THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA

THE MONUMENT VALLEY, ARIZONA, USA
La magnificencia del paisaje en The Monument Valley, la belleza del entorno, las reminiscencias de un pasado de tantos y tantos viajeros que cruzaron el Far West, protagonizando aventuras míticas entre las tribus indias y buscando un futuro mejor...Y al igual que esa ruta invita a seguir hasta más allá del horizonte, hasta el infinito, el Monument Valley, suscitando mil experiencias viajeras y recuerdos, se convierte en el icono de este blog que pretende rememorar las emociones y experiencias del conocimiento de nuevas tierras, nuevas culturas y nuevas gentes. Sin descartar que invada la nostalgia evocando vivencias personales de épocas ya pasadas pero nunca olvidadas.

viernes, 4 de septiembre de 2020

2020, Un verano en la pandemia. -De mar a océano con la mascarilla en el rostro. – 3 Cantabria y los Picos de Europa, la costa asturiana, tierras de Mondoñedo y al fin Padrón.

 


Después de descansar bien en el hotel Peñalabra, tras un desayuno bastante completo, emprendimos la ruta que, por la carretera autonómica CL-627, se dirige hacia el norte, bordeando el embalse de Requejada, hasta llegar a puerto de Piedrasluengas, en el límite de Cantabria, y en el mirador de dicho puerto nos detuvimos y nos maravillamos de la preciosa vista de los Picos de Europa en lontananza, coronado por una franja de niebla al estilo de un mar de nubes. Visión recomendable y que justifica de sobre las muchas curvas de la carretera.

En el descenso del puerto, nos desviamos por la carretera CA-184, por Cabezón de Liébana, hasta llegar a Potes.

El paisaje fue cambiando de manera notable, porque la sequedad del terreno de Castilla fue reemplazada por una verdor de variados colores y unh fresco que nos invitó a mantener abiertas las ventanillas para aspirar el perfume de la hierba fresca y de los robledales, hayedos y hasta eucaliptus.

La llegada a Potes fue como un retorno as la loca civilización, pues las calles estaban abarrotadas de gentes con pinta de turistas o de veraneantes, atascos de tráfico y sensación de que el turismo no sufría crisis.


La carretera CA-185, de un asfaltado perfecto, nos permitió seguir la ruta hacia los Picos de Europa, comprobando cómo en los diferentes alojamientos había acumulación de automóviles y mucho viajero. Sobrepasado el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, austero en su soledad y con pocos visitantes, la carretera fue ascendiendo entre las curvas sobre el río Deva, hasta Camalengo y Espinama, hasta llegar a Fuente Dé, destino final, ante el que se hallaba el imponente muro de los Picos de Europa, coronado en su mitad por una veta de niebla, y en cuyo aparcamiento, no muy lleno se pudo apreciar que el lugar sigue siendo de fuerte atracción turística. Como evidenció la larga cola para alcanzar el funicular que transporta a las alturas, y que desistimos utilizar por la espera que requería, y porque el lugar ya era conocido, máxime cuando en la jornada nos esperaban todavía muchos kilómetros.

(Los Picos de Europa son una cordillera montañosa que se extiende por León, Asturias y Cantabria, constituida por enormes moles de piedra caliza, que hace que este espacio tenga un color y aspecto inconfundible.

Los Picos de Europa son un reducto natural de valor incalculable por la variedad de su fauna y flora.

Los Picos de Europa son perfectamente visibles desde las costas cántabras y asturianas si se dan buenas condiciones meteorológicas; se trata de tres macizos perfectamente delimitados: el occidental o del Cornión, el central o de Los Urrieles y el oriental o de Ándara. Los ríos, con su sin igual poder transformador de este espacio natural, son elementos claves de referencia para esta separación.

En el macizo Central se levantan entre otros, el Naranjo de Bulnes o Pico Urriello (2519m), Peña Vieja (2613m)el Llambrión (2642 m) y la Torre cerrado que con sus 5648 metros es la máxima cumbre de Los Picos de Europa.

Los ríos que conforman este macizo son el Cares, que lo separa del macizo occidental y el Duje que lo separa del oriental).

 El retorno fue hasta enlazar en Potes con la carretera N-621 (de Palencia a San Vicente de la Barquera), en la que nos sorprendió el Desfiladero de la Hermida, un impresionante desfiladero que sigue al río Deva, en el que las paredes parecen cortadas a pico y la carretera en sus innumerables curvas parece impedir el cruce de dos vehículos. Marcha lenta y recreo contemplando tan bello paraje, que vale la pena recorrer.

El desfiladero de La Hermida es un conjunto de angostas gargantas del macizo de Ándara que confluyen en la principal, formada por el cauce del río Deva, que discurre entre grandes paredes casi verticales de roca caliza, algunas de más de 600 metros de altura. Sus 21 kilómetros de longitud hacen de este desfiladero el más largo de España. Un área de 6350 hectáreas está catalogadas como zona de especial protección para las aves (ZEPA). ​ Durante el siglo XIX el desfiladero fue concurrido por viajeros, exploradores, montañeros, escaladores y cazadores británicos que lo tomaban para llegar a Picos de Europa.

Se localiza entre el sector occidental de Cantabria, entre los términos municipales de LamasónCillorigo de LiébanaPeñarrubia y Tresviso, y el municipio asturiano de Peñamellera Baja. Representa el único corredor de entrada desde la costa del Cantábrico a la comarca de Liébana, en Cantabria, al discurrir por él la estrecha carretera N-621. Toma su nombre de La Hermida (Peñarrubia), población cántabra que atraviesa)

Ya en el acercamiento hacia la costa del Cantábrico, poco antes de Llanes hicimos una corta parada para tomar un refrigerio, que finalmente fue un sabroso bocadillo de lomo de cerdo, observando cómo los parroquianos del bar en el que nos hallábamos degustaban sidra asturiana en grandes vasos apenas llenos en su fondo, bebida que hubimos de prohibirnos, que por algo había que conducir y nos faltaban muchos kilómetros de viaje.




Ya habíamos entrado en la autopista A-8, llamada del Cantábrico, que une Bilbao con Galicia, y llegamos a la población de Llanes, que nos apetecía recorrer por sus renombradas bellezas y paisajes, aunque nos aconteció como antes en Potes, pues los automóviles apenas circulaban en medio de una larga fila, las calles estaban superpobladas de gentes con aspecto de turista y visitantes, y se nos indicó que había que aparcar a unos dos kilómetros del centro. Ello vedó nuestra intención de caminar por la población y lo dejamos para momento más oportuno, siguiendo la ruta, aunque orillamos Ribadesella, por temor a las mismas congestiones.

La marcha se aceleró por la autovía, no demasiado concurrida, por la que nos aproximamos a Galicia, no sin pena por dejar de lado Villaviciosa, Gijón, Avilés, Cudillero y Luarca, hasta llegar a Ribadeo, límite de Galicia, frontera de la Mariña lucense, que bien conocíamos ya, porque habíamos vacacionado en ella unos años antes, cuando tuvimos el placer de establecer nuestro “cuartel general” en Alfoz (zona de Mondoñedo), en el acogedor “Hotel Rústico Casa Franco”, en el que sus dueños (José e Isabel) nos colmaron de atenciones, y que aprovecho para recomendar al viajero que guste del confort en la sencillez, bellos paisajes y mejor comida.

En la autovía, antes de Mondoñedo, apareció en los luminosos el aviso de que habría un tramo cortado por causa de la niebla que invade habitualmente las alturas, forzando el desvío por la carretera normal.

Por las ventanillas abiertas no iba entrando el perfume d ela tierra y montañas gallegas, con los aromas de eucaliptus, abedules y toda la rica flora de la región, hasta que llegamos a la A-6 (Madrid A Coruña), en la que, al llegar a Guitiriz, nos desviamos por la N-634 en dirección a Santiago de Compostela.

Para este viajero, el tramo de rua hasta llegar a las cercanías de Labacolla (aeropuerto de Santiago) fue una continua sucesión de emocionados recuerdos de los tiempos y hechos que en la zona había experimentado veinte años atrás, cuando tuve la dicha de morar bastante asiduamente en la ciudad de Compostela. Aquellos bosques, aquellos prados, aquellos riachuelos, aquellos hostalitos en los que degustábamos las truchas salvajes, el raxo, los callos gallegos (que, por cierto, son con garbanzos), el caldiño galego, el pulpo a feira… Lembranzas inolvidables.

Cuando llegamos a las cercanías Santiago, mi orgullito de viajero recibió un buen castigo, pues traté de seguir los itinerarios que recordaba, pero ¡todo estaba cambiado! Las carreteras se habían trocado en autopistas, los lugares eran otros. Al cabo de varias vueltas, me hallé, sin darme cuenta, en las espaldas del Hotel de los Reyes Católicos, en la plaza del Obradoiro. No tuve más remedio que usar el navegador que, poco a poco, me situó en la ruta de salida de Santiago, por el Sur, la N-550 (De A Coruña a Portugal), y por Milladoiro, Escravitude, Iría Flavia (recuerdo y tumba de Camilo José Cela), el viaje llegó a Padrón, en el que no fue nada difícil salir hacia el municipio de Dodro, en cuya parroquia de Lestrove sa hallaba nuestro destino final del día: A Casa Antiga do Monte, que iba a ser nuestra residencia en las siguientes jornadas vacacionales.

(De esta magnífica Casa comentaré en venideros capítulos, porque merece la pena)

Después de acomodarnos en la espléndida habitación de la primera planta, decidimos caminar hasta Padrón para picar algo, y como se nos había dicho que estaba “a poco más de quince minutos, apenas un poco más de un kilómetro”, emprendimos el paseo, aunque la artrosis de mi rodilla izquierda quiso hacerse notar y entre dolores me obstaculizaba la marcha, hasta que por fin recorrimos los casi dos kilómetros de ruta hasta las zonas urbanas de padrón, la iglesia del Carmen y el paseo del Espolón, junto al río Sar.


Hallamos pronto la Pulpería Rial, en la Praza das Travesas, con una sugerente terracita, en la que nos deleitamos degustando un buenísimo pulpo a feira, unas patatas con picante y bebiendo un viño ribeiro do país, en taza, que fueron coronados por un caralliño de augardente queimado. ¡Una maravilla!

(El pulpo a la gallega (en gallego polbo á feira) es un plato tradicional de Galicia y básico en su gastronomía, aunque su consumo se ha generalizado por toda España. Se trata de un plato festivo elaborado con pulpo cocido entero (generalmente en ollas de cobre) que está presente en las fiestas, ferias y romerías de Galicia, El Bierzo (León) y Sanabria (pulpo a la sanabresa) (Zamora); de ahí su nombre "á feira". La cocción se realiza tradicionalmente por las polbeiras (palabra que designa a las pulperas en gallego), suele servirse en la actualidad frecuentemente como tapa.

El popular “Pulpo a Feira”, estandarte de la gastronomía gallega, en realidad no es un plato gallego sino maragato. Cuando en España se descubrió que el pimentón servía para conservar la matanza, Galicia se revolucionó y durante los meses estivales había una caravana continua de recuas de arrieros maragatos que traían el milagroso conservante por la ruta de la plata desde la lejana Extremadura, y con él, otro preciado tesoro, el aceite de oliva.

Los maragatos adquirían casi de balde el pulpo seco que los gallegos despreciaban y en su deambular lo rehidrataban y mezclaban con el aceite de oliva y el pimentón extremeños con los que comerciaban. Tiempo después, los gallegos empezaron a apreciar el invento y lo incorporaron como condumio de sus fiestas, ferias y romerías, otorgándole la denominación de «polbo á feira» o pulpo á feira.

El plato consiste en pulpo limpio de sus vísceras y que es cocido entero durante algún tiempo (preferiblemente en una olla de cobre) con el objeto de ablandar su carne, a veces es congelado unos días antes con el objeto de ablandar el nervio, otras es golpeado varias veces contra una superficie. Por regla general el "cocido" del pulpo se hace tres veces, es decir se introduce en agua hirviendo durante escasos segundos y se saca, así tres veces. A esta técnica se la denomina "asustar" y ayuda a que conserve su piel una vez que esté cocido. Luego se deja cocinar en el agua hirviendo durante una cantidad de tiempo determinada según el origen del pulpo y su peso.

El pulpo bien cocido conserva todavía su piel, por esta razón se le deja reposar al aire un cuarto de hora antes de ser servido. La operación de cocido sobre ollas de cobre es tradicional que sea hecha por mujeres al aire libre y que en lengua gallega se denominan polbeiras. En algunos pueblos se asigna un domingo de cada mes para las pulperas, sobre todo en la provincia de Orense, y ellas lo cocinan en la calle para la gente que quiera degustarlo. En la actualidad se suele congelar pues está más blando.

Tras la cocción es cortado mediante unas tijeras en rodajas de un centímetro de grosor aproximadamente; es servido espolvoreado con pimentón en su superficie. Dicho pimentón es usualmente dulce pero también se lo mezcla con pimentón picante, pero nunca ahumado. En algunas ocasiones, también se acompaña de patatas cocidas con piel y presentadas enteras cortadas por la mitad (cachelo o cachelos en plural). En la comarca de Sanabria es tradicional servirlo acompañado de ajo. Es frecuente verlo servido caliente, recién hervido, puestas las rodajas sobre una tabla de madera mientras sobre el montón se le rocía con abundante aceite de oliva (mediante el empleo de una alcuza), pimentón, dulce o picante pero nunca ahumado , ya que desvirtúa el sabor del pulpo y se vierten algunos granos de sal gorda.

Es frecuente que se sirva acompañado de diversos palillos para que los asistentes puedan asignarse las rodajas de pulpo y servirse de ellas a modo de tenedor. Suelen servirse con el pulpo diferentes vinos tintos)

Pero…había que volver, y mi rodilla no presagiaba nada bueno, por lo que conseguimos un taxi que nos acerco a la Casa, por un coste más que módico, en la que, poco después de llegar, ya disfrutábamos del confort de una muy buena habitación, con las vistas a los bosques y al bello y verde jardín que nos rodeaba, y con aromas de verdor, que se apagaron cuando por el frescor de la noche (unos quince grados ¡en pleno agosto! Hubimos de cerrar las puertas delos balcones.

Los sueños debieron ser muy felices porque ningún recuerdo de ellos nos quedó.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

miércoles, 2 de septiembre de 2020

2020, Un verano en la pandemia. -De mar a océano con la mascarilla en el rostro. - 2 Por los campos de Aragón y Castilla y Cañón del Río Lobos hasta Cervera del Pisuerga, en las puertas de Cantabria

BURGO DE OSMA

La primera etapa de nuestro periplo veraniego la ideamos buscando un viaje inicial no demasiado largo, y por carreteras cómodas y no muy frecuentadas, inclusive recorriendo zonas y lugares poco o nada conocidos por nosotros.

Eran poco más de las nueve y media de la mañana cuando nuestro coche híbrido (hasta el presente fidelísimo en su rendimiento) enfilaba la V-21 en dirección a la Autovía Mudéjar (A23), por la que recorrimos, sin demasiado tráfico, los casi doscientos kilómetros hasta la comarca turolense de El Campo.

A la altura de Torremocha comprobamos el abuso, ya casi usual, de las áreas de servicio en esa y otras autovías, con mala atención y precios para  ricos, pues por un café y un café cortado servidos en vaso de papel, se nos cobró casi cinco euros; y por un bocadillo de jamón se pedía nueve euros. Todo un abuso. Así están de vacías...

A la altura de Monreal del Campo, muy cerca de Torrijo del Campo (foto que sigue), pueblo de mis ancestros paternos, desviamos por la carretera N211, que se dirige hasta el límite de la provincia de Guadalajara, oteando una vez más la pobreza de los campos apenas sembrados de enjuto cereal, salpicados de alguna plantación de diminutos y casi secos girasoles.

Seguimos por Molina de Aragón (dícese que es la población más fría de España) para en Alcolea del Pinar hallar la Autovía del Nordeste (A2), que seguimos hasta Medinaceli, punto en el que derivamos a la Autovía A15, de la que salimos a la carretera autonómica CL 116, que nos dirigió al Burgo de Osma, importante población de tradición episcopal (actualmente sigue siendo sede catedral de la diócesis de Osma-Soria), y por la carreterita SO-220 llegamos a la población de Ucero, recoleta y pintoresca; y en uno de los márgenes de la carretera comimos unos platos de bacalao bastante sabrosos, sorprendiéndonos los muchos clientes y viajeros que ansiaban almorzar, sin duda por la proximidad del Cañón del Río Lobos.

