivo por el que hoy sólo viven hoy unas pocas personas.
Según el Instituto Nacional de Estadística, Aldeadávila de la Ribera tenía en 2014 una población total de 1288 habitantes.
Monumentos y lugares de interés
Museo de Ecoturismo Las Majadas Arribeñas: donde se recibe al visitante, y se muestran las formas de vida tradicionales de los cabreros, en las majadas construcciones de piedra donde convivían las cabras con su pastor.
Playa del Rostro: es un arenal artificial asentado en un meandro del río Duero y es desde hace años, una de las zonas más visitadas de Arribes del Duero por ofrecer entre otras cosas, actividades que pueden ser tan entretenidas, divertidas y saludables como el piragüismo y los paseos en barco por el Duero..
Presa de Aldeadávila: forma parte del sistema hidroeléctrico conocido como "Saltos del Duero", del que también forman parte las presas de Almendra, Castro, Ricobayo, Saucelle y Villalcampo. Se ubica en la zona conocida como "Arribes del Duero", profundo encajonamiento que el río ha labrado sobre la penillanura zamorano-salmantina, con desniveles de base que en algunas secciones supera los 400 m. Con una altura de 140 m es una de las presas más altas de España, e incluso de Europa y constituye como decíamos, una de las obras de ingeniería más impresionantes de las que se pueden ver en toda Europa. Además el Salto de Aldeadávila I y II constituye en su conjunto, la primera de España en potencia (718.200 kW) y producción anual (3.500 GW/h). Fue inaugurada por Francisco Franco el 9 de julio de 1964, un año después de su finalización.
Torre de Aldeadávila: se levantaría como alcázar militar en el siglo XIII bajo el señorío del infante Pedro de Molina y Aragón, conservándose una puerta románica en la cara norte, y muros de más de dos metros de anchura, así como cuatro recios contrafuertes dobles.
Iglesia parroquial de San Salvador: se inicia en el s.XIII, antes de 1265, conservándose la bella puerta en arco de medio punto, y ocho contrafuertes que
soportan los arcos de gravedad de la techumbre.
Ermita de San Sebastián (s. XIII al XIX): sirvió de pósito municipal y es la oficina de turismo actual. Tiene inscripciones medievales
El del «Picón de Felipe» es el mirador más famoso del pueblo y uno de los más impresionantes del Parque natural de Arribes del Duero pues se sitúa en el corazón de las arribes, el tramo en el que se aprecia un mayor desnivel, de en torno a unos 400-500 m. Se dice que hace muchos años un habitante de Aldeadávila llamado Felipe se suicidó desde lo alto del picón, a orillas del río Duero, porque su novia era portuguesa y no podía estar con ella por lo que de ahí vendría el nombre del mirador.
Habla
En toda la comarca de La Ribera existió antiguamente una profunda y arraigada influencia del idioma asturleonés occidental, concretamente se utilizaba un dialecto de éste, el habla ribereña.
Arquitectura
Los pueblos de La Ribera cuentan con una arquitectura tradicional propia, resultado de su geografía, su microclima y sus gentes. Uno de los factores por los que se ha conservado mejor que en otras zonas puede haber sido su localización fronteriza, aislada con respecto a las principales ciudades. Dentro del patrón común de la comarca, Aldeadávila se distingue por la existencia de algunas construcciones de piedra bien tratada, con numerosos elementos de sillería, algunos de ellos medievales, en rincones apacibles y calles delimitadas por un perímetro altomedieval.
…
Cuando se conoce mucho y bien España y buena parte del extranjero, resulta bastante complicado hallar motivos para organizar un viaje de descanso y vacaciones, porque hay que combinar el deseo de eludir los calores del verano (extremos este año) y las posibilidades de descanso, sin despreciar el conocimiento de nuevos lugares y nuevas experiencias personales.
Así que este año para la primera fase de las vacaciones estivales con mi esposa, después de buscar y rebuscar decidí dirigirme otra vez hacia Galicia, no solamente motivado por la gastronomía y presumible buen clima en el verano, sino también procurando nuevas experiencias de viaje.
La decisión final fue dirigirse a la comarca orensana de la tierra de Trives y a la llamada Ribeira Sacra, a caballo entre Ourense y Lugo, porque mi esposa no las conocía, existían los atractivos del proverbial buen yantar gallego y la posibilidad de excursiones por los ríos Sil y Miño, amén de hacer alguna que otra “escapadita” al norte de Portugal, especialmente a la “serra do Gerês”, y tal vez a la zona de la desembocadura del río Miño

En la preparación del viaje, decidimos no ir “de un tirón” desde Valencia hasta la población de Manzaneda, en la que pensábamos establecer nuestro “cuartel general” en el Pazo da Pena, situado en la parroquia de Rozavales, en la villa citada de Manzaneda.
Y por eso, buscando un destino atractivo y en cierta forma intermedio, fue decidido hacer la primera etapa hasta Aldeadávila de la Ribera, en la provincia de Salamanca, junto al río Duero, a un “tiro de piedra” de Portugal (la otra orilla del río), porque además de haber hallado un hotel que prometía ser adecuado, se brindaba la posibilidad de una excursión fluvial por el Duero, en la zona denominada “Arribes del Duero”, entre el término de Aldeadávila y la inmensa y majestuosa presa del mismo nombre, que agrupa el caudal del río entre cortados y estrechos.
Para iniciar el viaje era obligado el recorrido entre Valencia y Madrid, para lo que la autovía A3 resultaba adecuada. Como salimos de nuestro domicilio a media mañana, no hallamos gran afluencia de tráfico hasta llegar a las proximidades de Madrid, y solamente en la M-40, que más que una autovía de circunvalación semeja ser una calle estrecha.
Cuando por fin superamos Madrid y enfilamos la A-6 en dirección norte, al comprobar el espeso tránsito, decidimos desviar hacia El Escorial, por la carretera autonómica o comarcal que acerca a la Real Villa, en la que nos
topamos con un calorazo de casi 40 grados, por lo que nos limitamos a acercarnos a la fachada principal del Monasterio, para que mi esposa al menos gozara por primera vez de tan espectacular visión, aunque las fotos fueron pocas y casi “se seca” la cámara por la alta temperatura.
Cuando abandonamos el Real Sitio, decidimos seguir nuestro viaje por la carretera comarcal que lleva hasta Ávila, superando el puerto de la Cruz Verde, cerca de Robledo de Chavela, tras lo que tomamos un frugal “tente en pie” y seguimos por esa carretera sin casi circulación hasta llegar a Ávila.
Tan cómodo nos estaba resultando viajar por la carretera normal, que decidimos viajar hasta Salamanca desdeñando la autovía A-51, y por eso seguimos por la carretera nacional.
En Salamanca sí tomamos la autovía A-62, hasta Fuente de San Esteban, a mitad de camino hacia la frontera de Portugal por Fuentes de Oñoro y Vilar Formoso. En Fuente de San Esteban ya seguimos por una carretera comarcal hacia Vitigudino, desde donde ya afrontamos el tramo final de nuestro viaje, hasta Masueco y Aldeadávila de la Ribera.
Era poco menos de la ocho de la tarde cuando hallamos a la entrada de Aldeadávila el hotel rural Corazón de Las Arribes, en el que habíamos reservado habitación, y tras dejar en el dormitorio el poco equipaje preciso para una noche salimos a pasear hasta Aldeadávila.
Hallamos un pueblo coquetillo, y no mucho más, con poca gente en las calles y unos cuantos baretes, aunque el que se nos había recomendado para cenar no tenía pinta de servir cenas sino simplemente tapeo, en una bastante bien surtida barra. Dimos una vuelta por el pueblo, de calles empedradas y buen aspecto pero para nuestra sorpresa sin apenas turistas y forasteros.
Nos llamó la atención ver varios hoteles cerrados y con aspecto de abandono, aunque nos centramos en la llamativa fuente erigida en honor de los cabreros, que más adelante se nos explicaría eran expertos en apacentar las cabras por los riscos de las arribas del Duero.
Tomamos algunas tapas en el bar recomendado y regresamos a nuestro hotel, porque al menos contábamos para nuestra colación nocturna con los sabrosos restos de nuestra comida, por lo que en las afueras del hotel (el restaurante no funcionaba por las noches) picamos algo de charcutería y fiambre, gozando del fresco viento que comenzaba a soplar.
Poco antes de las once de la noche nos decidimos a iniciar nuestro descanso vacacional en la limpia y confortable habitación de que disfrutábamos
La jornada concluía así y de esta forma se alcanzaba el relax de la primera noche camino del descanso.
El siguiente día se avecinaba interesante
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA