THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA

THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA
La magnificencia del paisaje en The Monument Valley, la belleza del entorno, las reminiscencias de un pasado de tantos y tantos viajeros que cruzaron el Far West, protagonizando aventuras míticas entre las tribus indias y buscando un futuro mejor...Y al igual que esa ruta invita a seguir hasta más allá del horizonte, hasta el infinito, el Monument Valley, suscitando mil experiencias viajeras y recuerdos, se convierte en el icono de este blog que pretende rememorar las emociones y experiencias del conocimiento de nuevas tierras, nuevas culturas y nuevas gentes. Sin descartar que invada la nostalgia evocando vivencias personales de épocas ya pasadas pero nunca olvidadas.

martes, 25 de septiembre de 2018

Periplo estival 2018.- Del Mediterráneo al Estrecho de Malaca.-VIVENCIAS EN MALASIA Y SINGAPUR (10)

X.- GEORGETOWN, SUS BARRIOS Y MEZQUITAS
George Town​ (malayo: Tanjung, chino: 喬治市, pinyin: Qiáozhì Shì) es una ciudad del Estado de Penang en Malasia. La ciudad está situada en el noreste de la Isla de Penang y tiene cerca de 220.000 habitantes, o unos 400.000 incluyendo los suburbios. George Town fue fundada en 1786 por el capitán Francis Light, un comerciante de la Compañía Británica de las Indias Orientales, como base de la compañía en los estados malayos. Obtuvo la isla del sultán de Kedah y construyó el fuerte Cornwallis en la esquina noreste de la isla. El fuerte se convirtió en el punto de referencia del creciente comercio y la población de la isla alcanzó los 12.000 habitantes en 1804.

La ciudad fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2008, junto a Malaca debido ser los dos enclaves portuarios más históricos del estrecho de Malaca. Tras este acontecimiento se celebró un concurso al que se presentaron muchos artistas. Ernest Zacharevic y Tang Mun Kian fueron los elegidos para desarrollar el proyecto de embellecimiento de la ciudad.

Aunque se exhiben las muestras de ambos, fue el primer artista el que despuntó con sus murales sobre las fachadas de la ciudad.

Patrimonio Mundial de la UNESCO
La zona más antigua del centro de la ciudad ha sido designada por la UNESCO como Patrimonio Mundial, en 2008. Se ha reconocido que posee una "arquitectura singular" y una especial cultura din igual en el este y sureste de Asia. En efecto, Georgetown tiene una de las mayores colecciones de edificios anteriores a la guerra mundial.
La zona abarca 2.6 km2 del centro de la ciudad, desde la Transfer Road y Prangin Road hasta el sur, e incluye el entorno de la ciudad administrativa, como Fort Cornwallis, City Hall, Penang State Museum, y el Central Business District. Asimismo, incluye la Iglesia de San Jorge, la Mezquita Kapitan Keling Mosque, el templo hindú Goddess of Mercy Temple y la Cheong Fatt Tze Mansion
Es una zona con prohibición de construir si supera unas medidas máximas. 
La visita a la ciudad de Georgetown era una de nuestros mayores deseos en Malasia, por lo mucho que habíamos leído al respecto. 
Así pues, aprovechando que una de las rutas del autobús turístico hop-on hop-off pasaba por delante de nuestro hotel, decidimos utilizar este medio de transporte para, como suele ser habitual en nosotros, dar una vuelta completa y así obtener una visión global que nos permitiera pormenorizar en visitas más tarde. 
La ruta azul (inicialmente elegida, por la razón de proximidad al hotel) recorría toda la costa norte y este de la isla de Penang, por las cercanías de los hoteles y clubes de lujo y complejos turísticos, hasta llegar a Gurney drive, punto en el que se podía cambiar a la otra ruta (la roja), que se adentraba por el centro de la ciudad. 
Eran las diez de la mañana pero el calor ya resultaba agobiante, y aunque el autobús tenía una parte cubierta y con potente aire acondicionado, para visionar mejor la ciudad era preferible sentarse en la parte alta delantera, en la que el sol cargaba de
manera inmisericorde.
El recorrido resultaba muy interesante, pues se dirigía hasta Penang Hill, desde donde se vislumbraban las edificaciones en lo alto y el templo Kel Lok Si, previo pasar junto a Burmese Buddist temple, llegando al monumento Komtar, y a las zonas de Little India y Chinatown
Bajamos del bus en la zona próxima a Little India, y recorrimos las calles super típicas de Jalan Hutton y Lebuh Campbell, en cuya prolongación, la calle Lebuh Ah Quee, hallamos la enorme y llamativa mezquita Kapitan Keling Mosque
Mientras contemplábamos su exterior y su minarete,
de bella arquitectura, las mujeres de nuestro grupo penetraron por el pasillo de acceso, llegando hasta la entrada , en la que presumí y advertí que serían interceptadas, pero mi sorpresa fue que comenzaron a charlar con un hombre de atuendo musulmán, y al cabo de un rato me invitaron por señas para que acudiera al lugar. 
A la entrada de la mezquita, este musulmán se presentó como voluntario islámico, que era profesor de filosofía islámica en la universidad de Kuala Lumpur, y se ofreció a acompañarnos para visitar por dentro la mezquita, y nos fue explicando la forma de rezar, dónde y cómo, el lugar estrictamente reservado a las mujeres (según él, para que no distrajera su belleza a los hombres durante el rezo), y en general muchos detalles. 
Eso sí, para entrar a la mezquita, las mujeres hubieron de ponerse un túnica azul y cubrirse con la capucha, y a mi (que iba con shorts o pantalones cortos) se me colocó una especie de falda; cuyos atuendos en principio nos llevaron a contener la risa. Después, las fotografías (adjunta una de ellas) desataron nuestras carcajadas. 
El ilustrado y muy amable profesor voluntario islámico nos llevó más tarde a la biblioteca, con un acogedor aire acondicionado, en la que nos obsequió con agua fresquísima y  unos folletos en español y en inglés, que con gusto guardé, y que eran, lógicamente, propaganda del islamismo, y comparación con la religión católica. 
Agradecimos sobremanera a este hombre (Muhammad Yussuf Kelah) su atención y hasta obtuve su e-mail, al que una vez retornado a España le he escrito y con quien he comenzado a mantener correspondencia. 
Muy interesante.
Seguimos por Little India, pasando por el templo hindú Sri Mahamariamman y el cercano Goddess Mercy
No muy lejos se hallaba la zona noble con la iglesia anglicana,  St. George, y la catedral católica de la Asunción, casi enfrente del blanco y significado palacio del Tribunal Supremo de Justicia. 
Desde Little India pasamos a la zona de Chinatown, bien diferente, pero también muy típica, en la que destacaban sus tiendas en casas antiguas de mínima altura, sitas en calles en las que las canaletas de alcantarillado apestaban bastante. Era la "servidumbre" del tipismo...
Al propio tiempo, nos recreamos con las pinturas de arte urbano que decoraban algunas calles, en las que dejamos hechas algunas fotos como recuerdo.
Iba cayendo la tarde, por lo que retomamos el autobús turístico y regresamos por Fort Cornwallis hasta el punto de enlace con la ruta azul, y así conseguimos arribar a nuestro hotel Hard Rock al anochecer. 
Tras descansar algo en las habitaciones y dar un paseo hacia la playa y por el jardín, decidimos volver al bar/restaurante de la agraciada Helena, donde disfrutamos de nuevos pescados a la brasa, y especialmente tuvimos ocasión de reunirnos con toda
la familia que allí trabajaba (madre, hermanos, tío y la propia Helena), lo que recogimos en una foto, con la simpatía y alegre acompañamiento de la familia. 
Era la despedida de la isla de Penang, con sus claroscuros, como la inadmisible negligencia del hotel en el arreglo de habitaciones, en el cobro por anticipado y en la no devolución de la garantía, pero con las interesantes experiencias en la mezquita Kapitan
De todas maneras, la opinión general fue que la visita resultaba interesante, pero nunca apasionante. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

lunes, 24 de septiembre de 2018

Periplo estival 2018.- Del Mediterráneo al Estrecho de Malaca.-VIVENCIAS EN MALASIA Y SINGAPUR 9



IX.- DE LOS CAMERON HIGHLANDS HASTA LA ISLA DE PENANG Y GEORGETOWN (9)
Penang es un estado malayo situado en la costa noroeste de Malasia peninsular, junto mal estrecho de Malaca. Se compone de dos partes: La isla de Penang. donde está la ciudad capital, Georgetown y Seberan Peraj (antiguamente provincia Wellesley) en la península de Malasia. Es el segundo estado malayo más pequeño. 
La población de Penang es alrededor de 1.767.000 habitantes. Es una de las mayores densidades de población de Malasia, y la capital, Georgetown es la segunda mayor ciudad del país, declarada en su mayor parte Patrimonio Mundial de la Humanidad
La historia moderna de Penan comenzó en 1786, tras la fundación de Georgetown por Francis Light, siendo en 1867 declarada colonia de la corona británica, hasta la independencia de Gran Bretaña en 1957.
Penang recientemente se ha constituido en la sede de empresas de alta tecnología, conociéndosele como el Silicon Valley del Este., hasta el punto de que tiene el mayor porcentaje de desarrollo económico y una gran renta per cápita, con una población de muy buena educación de hasta el 99’5% en 2014.
Su heterogénea población es de muy diversas etnias, culturas, idiomas y religión, con razas china, malaya e hindú como predominantes, con significativas colonias de Eurasia, Siam y expatriados.
Al concluir nuestra estancia en Tanah Rata (Cameron Highlands), habíamos de continuar nuestro viaje hacia Penang, por medio de autobús. 
Se trataba de una distancia de 250 kilómetros, de los que los 75 primeros eran por carretera de montaña (con menos curvas que al llegar desde Kuala Lumpur) y el resto por una cómoda autopista. 
Cuando arribamos a la estación de autobuses de Tanah Rata, me dirigí a la amable filipina que nos había atendido el día anterior, y nos hizo esperar algo, para finalmente cambiarnos los asientos a la parte delantera del autobús. Amabilidad y servicio total. 
En el camino hacia Penang, el autobús se detuvo en una amplia y buena estación de autobuses, en Ipoh, muy bien dotada, para llegar a la zona peninsular de Penang  sobre el mediodía, en la estación de autobuses de esa zona próxima al ferry que comunica con la isla, en la que se bajó la mayoría del pasaje, y el vehículo continuó hasta cruzar el largo puente sobre el estrecho de Malaca y llegar a la estación de la isla, en la que, como solía ser habitual, nos acosaron algunos taxistas, aunque mi esposa regateó con uno de ellos y ajustó un precio de 80 ringgits hasta nuestro destino en el norte, en Batu Ferringi, que es donde se hallaba el hotel Hard Rock, en el que teníamos nuestra reserva para dos noches. 
El taxista argumentó para no rebajar el precio que eran casi sesenta kilómetros de recorrido, con tráfico muy denso, y al final aceptamos
El viaje fue bastante cómodo, pese al mucho tráfico, y pudimos comprobar que
la carretera bordeaba la costa este y después la costa norte, en zonas muy pobladas de tiendecitas y restaurantitos entremezclados con hoteles que semejaban de lujo. 
A los cincuenta minutos habíamos llegado al hotel, que se presentó como nuevo y moderno, junto a la playa, con vistosas instalaciones y varias piscinas, aunque ya nos comenzó a contrarias la lentitud y falta de eficacia de las recepcionistas, que n o fueron capaces de distinguir entre el importe de nuestra tarjeta de crédito que ya habían retenido semanas antes como garantía, y el importe de la estancia a pagar (como siempre por adelantado), hasta que después de varias discusiones prometieron que el día siguiente abonarían en la cuenta de la tarjeta lo retenido. FALSA PROMESA. Hasta hoy nada ha hecho el hotel y ya hemos efectuado varias reclamaciones.
Tomamos posesión de las habitaciones, que se presentaron como muy confortables y bien dotadas, y con unas preciosas vistas a las piscinas del interior y a la playa. 
Tras acomodar el pequeño equipaje y descansar un rato, bajamos a la piscina y observamos las magníficas instalaciones, aunque no dejó de resultarnos algo molesto el ensordecedor griterío de la chiquillería huésped, y nos dirigimos hasta la inmediata playa, casi vacía, y en la que notamos la quemadura del más que ardiente sol, por lo que decidimos permanecer junto a la piscina, hasta que pasada la media tarde decidimos merendar/cenar algo y para ello salimos a la carretera frente al hotel y fuimos observando los diferentes restaurantes típicos, de diferentes cocinas, hasta que encontramos uno llamado “Helena”, en la que nos atrajo suy carta y especialmente la simpatía de quien parecía ser la regente, una malaya de aspecto bastante hindú, que hablaba muy buen inglés, quien nos atendió solícita y nos brindó para comenzar unas ansiadas cervezas. 
Observando el interior del restaurante (estábamos en la terraza de entrada), comprobamos que abundaban fotos y cuadros de santos y de la Virgen María, lo que nos hizo preguntar a la simpática Helena si, como parecía, ella era cristiana, a lo que asintió, confesándonos que pertenecía a la iglesia baptista, aunque anteriormente había sido de la católica, de la que se había desvinculado por falta de atención. 
Cenamos muy a gusto un pescado a la brasa, con buena ensalada y arroz, y buena cerveza muy fría, y desandamos el camino hasta el hotel. 
Cuando llegamos al hotel y alcanzamos nuestra habitación, comprobamos que estaba sin arreglar, y ni si quiera se habían cambiado las toallas. Reclamé en recepción y se me dijo que por la hora resultaba imposible dar solución, y que ello se debía a que nosotros habíamos marcado la señal de “no molesten”. Era cierto que esa señal estaba encendida en el exterior d ela habitación, junto a la puerta, pero ello se debía a que dentro, junto a la lámpara de la mesita de noche había un botón que era rozado por el interruptor de la lámpara y que posiblemente se había activado. Como se nos dijera que esa noche no iban a resolver nada insistí en hablar con el director o responsable, efectuar reclamación, llamar a la policía y publicar en la prensa al siguiente día el desastre de organización. Tras insistencias, a medianoche aparecieron dos hombres con reposición de todo, que arreglaron la habitación y la dejaron como debiera haber estado desde el principio. Todo nos produjo a mi esposa y a mí muy mal estado de ánimo (a mayor precio, menos calidad, nos dijimos), hasta el punto
de que pedí cita con la directora para la siguiente mañana, cita que por supuesto no tuvo lugar, porque “no se lo habían podido decir…”. (Ya he ido publicando el desastre organizativo y de atención por los diversos foros de viajes, y tengo en curso dos denuncias, una por la garantía retenida, y la otra por esa falta de servicio en la habitación. Ya veremos...)
Pese a todo, cansados, iniciamos el sueño, del que nos despertó una enorme tormenta con gran aparato eléctrico, que duró un buen rato. 
Estábamos en Malasia, tierra de calor, de humedades y de fenómenos atmosféricos…
Con mejor servicio y mayor amabilidad de llos establecimientos normales que de los de "alto standing" (según ellos...)
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

viernes, 21 de septiembre de 2018

Periplo estival 2018.- Del Mediterráneo al Estrecho de Malaca.-VIVENCIAS EN MALASIA Y SINGAPUR 8


VIII.- SEGUNDO DÍA POR LOS CAMERON HIGHLANDS, LAS PLANTACIONES DE TE Y LAS DEMÁS ATRACCIONES (8)
Nuestro segundo día completo de estancia en los Cameron Highlands, comenzó pronto, porque más bien madrugamos, ya que en el apartamento de CH Green se respiraba tranquilidad y descansamos muy bien. 
Desayunamos en el propio apartamento, y a las nueve de la mañana ya nos esperaba en la zona de recepción el nuevo guía/chófer, Dean, un hombre maduro, hindú, servicial y simpático, aunque con un taxi algo más vetusto que el de Rängel.
Para comenzar la jornada nos llevó al Instituto de Agrotecnología, en el que contemplamos las diferentes plantaciones de flores, cactus y frutas, todo muy ordenado y bien dispuesto.
A continuación, por la carretera que se dirige hacia el sur (de la de la venida desde Kuala Lumpur), nos fuimos hasta la plantación de té Barath, junto a la carretera. 
Parecía menos extensa que la de Boh, pero ofrecía varios atractivos, como la menor afluencia de gentes, el contraste de las montañas y colinas más en la cercanía, y hasta la posibilidad de descender hasta el valle, por el que discurría un saltarín rio, que atravesaba la parte más profunda, y ello podía realizarse mediante un vehículo eléctrico que facilitaba, más que la bajada, la prolongada subida. 
Y tomamos el vehículo y llegamos hasta lo más profundo del valle, donde nos recreamos contemplando el paisaje (increíble, precioso) desde los diversos miradores, al tiempo que observábamos como a media colina los trabajadores iban recogiendo o cosechando las hojas de te. 
Nos recreamos paseando entre las plantaciones y haciéndonos unas fotos, durante un buen rato, porque no teníamos ningunas ganas de abandonar tan bellos parajes, por lo que hasta tomamos un delicioso te, producido en la plantación. 
Era nuestra despedida (más bien un “hasta luego”) de las plantaciones de te, que tanto nos habían cautivado. 
La siguiente etapa fue visitar la granja de las fresas, una amplia plantación dedicada a estos productos, que recorrimos con detenimiento, y donde nos deleitamos tomando unos jugos (smothies, se dice
ahora) de esos frutos. Deliciosos. 
Nuestro taxista/guía era bien expresivo, y nos fue explicando lo que significaban las señales en la frente, entre las cejas, que presentan los hindúes, manifestando si están casados y si son de religión hinduista. Todo muy interesante.
El día iba avanzando y por eso mostramos interés en visitar más lugares, siendo conducidos hasta un mi orador desde el que se podía contemplar la población
de Tanah Rata y alrededores, para después visitar un cercano templo hindú, que nos explicó el bueno de Dean con todo detalle, llegando hasta a demostrarnos él mismo la postura de relax, oración y contemplación. 
Ya había pasado el mediodía con creces, más bien la
tarde, y nos desplazamos a la oficina de venta de tickets de autobús, pues nuestro propósito era desplazarnos al siguiente día con ese medio de transporte hasta la isla de Penang y Georgetown. 
Nos atendió en la oficina una simpática señora, aunque nos asignó no muy buenas polacas en el autobús, y nos sugirió nos dirigiéramos a la propia estación de autobuses (cercana) para tratar con loa encargada de los billetes una posible mejora. 
Y allí fuimos, encontrándonos con la amabilidad de una mujer que, por sorpresa, nos dijo algo en español, sorprendiéndonos como es lógico, y nos aclaró que ella había dominado más nuestro idioma, porque era natural de Filipinas.  Nos mejoró los asientos, pero nos sugirió que el siguiente día (el del viaje) llegáramos unos quince minutos antes de la hora de partida, y trataría de complacernos más. Una muestra más de la amabilidad del pueblo malayo.
Era más de media tarde y habíamos sobrevivido con el desayuno, pero ya precisábamos comer algo en serio, por lo que acudimos a la zona de restaurantes, en la que tomamos platos locales, con el consabido arroz frito, que no estaba nada mal. 