La comida reparadora fue seguida del paso por la ruta al Cañón del Río Lobos, siempre enorme, majestuoso e impresionante, que inclusive desde la carretera luce atractivo.

(El Parque Natural Cañón del Río Lobos, ubicado en las provincias de Soria y Burgos, está considerado como uno de los paisajes más bellos de España por la espectacularidad de su relieve, un singular espacio sobre el eje de un profundo cañón de escarpados farallones En su interior destacan extensos bosques de sabinas y pino laricio, además de su riqueza faunística, destacando las parejas de buitres leonados, siendo importante reserva de esta especie, águilas reales, alimoches y halcones. Entre los mamíferos abundan los corzos, jabalíes, ardillas, nutrias, tejones y gatos monteses.

Un lugar donde hacer un hermoso recorrido a pie, entre paisajes, a la ermita de San Bartolomé, uno de los enclaves más importantes -y sorprendente en su entorno- de la orden de los caballeros templarios, a partir de la cual se puede contemplar este cañón en todo su esplendor; acompañados en el camino por el río Lobos, con nenúfares flotantes, aguas que aparecen y desaparecen intrigando al caminante. Sin duda, una belleza sin palabras, que solo se descubre en su visita.)

Nuestro camino siguió hasta San Leonardo de Yagüe (apellido de la estirpe a la que perteneció el general que intervino en la guerra civil española, en el bando franquista, lo que ha motivado que el ayuntamiento izquierdista haya intentado eliminarlo del nomenclátor, lo que los habitantes han impedido casi por unanimidad).

En esta población retomamos la N234 (de Sagunto a Burgos), por la que llegamos a la capital castellana, que circunvalamos en dirección a Osorno, siguiendo la A231, hasta enlazar con la A-67, que llega a Aguilar de Campóo, punto de desvío hacia nuestro proyectado destino final por el día: Cervera de Pisuerga.


En llegando a Cervera no fue complicado hallar nuestro reservado alojamiento, el Hotel rústico Peñalabra, situado en la carretera interior, junto al río Pisuerga, que ofrecía un buen aspecto exterior, y donde nos refrescamos un poco antes de dar una vuelta por la población (con bastante gente en las calles, y muchos con pinta de turistas nacionales).

El hotel estaba muy cuidado, limpio y con todas las precauciones ante la pandemia, con la habitación pequeña pero con buen aspecto. Bien, en general. 

Hacía algo de calor y tratamos de pasear junto al Pisuerga, dirigiéndonos a un camping con cafetería situado a unos mil quinientos metros, donde picamos algo (casi no teníamos apetito después de la buena comida en Ucero).

CERVERA DE PISUERGA

El paseo sirvió para dejarnos en la cama con ganas de dormir, y ánimos de reposar para la siguiente etapa por Cantabria y Asturias.

Los casi seiscientos kilómetros recorridos habían sido la puerta de nuestras vacaciones. 

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 1 de septiembre de 2020

2020, Un verano en la pandemia.-De mar a océano con la mascarilla en el rostro.- 1 El proyecto


Estoy habituado a planificar con bastante antelación las actividades lúdicas y de descanso de los períodos festivos y vacacionales, especialmente en verano.

Pero en este año “vírico” de 2020, la planificación se me antojó complicada, si no imposible.

Ya por el mes de marzo comprobé cómo el confinamiento del Covid-19 y la crisis sanitaria mundial contribuían a forzar y neutralizar mi propósito de desplazamiento (habitual cada año) con mi esposa, hasta Ucrania, para visitar al hijo que allí mora, su esposa y los nietos.

Primeramente las noticias de los contagios en Ucrania, después el confinamiento en España, y finalmente el anuncio de la desastrosa compañía aérea Ryanair, en el sentido que se cancelaba el vuelo a Kiev en primeros de abril, que habíamos reservado (y pagado) dos meses antes.

El aviso de la aerolínea era irritante, por lo cínico, ya que invitaba a obtener un bono por el importe de los billetes pagados, advirtiendo que si se pedía el reintegro eso iba a ser muy complejo, por las muchas peticiones y por la falta de personal operativo.

Solicitamos la devolución del importe, y diré que en el día de hoy solamente hemos recibido (hace un mes) una invitación a obtener el citado bono de viaje, o a insistir en el reintegro, que se anuncia complicado.

(Como en Ucrania, ejemplo de caos sanitario y de otros órdenes) está decretada hasta finales de septiembre –por ahora— la cuarentena para los que viajen desde España, con la obligación de hacer tests y muchas cosas más, la resignación ha sido nuestra norma de criterio al respecto.

Y, claro, frustrado el viaje a Ucrania en abril, había que pensar en la posibilidad de unas vacaciones veraniegas, para lo que a primeros de junio decidimos mi esposa y yo mismo que, ante la práctica imposibilidad de salidas al extranjero, lo conveniente sería visitar algunas zonas de España, en las que el calor húmedo que padecemos en Valencia se trocara en algún fresco reparador, además del cambio de paisaje, ambiente y alimentación.

En principio delimitamos el norte de España, con especial atención a Galicia, Asturias y Cantabria, sin descartar Euskadi y Navarra.

Comencé a buscar en las redes sociales y en los distintos programas de viajes y alojamientos, y quedé anclado a la montaña cántabra, a los valles y costas asturianas y, especialmente, a Galicia.


Después de innúmeras comprobaciones esbocé  un proyecto consistente en alojarnos en Galicia, en el centro de la región (más bien no lejos de Santiago de Compostela), porque, con independencia de que yo estuve viviendo allí casi diez años, la zona de la Mariña lucense ya la habíamos disfrutado (en el Hotel Rústico Casa Franco, de Alfoz, cerca de Mondoñedo, que aprovecho para recomendar); en Manzaneda, comarca de A Pobra de Trives (en el espléndido y maravilloso Pazo da Pena (de la familia Rial, en Rozavales, sobre el que he escrito y abierto un blog denominado “Lembranzas do Pazo da Pena”); y hasta en el norte de Portugal, muy cerca de Viana do Castelo, en la muy confortable Casa da Reina, que también recomiendo.

Me sedujo en principio un alojamiento cerca de Torrelavega, pero desistí al comprobar que estaba situado cerca de una autovía y los clientes se quejaban de calor y mosquitos.

Analicé posibilidad en los Picos de Europa, tanto en la zona asturiana como en la cántabra, para concretarme finalmente en la Galicia más o menos atlántica.

Allí, pese a lo avanzado de junio, me centré en la península de Barbanza, al sur de Santiago de Compostela, con las sugerentes rías de Vilagarcía de Arousa, y Muros-Noia, y con poblaciones interesantes como Rianxo, Ribeira, Pobra do Caramiñal, Carril, Vilagarcía de Arousa, isla de Arousa; y no descarté la llamada “costa da Morte”, porque me atraía visitar de nuevo Fisterra (Finisterre y su legendario cabo), Ézaro, Muxía y Camariñas. (La gran ventaja era que las reservas podían cancelarse sin costo hasta uno o dos días antes de la llegada)


Así pues, tras consultarlo con mi mujer, hilvané un proyecto que nos gustó, consistente en viajar por Aragón, vía Teruel y Calamocha, hasta Castilla y León; llegar a la provincia de Soria, visitar la zona del río Lobos y su impresionante garganta, y seguir a Burgos, continuar en dirección Palencia, para pernoctar en Cervera de Pisuerga, en la zona de las Fuentes Carrionas y al pie de los inicios de cordillera cantábrica.

La segunda etapa consistiría en viajar a través del puerto de Piedras Luengas (maravillosas vistas de los Picos de Europa, con sus mares de nubes), hasta llegar a Potes, ya en plena Cantabria, alcanzando Espinama y Fuete De, ya en los Picos.

Después, el proyecto era continuar por el desfiladero de la Hermida (impresionante por su longitud y angostura de la carretera nacional) hasta la Autopista A-8, visitando la asturiana Llanes y pasando por Ribadesella, para continuar en la misma autovía, ya en Galicia, por Mondoñedo y concluir en Santiago de Compostela y Padrón.

En Padrón elegimos un alojamiento que nos resultó muy sugerente, la denominada A Casa Antiga do Monte, en Lestrove, una aldeíta a dos kilómetros de la ciudad de Rosalía de Castro.

Hicimos las oportunas reserva en el Hotel Rústico Peñalabra, de Cervera de Pisuerga, y en la citada casa de Lestrove (sobre ello comentaré en sucesivas entradas)

Y de esta guisa quedó configurada nuestra “aventura” veraniega de mascarilla en la pandemia: Del Mar Mediterráneo al Mar Cantábrico, para llegar a las proximidades del océano Atlántico; o sea, cruzar España en busca de nuevas sensaciones y de seguir descubriendo más lugares deliciosos.

Como así resultó y seguiré narrando.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

jueves, 26 de septiembre de 2019

VERANO 2019. Viaje a Dacia y Transilvania tras las huellas de Trajano (17) Mis experiencias en Rumanía. - Resumen y comentarios


 (y17) Mis experiencias en Rumanía. - Resumen y comentarios

Confío en que mis anteriores entradas sobre Rumanía hayan permitido al lector ir desvelando el “alma”, la esencia y características de ese interesante país.

Si así ha acaecido, pretendo con los comentarios que siguen que se forme una idea sobre lo que ha sido, es y podrá ser esa nación, tan cercana a España en cuanto a historia y reminiscencias latinas, y al tiempo tan desconocida.

1.- BELLEZA NATURAL

Rumanía está caracterizada por su núcleo central de los Cárpatos, Transilvania y otras cordilleras de alturas nada despreciables, que albergan en su seno espectaculares parques naturales y lagos, bosques, fauna y flora específicas y muy interesantes. No voy a dar aquí una enumeración porque en cualquier guía de viajes, y especialmente en Internet, se encuentra abundantísima información al respecto.

Me ha seducido especialmente la riqueza colorista de sus tierras y altiplanos, ornados por ricas corrientes de agua y lagos (muchos de ellos consecuencia de
pantanos), y ello me ha suscitado el compromiso de volver muchas más veces para alcanzar un mejor y mayor conocimiento.

No me olvido de esa ventana al mar (al Mar Negro) que es la zona en derredor de Constanza, en la que las playas brindan el refresco de sus aguas limpias y profundas.

Pero quedo con el deseo de recorrer mejor las zonas norteñas, especialmente las regiones de Bucovina (conozco la vertiente de Ucrania) y de la antigua Moldavia. Ojalá sea pronto.

2.- BUENAS Y HOSPITALARIAS GENTES

Cuando comenté en España que pretendía viajar a Rumanía este verano, más de un “enterado” me espetó que me iría a la “tierra de los gitanos”, en un tono de menosprecio que no me gustó.

Y en honor a la verdad he de proclamar que no he notado en mi periplo por las tierras rumanas que esa etnia incunable y vituperada sea dominante en el país de Transilvania.

Casi me atrevo a decir que uno puede ver más gitanos en España que en Rumanía.

Mas dejando al margen lo relativo a esa raza, diré que he encontrado en Rumanía gentes sencillas, amables, afectuosas, serviciales, que se esforzaban por entendernos y por hacerse entender (desgraciadamente apenas conozco dos centenas de palabras del idioma rumano) y especialmente no tenían reparo en hablarme en inglés (muy extendido).

Especialmente mi esposa y yo mismo hemos gozado del privilegio de alojarnos durante una semana en la casa de la familia Ierulescu, en la Transilvania de la provincia o condado de Hunedoara, y allí los anfitriones han desplegado todo su afecto y atención con nosotros, dispensándonos su disposición y buenos servicios en cuanto al alojamiento, comidas, convivencia, etcétera, especialmente sus hijas, las encantadoras Andrea y Paula (ésta, muy querida alumna de mi organización profesional durante ya varios años). ¡Y ello que con los padres casi tuvimos que utilizar el lenguaje “digital”, o sea, con los gestos y dedos!

Pero también en la Universidad de Petrosani, en el mismo condado o provincia, tanto el Rector como los directivos nos acogieron con simpatía y disponibilidad y nos brindaron sus explicaciones y atenciones, inclusive para planificar actuaciones conjuntas en un futuro cercano.

Muy emotivo resultó el reencuentro con antiguas alumnas becarias Erasmus de universidades rumanas, que nos brindaron la confirmación de su afecto hacia nosotros, e incluso las que no pudieron acompañarnos físicamente nos saludaron por teléfono y WhatsApp.

Item más. Hasta las gentes a quienes no conocíamos de nada también fueron por doquier atentas y hospitalarias, muchas de ellas hablándonos en un español bastante correcto, con la explicación de que habían ido aprendiéndolo a base de visionar las novelas sudamericanas que se ofrecían por televisión.

3.- INFRAESTRUCTURAS ACEPTABLES

Los desplazamientos a través de Rumanía no son demasiado cómodos ni sencillos.

La vía aérea es, como siempre, la mejor manera de viajar desde el extranjero, pero carece de flexibilidad y utilidad para desplazamientos domésticos, ya que no es barata y además casi todos los trayectos giran en torno al aeropuerto Henri Coanda de Otopeni-Bucarest, saturado, y que obliga a los desplazamientos a otras capitales (Timisoara, Iasi, Brasov, etc.) en viajes de ida y vuelta.

El medio de transporte más barato en Rumanía es, sin duda, el ferrocarril, pero no es ni con mucho el más conveniente ni el más confortable, si se exceptúan los viajes entre poblaciones pequeñas y medias y los trenes (pocos) de buena velocidad.

Es verdad que la red ferroviaria es muy extensa, pero la velocidad media resulta
exasperante, con trayectos de marcha limitada y muchos enlaces y paradas.

La carretera es el medio más utilizado, no solamente porque estamos en los tiempos del automóvil, sino también porque facilita una autonomía que los otros transportes no conceden.

Las carreteras principales se hallan en un estado bastante razonable, en cuanto a firme o suelo, pero solamente hay una verdadera autopista (al norte, entre Sibiu y Deva, y carente de áreas de servicio), y alguna carretera “desdoblada”, o sea, de doble franja en cada sentido. En zonas menos concurridas, las carreteras pueden ser una odisea, porque, si existen, están descarnadas, llenas de agujeros (los denominados en inglés “pot hole”) y por las que los vehículos circulan en zig-zag, como haciendo una “gynkana”.

La flota automovilística es bastante buena, con predominio de los coches de gama media, y abrumadora mayoría de los “Dacia”, el coche nacional (motor Renault) cuya marca rememora la historia de la nación.

En las ciudades y poblaciones, el cuidado de calles y jardines es correcto, sin más. Tal vez en Bucarest la conservación del suelo es deficiente y la limpieza escasa.

En resumen, Rumanía precisa con bastante urgencia una mejora en sus sistemas de transporte y comunicaciones.

En cambio, el teléfono, y la telefonía móvil, funcionan bastante bien, y el Wi-Fi se ha impuesto hasta en zonas públicas.

Los transportes urbanos son bastante correctos; los interurbanos por carretera lentos y poco cómodos.

4.- LA CULTURA

Pese a la mucha población rural, es sorprendente el buen nivel cultural de las gentes, que no solamente poseen buenos conocimientos (se nota que la política educativa y escolar ha sido buena, como ha venido siendo habitual en países de la antigua órbita soviética) sino que en buena parte se tiene el inglés como segundo idioma.

Es elogiable la organización de las exposiciones artísticas, de los eventos musicales tradicionales (ópera) y modernos (conciertos de música actual), y es fácil y no cara la visita a museos.

Es sorprendente la abundancia de librerías muy bien dotadas, con bastantes
obras de autores extranjeros y con predominio de autores germánicos e ingleses.

Lo más sorprendente es que muchas personas se atreven a hablar en español (bueno, un español de Iberoamérica) porque, además de estudiarlo, existe una gran adicción a las telenovelas mejicanas y sudamericanas en versión original subtitulada, de lo que se saca un gran provecho.

El patrimonio arquitectónico no está demasiado cuidado (excepto en las ciudades más turísticas, como Sibiu y Brasov) y parece hará falta una buena dotación de fondos de la Unión Europea para restauración y conservación. (Bucarest, por ejemplo, presenta preciosos edificios, pero carentes de conservación)

5.- LA ALIMENTACIÓN

Aún se mantiene una gran influencia del modo de vida rural, y por ello se ofrece por doquier la comida tradicional, sobre la que no voy a extenderme, remitiendo
a la abundante información en Internet.

Los supermercados son al estilo europeo y están muy bien guarnecidos, a precios bastante razonables, inclusive con bebidas y productos importados, especialmente alemanes, húngaros y franceses. Los cítricos españoles brillan por su ausencia. Y el pescado es principalmente congelado.

En los restaurantes se presenta una carta bastante variada con predominio de las carnes y reinado de las salsas, de muy diversos orígenes.

La cerveza es local, pero hay franquicias de marcas foráneas, y el vino es bueno, pero no se bebe mucho (especialmente en verano, por el calor), y su precio es más elevado que el de la cerveza.

Las bebidas alcohólicas, a nivel de la Unión Europea.

Pero, en mi opinión, la bebida reina es el tsuica, una especie de aguardiente a 
base de la pruna, que tiene suficiente graduación alcohólica, pero sabor agradable y que es una buena bebida (cual el vodka) para alternar en las comidas.

Las sopas son las reinas de la mesa y los rumanos las toman inclusive en verano.

Y podría escribirse mucho más.

6.- EL MODO DE VIDA

La mayor parte de los habitantes de Rumanía vive en zonas rurales y de población diseminada, pues, exceptuando las grandes urbes, como Bucarest y alrededores, Brasov, Iasi, Timisoara, Ploesti, Botosani, Constanza, proliferan los pequeños municipios, integrados por muchas aldeítas.

Ello explica el estilo a veces arcano de la vida de las gentes, que prefieren la población rural, con el cuidado de animales, aunque con bastantes adelantos de la vida moderna.

Es muy grato comprar en las cercanías de las aldeas miel de varias clases, infusiones de hierbas, bebidas caseras, legumbres y vegetales de cultivo directo. Y ello se refleja en las delicias de la comida tradicional y casera.

Buena ocasión de gozar de esta alimentación tuvimos durante nuestra estancia
en la casa de la familia Ierulescu.

También nos sorprendió la tendencia a la visita de la naturaleza, porque las familias se reúnen para excursiones a los maravillosos parques naturales que brinda la configuración del país.

En cuanto a la indumentaria, nos sorprendió el exquisito cuidado en el vestir para las celebraciones (especialmente las bodas), porque las féminas lucen sus mejores galas, llegando en ocasiones a la exageración, en contraste con la tendencia decreciente en la Europa occidental.

Otro rasgo característico del modo de vida rumano es la religiosidad, pues, pese al pasado comunista, proliferan las iglesias y templos, y las gentes practican efectivamente la religión, con abrumadora mayoría de los ritos ortodoxo-romanos, y hasta observan reglas que ahora nos parecen obsoletas, como el
ayuno y la abstinencia de carne.

La familia sigue siendo el núcleo esencial de la convivencia, y la unión de sus miembros es envidiable, hasta el punto de que no es raro de que convivan abuelos, hijos, nietos y bisnietos.

En fin, un modo de vida bastante envidiable.

7.- EL TURISMO Y SU REALIDAD PRÁCTICA

No cabe la menor duda de que el turismo en cada país está vinculado a las esencias de esa propia nación,

Así, en Rumania el turismo está desarrollado, pero adolece de la adecuada planificación y especialmente de la profesionalidad de las gentes que laboran en la actividad turística.

Entre las muchas facetas que presenta el turismo en Rumanía, es la hospitalidad natural de las gentes, probablemente, lo más destacable, aunque se echa de menos una mayor profesionalidad.

Hay que distinguir el turismo de nivel alto, con los hoteles de alto ranking, las empresas con organización de otro país, los dirigentes con formación específica y técnica, de aquel que denominaríamos “turismo espontáneo”, es decir, el que practican las gentes atendiendo a los visitantes, con la naturalidad de sus propias esencias, sin especial preparación o cualificación técnica y laboral.

Un ejemplo del turismo de calidad lo ofrecen algunas agencias de viajes,
algunas líneas aéreas, algunos hoteles de buen nivel y restaurantes de prestigio.

El resto de agentes “turísticos” no alcanza el nivel de profesionalidad (cualificación y preparación) que sería deseable, de manera que si, por ejemplo, un camarero de una cafetería normal atiende correctamente, se debe más a su personal formación social que a una preparación y estudios específicos.

Partiendo de la base de que las gentes rumanas son de natural hospitalarias y educadas, se puede desechar en general la “pillería” con el turista, cobrándole precios abusivos o alterando calidades de servicio. Ello es una garantía de bien hacer, pero no es suficiente.

De las muchas experiencias vividas durante dos semanas de estancia en Rumanía y recorriendo diferentes áreas de la nación, comentaré que me defraudó la poca asistencia en la única autopista a nivel europeo, como me defraudó la mediana calidad de las carreteras nacionales atravesando pueblos, como los fallos organizativos de los aeropuertos.

Por el contrario, comprobé buena praxis en la mayoría de los restaurantes (inclusive los más “turísticos” en el barrio viejo de Bucarest), en los hoteles de calidad, en el transporte urbano, etcétera.

Bien cierto es que “cada cual habla de la feria según le va”, pero ahí quedan mis comentarios y apreciaciones para que quien disienta pueda discrepar.

Prefiero no comentar sobre la organización del turismo en Rumanía, porque no he tenido la posibilidad de profundizar en el tema, aunque he echado de menos que en las Universidades, especialmente en las Facultades de Ciencias Económicas no haya estudios concretos de turismo, como por ejemplo acontece en otros muchos países del entorno.

Solamente así se podrá evitar que en zonas de saturación turística se ofrezca alojamientos inadecuados, con barreras arquitectónicas para discapacitados, y con camareros y trabajadores que lo más que saben es sonreír.

Sin embargo, Rumanía es un país en el que las gentes quieren prosperar y luchan por ello.

Así pues, personalmente auguro un notable desarrollo en tiempos no muy lejanos.

E intentaré visitarlo más veces para comprobarlo personalmente.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 17 de septiembre de 2019

VERANO 2019. Viaje a Dacia y Transilvania tras las huellas de Trajano (16.2) Conociendo mejor Bucarest

(16.2) Conociendo mejor Bucarest
Después de la primera visita a Bucarest, decidimos no agotar el conocimiento de casas, edificios y monumentos, y concretar más aquellos aspectos que más pudieran interesarnos, como la vida callejera, la relación con los turistas, los establecimientos comerciales, los bares y restaurantes, etcétera, dejando para otra ocasión entrar en más detalles, influidos también por el gran calor ambiente que se nos imponía, muy seco, con un sol que llegaba a abrasar.
Por eso, comenzamos la jornada (la última completa de estancia en Rumanía), accediendo al Water Park situado junto al hotel Rin, ya que por ser huéspedes teníamos derecho al acceso gratuito. 
Después de un buen desayuno, apenas caminando veinte metros, entramos en el complejo acuático, en el que nos bastó mostrar las tarjetas del hotel. 
Este Water Park nada tiene que envidiar a los de España, porque cuenta con varias amplias piscinas, muchas zonas de sombra, hamacas y tumbonas, con un césped artificial cuidado, bares, restaurantes y una "troupe" de vigilantes/socorristas. 
Como fuimos a primera hora de la mañana, no había
demasiado público, aunque mamás con niños gritones y juguetones ya abundaban. 
Después del baño, cerca del mediodía, fuimos en el transfer del hotel hasta el aeropuerto y subimos al autobús 783, que nos llevó hasta la Piata Unirii, donde caminamos un rato, aunque el calorazo imperante nos aconsejó sentarnos en una terraza callejera para beber una limonada muy fría y relajante. 
Nos sorprendió la calidad de esa bebida, con un intenso sabor a limón, buenos trozos de ese cítrico, un jugo espeso y todo muy frío. Valió la pena. 
Nos adentramos en el gran complejo comercial "Stradivarius", en el que recorrimos todas sus plantas y comprobamos de esos grandes almacenes son bastante similares a los del resto de Europa. Si acaso, los precios son algo más bajos. 
Aún volvimos a sentarnos en otra terraza al otro lado de la plaza, en la que repetimos las limonadas, y nos adentramos en su interior, porque nos pareció ver como una exposición de cafés, y, efectivamente, hallamos un bonito rincón, muy cuidado, con aspecto tradicional, en el que una jovencita, que después
supimos se llamaba Iulia, nos sorprendió hablándonos en un español aceptable. Al preguntarle cómo había aprendido tan normal español, nos
comentó que esencialmente lo había adquirido viendo y escuchando las telenovelas mejicanas y sudamericanas que, en lenguaje original subtitulado, se prodigan en Rumanía. 

Charlamos un rato con ella, y hasta nos hicimos unas fotos juntos, y prometí escribirle, y así ya he hecho. 
Como el calor no nos abandonaba, nos adentramos en el barrio tradicional y antiguo, y allí en una tienda de "souvenirs" adquirí unos detallitos para llevar como obsequio y recuerdo a los familiares y amigos en España. 
A renglón seguido, volvimos a sentarnos en la terraza del restaurante en el que habíamos cenado el anterior día, y allí volvimos a recrearnos degustando un exquisito solomillo de buey. Bien servido y a precio razonable (equivalente a 10 Euros).
Un nuevo paseo por la Piata Unirii y un buen rato de relajación junto a su monumental fuente central nos
sirvieron de descanso para acudir a la parada del autobus 783, que en unos cuarenta minutos nos llevó al aeropuerto, en el que el microbús del hotel nos esperó y llevó hasta el alojamiento. 
La realidad es que el calor nos retrajo en la visita a Bucarest, y decidimos no cansarnos en exceso, especialmente porque tendremos posibilidades de regresar pronto. 
Con la satisfacción de estar concluyendo felizmente nuestro viaje, descansamos muy bien en la noche. 
El siguiente día teníamos programado nuestro vuelo hasta Valencia (compañía Blue Air), con salida a las 16'30, aunque debíamos efectuar el check-in dos horas antes. 
Por ello, tras el desayuno terminamos de cerrar nuestro equipaje, y alrededor de la una de la tarde nos fuimos al aeropuerto. 
En la terminal de salidas del aeropuerto había muchísima gente, y hubimos de esperar un buen rato para entregar el equipaje, y más aún hubimos de aguardar cuando la salida del vuelo se retrasó casi noventa minutos. 
Había tal aglomeración de gente que la sala de espera para el vuelo a Valencia no tenía ni un asiento libre, y hubimos de irnos a una cercana que también
se llenó. 
Por fin accedimos a la aeronave, y nos hallamos en la desagradable tesitura de que unos rumanos no demasiado educados y bastante rudos habían ocupado nuestros asientos y pretendían que nos mudásemos a otros, con la excusa de que ellos estaban con una niña pequeña que quería estar "entre sus papás". Hube de ponerme serio, y mostrando las tarjetas de embarque, exigí, entre los refunfuños en rumano del hombre, que cada cual se sentara en su lugar. Me extrañó esa falta de educación, que era prácticamente la primera que habíamos sufrido en Rumanía. 
El vuelo fue bastante tranquilo, y con una hora de retraso pisamos tierra valenciana.
Los recuerdos de nuestro viaje a Rumanía comenzaron a agolparse en nuestras mentes, y nos sentimos satisfechos, porque, además de haber seguido las huellas del hispánico Trajano, habíamos tenido la oportunidad de disfrutar en casa de la deliciosa familia Ierulescu, con la que habíamos sellado una amistad auténtica. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA