THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA

THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA
La magnificencia del paisaje en The Monument Valley, la belleza del entorno, las reminiscencias de un pasado de tantos y tantos viajeros que cruzaron el Far West, protagonizando aventuras míticas entre las tribus indias y buscando un futuro mejor...Y al igual que esa ruta invita a seguir hasta más allá del horizonte, hasta el infinito, el Monument Valley, suscitando mil experiencias viajeras y recuerdos, se convierte en el icono de este blog que pretende rememorar las emociones y experiencias del conocimiento de nuevas tierras, nuevas culturas y nuevas gentes. Sin descartar que invada la nostalgia evocando vivencias personales de épocas ya pasadas pero nunca olvidadas.

jueves, 17 de agosto de 2017

AGOSTO 2017 (IV) Escaparse a Galicia y ría de Vigo.- ¿Quién se resiste a comer unas ostras, almejas y rodaballo salvaje?


Marea baja ría de Vigo, en Arcade
Ya estábamos dos días confortablemente alojados en la Casa da Reina; ya habíamos visitado Viana y sus “Alturas” (santuario de Santa Luzia); ya habíamos sufrido el frío ventarrón atlántico en la cercana playa de Amorosa.
No quedaba, pues, más remedio, que soñar con los buenos mariscos gallegos, y no porque no los hubiera (de otra clase, aunque abundando más el pescado) en nuestra zona, sino porque los recuerdos de los alrededores de las rías de Vigo y Villagarcía se nos convertían en delicioso capricho.
Así pues, un poco por huir del viento y otro poco por movernos algo, decidimos dejar Viana do Castelo, y por la A-28 (autopista de peaje, aunque libre de él hasta Vila Nova de Cerveira) llegamos en una media hora hasta el río Miño, buscando la frontera hacia Tuy, sin necesidad de bordear Valença do Minho (siempre con tantos turistas entrando y saliendo), para alcanzar España – apenas si se nota, y menos después de que los gamberros hayan manchado el signo de la EU que indica España, con la mención de grafiti “Galiza”-.

En Tuy ya seguimos la carretera N-550, hasta llegar a Vigo, que cruzamos por su centro, comprobando que ha sido muy renovada como ciudad, y seguimos por la misma carretera, bordeando la ría, hasta llegar al estrecho de Rande, con la península del Morrazo a la izquierda y al otro lado de la ría, hasta llegar a Arcade, la zona del municipio de Soutomaior que recae al mar.
Comprobamos, recorriendo la carretera por todo el núcleo urbano, que muchos de los restaurantes y ostrerías que conocíamos estaban cerrados, pero descubrimos otros y hasta nos acercamos (descendiendo) hasta el coqueto puertecito, en el que también había restaurantitos con sugestivas ofertas, aunque finalmente regresamos a la zona junto a la carretera, en la que el restaurante/ostrería “El Anzuelo” nos convenció por su relación calidad/precio.
Y a fe que acertamos, porque dimos buena cuenta de unas deliciosas ostras, almejas a la marinera, rodaballo y lenguado, de exquisita calidad, regados con un buen vino albariño, que nos dejaron bien satisfechos, valorando especialmente la calidad excepcional del marisco y los pescados de la zona, si bien los precios ya han ido alcanzando parámetros excesivos.
Valença do Minho: río desde la fortaleza
Para regresar, optamos por llegar hasta el puerto de Vigo,  para ir hacia la carretera a Bayona y Nigrán, en las que sufrimos los atascos propios del exceso de veraneantes, y de los que no nos libramos hasta llegar a A Guarda, en el lado español de la desembocadura del río Miño.
Casa da Reina: Porche frente a cocina
Para cruzar a Portugal, optamos por el puente internacional junto a Valença do Minho, bonita localidad (especialmente afamada por sus ventas de textiles), en cuya fortaleza entramos a través de las angostas puertas de granito, y donde después de un calmo paseo por sus históricas y tradicionales calles, caímos, ¡cómo no!, en comprar unas bonitas toallas de baño para media familia.
El ocaso nos contempló regresando a  ”nuestra” Casa da Reina, en la que aún disfrutamos de un buen vino de los de producción propia, y mantuvimos una interesante y amena tertulia con los vallisoletanos María Eugenia y Pedro y los madrileños Sara e Iván, con quienes se estaba instaurando una bonita
amistad que dio pie a cálidas tertulias e interesantes cambios de impresiones en días sucesivos.
El buen descanso en nuestra habitación/suite nos permitió seguir degustando en sueños lo que habían sido las delicias gastronómicas del día.
¡Y seguíamos sin pasar excesivo calor!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

lunes, 14 de agosto de 2017

VERANO 2017 (III).- ESTANCIA EN CASA DA REINA, CERCANÍAS DE PRAIA AMOROSA Y VISITA A VIANA DO CASTELO

La Casa da Reina está situada en la localidad de Chafé,freguesía (barrio amplio) de Viana do Castelo, capital de la provincia del mismo nombre, al norte/oeste de Portugal, región de Minho, río que la limita por el norte y es la frontera con España.
La Casa da Reina es una propiedad actualmente dedicada al turismo rural, que comprende una amplia extensión de terreno en su derredor, en buena parte del cual existen plantaciones de viñedos, de los que se produce  un excelente Vinho Verde Loureiro, y otra variedad de Vinho verde con tres clases diferentes de vid.
Casa da Reina es una casa rústica típica de la zona
del Miño, datada en 1744, integrada en una propiedad agrícola totalmente cercada, con hórreo, era y viña (productor y embotellador de vino verde con marca DOC "Casa da Reina"), situada a 5 kms de Viana do Castelo y a 2 kms de la Playa  Amorosa.
La Casa fue restaurada por la familia Lima, y es una típica casa rural de la región portuguesa de Minho, y se ha mantenido respetando el estilo y los materiales de la región, si bien actualmente enriquecida con buen criterio para adecuarla a las actividades a las que se destina.
Es una propiedad de cerca de 10.000 m2,  de cuya superficie unos 7.000 m2 están destinados a viña, ya que el vino es la principal producción de la Casa, verdadero y elogiable Modelo de Producción Bio-ecológica.
Las variedades de uva que se utilizan en la producción vinícola son las Loureiro, Trajadura y Pedernã, que dan origen al vino de la Casa, un VQPRD "Casa da Reina", fresco y afrutado.
Situada a unos 5 kms. de Viana do Castelo, y a 2 kms. de la Praia de Amorosa; a 25 kms. de Ponte de Lima y Caminha y a 35 kms. de la ciudad de Porto, la Casa ofrece condiciones óptimas para descanso, relajación y paz y sosiego en el campo, con la alternativa de poder descubrir costumbres, bellezas, folclore y rica gastronomía.
Desde que llegamos a la Casa quedamos gratamente sorprendidos por la amabilidad y disponibilidad de sus propietarios, Cecilia y Cristiano, ambos hablando muy bien en español, aunque comprobamos que
dominan también otros idiomas, y ya la primera tarde/noche, en la dependencia al otro lado del jardín, tuvimos la oportunidad de cenar en el porche que da acceso a la cocina, un sabroso bacon ou tocinho fumado (ahumado), fiambre (similar al jamón de york de España, pero más gustoso) y unos "pancinhos bijou", tiernísimos, que regamos con la buen cerveza portuguesa Super Bock. Todo ello comprado en el mismo Chafé, en una carnicería sugestiva y en una minitienda.
Convivimos en mesa y ambiente con una simpática pareja de madrileños, Sara e Iván, con los que compartimos --no podía ser menos-- el buen vodka "Kosachka rada", de Ucrania (que para algo viaja siempre con nosotros)
El ambiente estaba frío, por mor de un fuerte viento del norte, pero nos brindó la oportunidad de "sufrir" con el fresco, después del enorme calor que traíamos encima desde nuestra Valencia habitual.
El descanso nocturno fue espléndido, en la confortable habitación/suite con acceso directo desde el jardín, y por la mañana, no demasiado pronto, acudimos al porche antesala de la cocina, en la que ya los otros huéspedes estaban desayunando con fruición varias delicias de la zona.
La fluida conversación presagió los buenos ratos de charla de los que íbamos a disfrutar en días sucesivos.
Después del "pequeno almoço" (desayuno) nos trasladamos a la cercana playa de Amorosa, en
medio de un fuerte y desagradable viento, pese al cual había en la playa varias familias, tapadas y como refugiadas en unos paravientos y casetas de lona llamadas "barracas".
El ambiente no era demasiado agradable, pero aún pudimos curiosear por los varios restaurantes y bares de la zona, comprobando que los precios eran turísticos y más, por lo alto, aunque nos sedujo un restaurante en una de las esquinas de la rotonda de entrada, llamado "Tasca do Gomes", que ofrecía pescado fresco a la brasa, a precios altos, pero no excesivos. El problema era que hasta las 7,30 de la tarde no abrían para cenas (en Portugal, la comida es
de 12'30 a 14, y la cena de 7'30, hasta las 9'30), pero a esa hora ya aguardábamos a que se nos sirviera unas sardinas a la brasa (gordas y sabrosas) y un pulpo a la brasa (polvo na brasa), que hicieron nuestras delicias.
Al retornar a nuestra Casa, hallamos unos nuevos huéspedes, María Eugenia y Pedro, de Valladolid, con quienes se instaló al momento empatía y cordialidad, y con los que gozamos del fresco y de los comentarios sobre vivencias portuguesas.
A todo esto, contamos que por la mañana habíamos ido en Viana hasta el Santuario de Santa Lucía, en el monte sobre la ciudad, deleitándonos con
 un precioso paisaje del río Lima y su desembocadura, y además habíamos paseado por la capital, buscando la Praça da Republica y varios enclaves bonitos, inclusive los bulevares junto al río. Hubo materia para todo.
Y, pasada la medianoche (portuguesa), decidimos ir a nuestras suites para seguir durmiendo sin calor y soñando con nuevos viajes, como así resultó el siguiente día.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

sábado, 12 de agosto de 2017

VERANO 2017 (II).- HASTA EL LAGO DE SANABRIA, CON LLEGADA A LA CASA DA REINA, EN CHAFÉ, VIANA DO CASTELO


Para iniciar nuestras vacaciones, decidimos desplazarnos en una primera etapa hasta la zona de Sanabria, y hallamos en Galende, muy cerca del lago de Sanabria, un hostalito que parecía ofrecernos el alojamiento sencillo y cómodo que precisábamos en esa primera etapa, camino de nuestro destino final, en la costa atlántica portuguesa, freguesía de Chafé, municipio de Viana do Castelo.
Salimos a la ruta pasadas las diez de la mañana, por la A-3, en dirección Madrid, y no hallamos demasiado tráfico, de manera que  hacia mediodía hicimos una parada estratégica en la zona del Castillo de Garcimuñoz, para tomar un bocadillo y un café, y seguimos viaje para sobrepasar Madrid, siguiendo la A-6, tampoco muy concurrida, más bien desierta. 
Después de enlazar en Benavente con la A-52, en dirección a Ourense y Vigo, alcanzamos nuestro destino alrededor de las seis de la tarde, desviando cerca de Puebla de Sanabria, para acabar en  Galende, bastante concurrida y con anuncio de fiestas mediante letreros luminosos en la carretera.
Tras acceder a la habitación (sencilla, pero limpia y bien dotada) en el hostal Los Chanos El Ruso, en un bar situado enfrente, del mismo nombre, comimos unas tapas de jamón y queso (no habíamos efectuado el almuerzo del mediodía) y salimos a dar un paseo, aprovechando las arboledas y el fresco junto al río Tera, que, proviniente del lago de Sanabria, riega las tupidas vegetaciones del lugar.
Llegada la hora de la cena, tras una sencilla refección el vecino bar, nos dispusimos a descansar, para culminar nuestro primer día de vacaciones.
El siguiente, sin madrugar nada, desayunamos de manera ligera y nos llegamos hasta el lago, hasta Ribadelago (el nuevo y el viejo), admirando la belleza del paisaje,  y ya volvimos a la A- 52 en dirección Vigo, comprobando con pena los estragos de los varios incendios a ambos lados de la autopista, poco concurrida, hasta llegar al nudo de O Porriño, donde un ramal de la A-55 se dirige a Portugal.
Entrar en Portugal es actualmente como llegar a un barrio de nuestra ciudad, por la total ausencia de señales de cambio de país (recordé tiempos ya muy pasados, en los que las colas de las esperas para los controles fronterizos eran de kilómetros), y bordeamos la bella y estratégica fortaleza de Valença do Minho, aunque optamos por prescindir de la autopista y desplazarnos por la concurrida carretera nacional, la N13, pasando una y otra población (Vila Nova da Cerveira, Seixas, Caminha) en dirección a Viana do Castelo.
Unos diez kilómetros antes de esta última población nos detuvimos en una “Churrascaria” junto a la carretera, en la que tuvimos el placer de degustar a precio muy módico, una sopa de legumbres, y un

“frango ao churrasco” (pollo asado al carbón), que fueron una delicia para nosotros.
Una vez cruzada Viana do Castelo, no tardamos en llegar a nuestro destino para los siguientes días, la Casa da Reina, en Chafé, donde nos acogió con su gran simpatía Cecilia, la esposa del dueño, y éste mismo, Cristiano, y ella fue quien nos ofreció en su fluido español buenas explicaciones sobre las posibilidades de la zona.
Nos acercamos al centro de la población para adquirir algunos fiambres y pan, para una cena ligera, que degustamos en compañía de otros huéspedes (Sara e Iván, de Madrid, una simpática pareja) en la coqueta construcción que se halla en medio del cuidado jardín.
Brindamos con el buen vodka ucraniano que siempre procuramos llevar en nuestros viajes, y alcanzamos la cama, en medio del fresco, casi frío, que generaba un buen ventarrón del norte (la “nortada”, que se dice en la zona), para descansar, no ya del viaje , que en el día había sido corto, sino especialmente de los calores sufridos en Valencia.
Nuestra coqueta habitación/suite, con acceso directo al jardín, nos brindó los mejores sueños, bien
tapaditos con la colcha, y, lo principal, sin ningún atisbo de calor.
Ya habíamos iniciado, y con buen pie, nuestras vacaciones, en el destino principal.
Del resto, y de las excelencias de la Casa da Reina, seguirá crónica.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 8 de agosto de 2017

VERANO 2017 (I).- CRUZAR LA PIEL DE TORO, DE MAR A OCÉANO.- EL PREÁMBULO: LA ELECCIÓN

Un año más nos planteamos mi esposa y yo qué viaje de unos días (semana más o menos) realizar durante este verano.
Descartamos el desplazamiento en avión (ya habíamos volado a Ucrania en abril) y pensamos en desplazarnos a una zona menos calurosa que la húmeda (en verano) Valencia, de manera que tras sopesar varias posibilidades y comprobar lugares, alojamientos y precios (aconsejo que se haga ello siempre en la preparación de un viaje), optamos por acotar la zona oeste de la península ibérica, con preferencias sobre Portugal, Galicia y un poco la Asturias occidental.
Buscando, buscando, nos decidimos por casas rurales con amplio espacio exterior y en zona relativamente fresca, de manera que nuestra selección quedó limitada al sur de Galicia y al norte de Portugal, zonas que conozco muy bien, y que ofrecen buen yantar, buenos paisajes, alojamientos confortables y precios en general comedidos.
En una selección casi final, nos decidimos por la zona de Viana do Castelo, en la desembocadura del río Lima (Limia en España), bien situada, a 45 kilómetros de Porto, a la misma distancia de Braga y no mucho más de la Galicia de las Rías Baixas.
Podíamos, decidimos, gozar de buenos paisajes, comidas sabrosas de carne, pesado y mariscos, y alojamientos con atención especial, como suele acontecer en las zonas rurales, o al menos que no se hallan en el interior de aglomeraciones urbanas.
Se nos presentó la alternativa de repetir estancias en el Hotel Rústico Casa Franco, de Aderlán, cerca de Mondoñedo, en la Mariña Lucense, o inclusive de retornar al maravilloso Pazo da Pena, en las cercanías de Manzaneda y A Pobra de Trives, pero ello era demasiado cómodo y preferimos buscar algo nuevo.
Nos encontramos al fin con la elección de la llamada Casa da Reina, en Chafé, cerca de Viana do Castelo, y nos sedujo la información amplia obtenida y hasta el precio razonable, en un establecimiento con cuatro habitaciones/suite, amplio jardín, bodega, piscina y cercano mar (Océano Atlántico) y efectuamos la reserva, huyendo de esos motores de búsqueda supranacionales, que abusan del cliente hinchando algo el precio, y del establecimiento, detrayéndole una comisión de hasta el 15 por 100.
Así que, hecha la reserva, previo anticipo de un 50 por 100, hallamos que los regentes y propietarios (portugueses) rezumaban amabilidad y decían hablar español, lo que podía ser útil a mi esposa, poco habituada a la lengua portuguesa.
El desplazamiento en coche hasta la Casa da Reina iba a suponer un periplo de más de mil kilómetros, y aunque bien acostumbrados estamos a percursos mucho mayores, resolvimos hacer una parada a los dos tercios del itinerario, y buscando zona fresca y atractiva, optamos por llegar mediante la A- y A6, desviando por la A-52, hasta el lago de Sanabria, al norte de la provincia de Zamora, ya casi en Galicia, y allí, en Galende, se nos ofreció el hostal Los Chanos-El Ruso, a pocos kilómetros del lago, y que presentaba en la información buen aspecto. Lo reservamos.
De lo que sucedió cuando iniciamos el viaje veraniego y cómo resultó la primera jornada, habrá noticia en la siguiente entrada de este blog.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

miércoles, 3 de mayo de 2017

PASCUA 2017 EN UCRANIA (y VII): Las despedidas, escala en Ivano-Frankivsk y retorno al aeropuerto antediluviano

Casi sin darnos cuenta se nos había escapado la semana de Pascua durante nuestra estancia en Ucrania.
Entre comidas, cenas, ópera, invitaciones, comentarios, compras y visitas, se habían consumido los días y nos hallábamos ya en domingo (el siguiente a la Pascua), en el que los ucranianos recuerdan  a sus muertos, mediante visitas a los cementerios, a donde llevan flores que depositan ante las tumbas de sus allegados.
En nuestra familia no podía ser menos y tanto mi esposa, como nuestro hijo Andrey y su mujer, Katia, junto con la pequeña Milena, visitaron en Vyshgorod el antiguo cementerio, en el que están inhumados mis suegros, y el cementerio general actual (inmenso), en el que descansan los restos de los padres de nuestra nuera.
Al regreso de la visita comentaron que había resultado dificultoso el acceso por la multitud que se dirigía a los camposantos y por la enorme afluencia de gente hasta las tumbas.
Les llamó la atención una amplia zona en la que se hallaban sepultados los cuerpos de los jóvenes soldados que habían muerto en la guerra del este de Ucrania.
Tras ello, como habíamos decidido permanecer en
casa para agotar en familia el último día de nuestra estancia en Vyshgorod, optamos por culminar nuestras comidas en común con una “paella” (entrecomillo porque realmente de paella solamente era el recipiente y el método de elaboración) de costillas de cerdo y pimientos.
Como la carne de cerdo es de muy buena calidad en Ucrania, no hubo dificultades en hallarla, pero no así la verdura, por lo que optamos por el pimiento, y como los pimientos enteros y frescos --procedencia española--  se vendían a precios exorbitantes (a más de 3 € el kilo) optamos por utilizar los congelados, que se vendían en tiras, y que al final iban a desempeñar el mismo cometido, al ser sofritos y luego cocidos con el arroz. El resultado fue un plato bastante razonable de gusto, que consumimos en su totalidad.
Por la tarde recibimos varias llamadas de los amigos que se despedían de nosotros y nos deseaban lo mejor, y hasta pasó por nuestra casa la querida Tanya Honchar (o Gonchar), cuya madre, Olga, vivía
en el edificio contiguo y era vieja amiga de mi esposa.
Cuando el día acabó, en pequeña velada nocturna repasamos lo vivido en este viaje y nos organizamos para la salida de Kiev el día siguiente.
El lunes hubo que madrugar algo para el aseo personal y culminar el arreglo de maletas, con las dificultades para introducir tantas botellas y regalos que se nos habían hecho, y a filo de las 7’30 de la mañana nuestro hijo Andrey nos llevó hasta el aeropuerto Kiev-Boryspil, a unos treinta kilómetros.
Ya en el aeropuerto comenzó por llamar nuestra atención que en la zona de llegada de vehículos para dejar viajeros se habían colocado unas vallas que impedían el paso, de manera que obligaban (nos obligaron) a bajar del coche y caminar con las pesadas maletas bastantes metros, hasta la entrada, en la que, junto a la puerta ya había un primer escáner de equipajes, en el que una especie de guarda de seguridad metía prisa a las gentes, apuradas con los pesados bultos, pero sin ayudarles lo más mínimo.
Como el aeropuerto es inmenso, cuando por fin detectamos la zona de mostradores, aunque nuestro vuelo a Ivano-Frankivsk, preludio del posterior vuelo a Valencia, ya estaba anunciado, nadie estaba frente al marcador.
Al entregar los pasaportes y empezar la facturación (el llamado “check-in”) ya advertimos a la empleada que de las dos maletas grandes que llevábamos –una por persona- si alguna se excedía en los 23 kilos de peso permitidos, se nos indicara, para trasvasar algunos objetos a los equipajes de mano o de una a otra valija.
La moza que se encargaba de ello pesó la primera maleta (18 kilos) y cuando lo hizo con la segunda (24’5 kilos) indicó que no podía facturarla por exceso de peso. Le dijimos que nos diera de nuevo la primera maleta, para compensar los pesos, pero dijo muy enfadada que ello ya no era posible porque la había enviado.
Es decir, sin devolvernos los pasaportes, sin expedirnos las tarjetas de embarque, sin terminar de pesar todo el equipaje, la ufana chica había enviado una maleta por libre a la zona de accesos a los aviones.
Me enfadé y pedí la presencia de la supervisora o inspectora y se me dijo que no era posible porque no existía; pedí hojas de reclamación, y se me dijo que no había nada que reclamar; y por resolver el
problema decidimos eliminar un kilogramo de la maleta excedida en peso a uno de los carritos o troleys de mano, en cuyo momento llegó una azafata o algo así más veterana, que solamente repetía que había exceso de peso. Como la maleta aligerada ya estaba sobre la cinta de peso, le indiqué, enojado, que mirara, y aunque lo rehusó, al ver su falta de razón, se marchó sin decir nada.
Por ello pedí a la moza de facturación que me diera su nombre, negándose en un principio aunque como le pendía al frente una tarjeta identificativa, lo copié no sin enojo de la chiquilla.
En su momento formulé la oportuna reclamación a Ukraine International Airlines, que me ha respondido que lamentan el incidente, pero que sus empleados siempre tienen razón y que informan que hubo un exceso de peso.
Mi respuesta ha sido clara y efectiva: Son unos falsos, y divulgaré el mal servicio.
Un día después, un representante de la compañía me ha llamado desde Barcelona ofreciéndome para el próximo vuelo un “upgrade” o mejora de clase gratuito, en compensación por las molestias.
¡Y a veces nos quejamos del servicio en las aerolíneas que sirven en la Unión Europea!
El vuelo a Ivano-Frankivsk se realizó en un cómodo avión Embraer 145, de unas 70 plazas, más pequeño que el Embraer 190 que conecta con Valencia, y fue tranquilo, permitiendo el poco nublado cielo vislumbrar las montañas de los Cárpatos, bastante nevadas.
Al llegar a Ivano- Frankivsk, otra vez hubimos de repetir la operación de la ida desde Valencia, de recoger nuestro equipaje, porque el vuelo hasta Valencia no salía hasta las 10 de la noche, y ¡no hay sala de depósito de equipajes o consigna!
Menos mal que nos estaba esperando nuestro gran amigo Gennadiyi Mikytka, Presidente del Centro de Integración Europea, quien nos llevó en su automóvil hasta el hotel “Krasnaya sadiba” (cabaña roja) de nuestro también gran amigo Yaroslav, en el que ya nos hemos alojado en anteriores ocasiones, y en ese hotel, además de abrazarnos con su propietario, desayunamos amigablemente, dejamos nuestros equipajes en una habitación, charlamos un buen rato,
y nos fuimos después con Gennadiy hacia el centro de la ciudad, en la que observamos más tránsito que en ocasiones anteriores, y muchas mejoras urbanas, especialmente en edificios representativos, como la ciudadela o baluarte. Terminamos en una bonita galería comercial, en la que nos despedimos de Mikytka, que precisaba partir hacia Kiev, y tomamos un pequeño refrigerio de quesos de la región, más unas tiras de pollo al sésamo, que estaban deliciosos, regándolos con la buena cerveza de Lviv.
Aprovechamos el rato para descansar un poco, charlando de las experiencias del día, hasta que se comunicó con nosotros la querida amiga y acreditada periodista Alla Pass (de la cadena de televisión 1+1), con quien mantenemos una amigable relación desde su primera visita a España en 2005 para asistir al
Congreso de Federaciones de Ucranianos en España, y posteriores venidas, para reportajes sobre los ucranianos, su integración con los españoles y hasta su vinculación a las Fallas de Valencia, en cuya fiestas le servimos de introductores y guías, hasta el punto que elaboró un bello reportaje sobre los monumentos y las celebraciones.
Con Alla charlamos casi cuatro horas, repasando temas de actualidad, y hasta nos acercó al terminar al hotel de Yaroslav, en el que tomamos un pequeño refrigerio a modo de pequeña cena, ya que nos esperaban varias horas de vuelo hasta Valencia.
El bueno de Yaroslav, siempre tan atento y hospitalario, nos acompañó después al aeropuerto y nos despedimos del mismo con el grande abrazo de siempre, deseándonos lo mejor hasta el próximo encuentro.
En el aeropuerto, diminuto, hubimos de pasar nuevamente las maletas por el escáner, pero no se efectuó facturación, porque se nos dijo que en Kiev
ya se había efectuado directa hasta Valencia (Por qué, entonces, hubimos de recogerlas y entregarlas de nuevo?), pasamos el control de pasaportes sin novedad y nos introdujimos en una sala de espera tercermundista, que se fue llenando de gente hasta que casi era imposible moverse. Muchos niños iban con sus padres, y por sus conversaciones dedujimos que eran descendientes de ucranianos residentes en España, principalmente Valencia, que retornaban después de las vacaciones de Pascua.
Cuando por fin se abrió la salida hacia el autobús que había de llevarnos hasta el avión situado a unos 200 metros del edificio, un tropel de madres e hijos se amontonó junto al mostrador de control. Pero al
parecer el ordenador no funcionaba, así que hubo que esperar a que se arreglara (¡y no había otro!) y se pudiera salir. Hubo que ordenar un poco que los menores pasaran delante con sus padres, y la gente se movió en tropel, como si se tratara de un tranvía que podía escaparse.
Todo tercermundista.
Es un aeropuerto que precisa no mejoras sino un cambio o reconstrucción total.
Ya en el avión, con el pasaje completo, los niños, más de un 20 por 100 del pasaje, comenzaron a corretear unos, gritar otros, llorar algunos, hasta que una media hora después del despegue, con las luces de cabina apagadas, se hizo la calma, que duró unas dos horas y media, en trayecto meteorológicamente apacible, hasta alcanzar Valencia.
Pero aun nos esperaba la última: En el control de pasaportes del aeropuerto valenciano había un solo policía, y como la mayoría de viajeros era extranjera,
el control se hizo lento, y demoramos más de veinte minutos. Tan es así que las maletas ya habían dejado de rodar por la cinta transportadora de equipajes.
Pero al fin habíamos llegado, y en la puerta de acceso al hall ya estaba nuestra hija Katia, con su pareja, Pau, esperándonos, para llevarnos a casa.
Eran casi las 2 de la madrugada.
En casa, abrimos mínimamente el equipaje y hallamos que una de las botellas de cerveza que se nos había dado para nuestro yerno había rezumado y buena parte de la ropa interior había quedado impregnada y perfumada de la buena cerveza
ucraniana.
Signo predictivo de que nuestros vínculos con la amada Ucrania nunca nos iban a abandonar.
Para terminar, un escueto comentario sobre Ucrania: No está peor que hace un año. Sus gentes están animadas a seguir luchando, y la guerra del este ha quedado relegada a un episodio de clanes capitalistas y mafiosos, según comentan.
Yo opino que no tanto, sino que la nación trata de abstraerse de ese drama que está matando a miles de sus jóvenes, y, tan acostumbrada como está al sufrimiento, se sobrepone con la paciencia, la perseverancia y el trabajo cotidiano.
¡Que Dios proteja Ucrania! ¡Slava Ukraïna!
Falta hace.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

jueves, 27 de abril de 2017

PASCUA 2017 EN UCRANIA (VI) : Pulsando la realidad social entre reuniones, invitaciones y deliciosas comidas

Pasados los primeros días de estancia en las tierras de la Princesa Olga, San Andrés y San Cirilo, nuestra agenda estaba repleta de invitaciones y propuestas de encuentros, de manera que hubo que intentar ordenarlos un poco, y de esta manera comenzamos por encontrarnos en la Avenida o Bulevar Obolóñ con el simpático matrimonio que forman Gleb y Tanya Gonchar, ella conocida desde antaño por ser vecina de nuestra casa de Vyshgorod, donde moraba con sus padres , los apreciados Mishcha y Olga, hasta su casamiento.
Ahora en un piso reparado de forma coqueta tienen un bonito hogar, en el que la alegría es una preciosa chiquilla cincoañera, Milena, muy despierta y bonita.
Nos acogieron con la cordialidad de siempre (ya han estado en España varias veces, y en cada ocasión en que viajamos a Ucrania casi nos exigen el encuentro) y nos ofrecieron un gustosa cena con entrantes
ucranianos –no podían faltar los deliciosos pepinillos en conserva casera y el siliotka, o caballa al adobo natural con cebolla-. Y el remate fueron unos gustosos muslos de pollo y unas costillas de cerdo al horno, todo ello regado con cerveza, vino, vodka y en un ambiente de franca cordialidad.
Después de una larga tertulia en la que pusimos al día nuestras informaciones y recuerdos, nos contaron sus planes de viaje (cada año se desplazan hasta 
lugares de Europa, y ya han visitado Lisboa, Porto, Venecia, Budapest, etcétera; sin olvidar España, que muy bien conocen) y así cambiamos opiniones sobre sistemas y formas de viajar, vuelos, reservas de alojamientos, y demás temas de interés.
Resultó en verdad interesante  comprobar cómo  estos ucranianos treintaañeros (él periodista de radio y televisión y ella acreditada economista) dan la nota positiva y moderna de un país que, aun sufriendo la sangría de la guerra del este, y las menguadas posibilidades económicas, trata de seguir viviendo y estar al día, conociendo mundo.
En la despedida, el consabido obsequio de vodkas, chocolates, y hasta cervezas ucranianas especiales para nuestro yerno español, Pau.
El siguiente día, ya viernes, teníamos cita para comer
con la querida Iryna Kuftyreva y su esposo, Oleg, quienes viven en esta ocasión en el típico y ancestral barrio de Podil, en un complejo residencial muy nuevo y de mucha calidad, con unas zonas ajardinadas interiores que dan prestancia a varios edificios.
Accedimos a su nueva casa, amplísima y espaciosa, con habitaciones que semejan ser para mayores usos, y nos encontramos en torno a la mesa con nuestro hijo Andrey, que nos había acompañado en esta ocasión.
La comida fue un sin número de delicatessen, regadas con buenos vinos de Bordeaux y un magnífico vodka de Lviv de origen polaco.
Unos postres abundantes y una estupenda tarta de chocolate, tirando a brownie, remataron esta estupenda comida, que se prolongó, como siempre, no solo con el repaso de las vivencias más recientes de las respectivas familias, sino comentando la actual situación en Europa, en Ucrania, en el mundo, y llegando a la conclusión de que no estamos en los mejores tiempos, pero tampoco en los peores.
El sábado nos tenía “atrapados” para comer en su
casa nuestra entrañable amiga y “madrina” de boda, la Dra. Elena Bratus, que había organizado en su casa de la calle Horkogo (muy cerca de la Ploscha Lva Tostova) con la Dra. Ludmila Stetchenko.
En esta ocasión las especialidades fueron de origen italiano, degustando entre varios condumios, unos apetitosos “penne” o macarrones, al pesto.
Buen vino y buen vodka, como siempre.
Aunque era la tercera vez en que nos encontrábamos durante la semana, hubo tiempo sobrado para que especialmente las amigas hicieran repaso de “lo divino y lo humano”, un poco a modo de despedida, que demoró hasta media tarde, en que nos
encontramos con mi apreciada Galyna Vyskrebentseva, que en el pasado me había introducido en el trabajo y dirección de seminarios de formación para empresarios ucranianos, y con quien vengo manteniendo una fluida relación de amistad. Tomamos un café y nos contamos las últimas novedades, además de tratar de un complejo asunto de la herencia de un ucraniano españolizado y fallecido en España, casado con española y con madre búlgara. Puro conflicto de derechos subjetivos en el marco del Derecho Internacional privado
Concluimos a buena hora para emprender el regreso a nuestra casa de Vyshgorod, en la que nuestra nietecita Milana ya nos esperaba llena de vida para incordiar todo lo posible y un poco más, aunque haciendo nuestras delicias.
Habían sido jornadas estupendas en las que la amistad y el afecto fluyeron con espontaneidad y sirvieron para que tomáramos de nuevo pulso a la sociedad ucraniana, que, como siempre, sigue luchando contra la corrupción de los políticos y los abusos de los magnates oligarcas.
A todo esto, aprovechando un hueco en nuestra apretada agenda, aún nos fuimos a un gran supermercado en el barrio de Petrivka (de una cadena francesa) en la que adquirimos diversos
productos y prendas, y pulsamos cómo los precios se han incrementado de manera increíble, y más especialmente los de los productos no nacionales, porque el cambio de divisa respecto del US$ y del € había superado el 20% respecto del año anterior.
Hasta el litro de gasolina 95 era de precio equivalente al Usa$ y muy cercano al Euro.
En resumen, vivencias, experiencias, contrastes, que  nos permitieron seguir sintiendo el magnetismo de la tierra ucraniana, la hospitalidad y clarividencia de sus gentes y llegar al convencimiento de que mientras las
posibilidades, especialmente las físicas, nos lo permitan, seguiremos yendo a esta tierra del trigo y el cielo, en la que nuestros  mejores sentimientos  se ennoblecen en cada ocasión.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

jueves, 20 de abril de 2017

Pascua 2017 en Ucrania (V): Cuando se siente el fresco y se goza la maravilla operística del Turandot de Puccini


Bien le había advertido a mi esposa que se pertrechara con ropa de abrigo para el viaje a su tierra natal, porque las predicciones del tiempo anunciaban que la semana después de Pascua bajarían las temperaturas. Y así fue.
En la tarde del día 19 de abril ya llegó la noticia de que había nevado en Kharkiv, cuatrocientos kilómetros al norte de Kiev, pero en Vyshgorod semejó que la nevada se aproximaba, ya que se instauró un viento frío que denotaba una importante bajada de temperatura, como así aconteció, aunque no se bajó de cero grados.
Tan es así que mi querida esposa, tal vez acostumbrada ya a las caricias del delicioso clima que nos privilegia en Valencia, comenzó a pasar frío y hasta precisó del préstamo de unas botas de nuestra
nuera, para paliarlo en alguna forma.
Ese miércoles tuvimos sesión matinal de charla familiar en casa, hasta que después de la comida (un delicioso solomillo de cerdo, con ajos y las siempre magníficas patatas ucranianas) nos dispusimos en el aseo para desplazarnos hasta Kiev, para asistir en la Ópera a la representación de "Turandot", la obra maestra de Giacomo Puccini rematada por Alfano, que la Ópera Nacional de Ucrania ofrecía en única
actuación; y ello gracias a los buenos oficios de nuestra querida Dra. Elena Bratus, que obtuvo las entradas, y nos invitó para acudir junto a la Dra. Ludmila Stetchenko.
De esta guisa, tras conseguir aparcar el coche en las cercanías del teatro de la Ópera, en la Volodimyrska ulitsa (hecho casi milagroso, porque esta arteria urbana apenas si tiene espacios para ello), nos encontramos en la amplia plaza con las dos doctoras que nos hacían el honor de acompañarnos, de manera que las tres médicas me prestaron su auxilio, (especialmente traductor del ucraniano) y así nos situamos en plazas de privilegio en la platea del teatro.
La asistencia de público era muy notable, casi
rozando el lleno, y el ambiente era el típico de estos eventos, con gentes muy variadas, pero denotando la mayoría su interés por el acontecimiento musical.
Eran poco más de las siete de la tarde cuando la orquesta comenzó a desgranar las maravillosas notas de la obra de Puccini, y en el escenario apareció la colorista y espectacular representación del palacio imperial de la China, en cuyo ámbito se fueron integrando con magníficas interpretaciones, los actores (omito sus nombres, porque en su
traducción del ucraniano incurriría en errores) que interpretaban a Kalaf, a Timur, a los tres ministros (Ping, Pang y Pong) y a los poblados coros, quienes con voces maravillosas fueron desgranando las notas descriptivas del argumento, entreverado por las penas de la esclava Liu. ¡Soberbio!
(Hago aquí un inciso para destacar que, como el lenguaje era el italiano, sobre el escenario se había dispuesto una pantalla que traducía los cantos al ucraniano, facilitando la comprensión al público)
Si brillante fue la conclusión del acto primero, no menos lo fue la del segundo, con la asamblea de la corte y los sentimientos de la princesa Turandot, unida su voz a la de Kalaf en dúo inigualable.
La magia de la composición de Puccini alcanzaba cotas de grandiosidad, adornada con un significativo aroma de motivos orientales y chinos en la música, plenos de armonía.
El acto tercero, en el jardín Imperial, junto a las murallas de Pekín anunciaba el drama que entrañaba el destino asignado a la princesa Turandot, realzado por el aria interpretada por el personaje de Kalaf, e famoso "Nessun dorma", que arrancó los "bravos" del público, especialmente al concluir el "Vinceró..."
La conclusión, espectacular, cuando Liu se sacrifica y Kalaf conquista definitivamente a Turandot, es de momentos de lirismo y plenitud, que llegan a emocionar, porque los coros y el decorado llevan a la espléndida conclusión, cuando finalmente se desvela
que el nombre del deseado es "Amor".
Los "bravos" y diez minutos de aplausos del público puesto en pie dieron colofón extraordinario a una velada magnífica, y obligaron a reiterados saludos del director de la orquesta y los principals intérpretes.
En fin, una noche mágica, porque sin salir de Kiev nos sentimos transportados al corazón de China, y envueltos en el drama del amor y de la política.
Bien que agradecimos a nuestra querida Elena la iniciativa, y así nos despedimos hasta el próximo encuentro, retornando ya en la fría noche (menos de 4ºC) a nuestra residencia de Vyshgorod, en la que la calidez de los recuerdos y las sensaciones gozadas nos arropó cuando, ya después de la medianoche, nos entregamos a otra ópera: La de Morfeo...
SLAVDOR DE PEDRO BUENDÍA