Y, cayendo ya la noche, regresamos a nuestro apartamento, con ganas de descansar, porque el día había resultado también muy apasionante. 


Llevábamos en nuestras retinas y nuestros recuerdos tantas maravillas y preciosidades que habíamos acumulado en los Cameron Highlands. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
Brinchang

























































































































miércoles, 19 de septiembre de 2018

Periplo estival 2018.- Del Mediterráneo al Estrecho de Malaca.-VIVENCIAS EN MALASIA Y SINGAPUR 7


VII.- DOS DÍAS POR LOS CAMERON HIGHLANDS, LAS PLANTACIONES DE TE Y LAS DEMÁS ATRACCIONES (7)
“Las Cameron Highlands son para los malayos, un lugar de reposo y divertimento entre montañas para disfrutar de un clima fresco, lejos del sofocante calor del resto del país. La altura y la vegetación crean lo que para muchos es la reproducción perfecta -eso dicen- del clima británico. El tiempo en el que Malasia fue colonia británica ya queda lejos, pero en estas tierras se sigue respirando la influencia (no siempre negativa) de colonización. Las plantaciones de té de las Cameron Highlands son una de ellos.
Paisajes inmensos y verdes llenos de arbustos de plantas de té forman unas vistas impresionantes. No importa si está nublado o llueve, lo que uno ve allí, es siempre bello… Bueno, si obviamos el detalle de que tuvieron que arrasar la jungla para poder cultivar la tierra, claro.
El territorio se descubrió de casualidad, cuando Sir William Cameron las encontró tratando de definir unos mapas de la región que le habían encargado. Las montañas y elevación del terreno llamó la atención de quienes allí llegaron y pronto se plantearon experimentar en aquella tierra para confirmar su idoneidad para el cultivo. La humedad y
la tierra fértil auguraba el lugar perfecto para ser dedicadas a la agricultura. Y así fue.
Aparte de otros cultivos como el de la fresa, lo que más fama da a las Cameron Highlands son sus plantaciones de té. En ellas, uno puede perderse entre arbustos, recortados y recolectados con formas redondeadas. Como si de un enorme campo de musgo, las plantaciones se extienden más allá de las llanuras. En algunas zonas, las plantaciones suben por las laderas de las montañas en un equilibrio vertical imposible que muchas veces acaba en deslizamiento de tierras. Uno de los mayores problemas de las Cameron Highlands.
Para visitar en modo multitudinario están las
plantaciones de té de la compañía Boh. Una de las más famosas y concurridas por los turistas. Su enorme mirador sobre la plantación tiene unas vistas espectaculares. Su degustación de pasteles y tés le hacen la competencia. Aquí además uno puede desencantarse viendo la fábrica de té. Quizá te imagines unos enormes secaderos de hojas de té, trabajo artesanal y tradición, pero en realidad
todo se reduce a un par de máquinas que rompen, fermentan y secan las hojas de té en apenas 2 horas y media, luego una secadora hace el resto y lo deja listo para ser envasado. No hay más.
Si se prefiere algo menos concurrido, hay una gran plantación de té en dirección sur desde la población de Tanah Rata. Junto a la carretera, a unos 10 minutos en coche, puedes descubrir el gran mirador que se asoma sobre la plantación de té Barat
(De Internet y otras fuentes)
….
“La plantación de té BOH (Best Of Highlands) está instalada a 1.505 m de altitud en Cameron Highlands. Fue fundada por J.A. Russel, que llegó a Malasia en 1890 con 7 años de edad, junto a sus padres y sus cuatro hermanos. Comenzó su carrera profesional en el comercio antes de obtener la autorización para cultivar el té en la región. Su prematura muerte, en 1933, obligó a su mujer,
Kathleen, a tomar las riendas de la empresa. Esta empresa familiar es célebre en la actualidad por la calidad de su té. La cosecha de las hojas de té se
hace cada tres semanas según los lugares. Cada empleado recoge unos 120 kg de té al día y los camiones llevan 9.000 kg a la fábrica. El proceso de fabricación dura entre 12 y 20 horas. Es posible visitar la fábrica donde se procesa el té. Puedes asistir a todas las etapas de preparación: enrollado, fermentación, secado, combinación, separación, etc. hasta el embalaje del producto. Un cautivador olor a té reina en los locales de la empresa... las rutas convencionales. En los alrededores de la plantación Boh, de camino al Mossy forest (bosque de musgo), hay vistas y formas sensacionales. Plantaciones menores y más discretas entre las montañas, mucho menos (o nada) concurridas en las que se puede disfrutar de un bonito paseo, o de la lluvia, según se tercie.”
(De Internet y otras fuentes)
 
Después de haber bien descansado en nuestro cómodo apartamento de CH Green, y de un desayuno adecuado, ya nos esperaba en el parking del edificio de apartamentos “nuestro” taxista/guía, Rängel, quien emprendió viaje hacia el norte, explicándonos el paisaje, por una carretera sinuosa pero muy concurrida, hasta desviarnos por una vía mucho más estrecha, pero más ocupada aún, que por entre las plantaciones de te, se dirigía a las de la empresa BOH. 
Las vistas eran impresionantes y deliciosas, pues los verdísimos campos recostados en las colinas ofrecían múltiples tonalidades de verdes en los arbustos del te, que estaban como agrupados en cuadrados, con
unas pequeñas sendas o caminitos entre ellos, y eso llegando hasta más allá del horizonte. 
Por fin arribamos a la concurridísima factoría Boh, propiedad de una empresa inglesa, antes de su hoy accionista mayoritario, también inglés, y en cuyas instalaciones se nos ofreció una visita guiada para explicarnos el proceso de recolección, tratamiento y secado y empaquetado de las diferentes variedades de te. Muy interesante e ilustrativo. 
Después de la visita y de una nueva explicación mediante video, accedimos a la tienda/cafetería mirador, en la que degustamos un delicioso te, y disfrutamos con las vistas desde el mirador. Comprando te, claro está. 
Una maravilla.
Habían transcurrido ya unas tres horas de jornada y nuestro guía nos llevó hasta el jardín de fresas, donde pudimos visionar el cultivo de estos frutos (fresas, es decir, las pequeñas; no el fresón más común en España) y continuamos hasta el jardín de

las mariposas (millares de todas las variedades) y la granja de animales, en la que se nos ofreció una enorme variedad de reptiles, animales, insectos y demás seres vivos de la zona. 

Ya avanzada la jornada, Rängel nos llevó al tempo budista cercano a Tanah Rata, que nos sorprendió por su grandiosidad y múltiples estancias, lo que propició nuestras fotografías, concluyendo la excursión en un templo de religión hindú, muy diferente al anterior.

Al concluir el trayecto en Tanah Rata, Rängel nos anunció que el siguiente día no  podría acompañarnos, porque tenía un compromiso familiar en Kuala Lumpur, pero nos dijo que ya había previsto que nos acompañara un compañero suyo, Krishna, que podría llevarnos a los lugares que nos faltara  visitar.
Quedamos en Tanah Rata, y acudimos otra vez al restaurante hindú del anterior día, que regentaba la  

simpática y bien dispuesta, Maní (madre de varios
hijos que trabajaban en el establecimiento) y que nos sugirió una especie de panes ácimos que se cocían a leña, junto con pescados y vegetales. 
La jornada concluyó comprando los alimentos que nos hacían falta  para desayunaren el apartamento , y el propio Rängel nos condujo a nuestro retiro, ya avanzada la noche. 
En nuestro alojamiento disfrutamos de un brindis con el vodka comprado el día anterior, y nos congratulamos del bello día y de las interesantes experiencias de las que habíamos gozado en ese rincón tan precioso de los Cameron Highlands. 
Y aun nos faltaba el siguiente día...
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA